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miércoles, abril 13, 2011

El miedo de los ricos



Un domingo, cierto sitio de internet, trajo esta cita de Paulo
Freire: "el mundo está dividido entre quienes no duermen porque
tienen hambre y quienes no duermen por temor de los que tienen
hambre". Pensamos que así ha ocurrido desde los orígenes de la
humanidad. En los templos-fortalezas que construían en la antigua
Grecia y luego en Roma, se depositaban las riquezas de menores,
viudas y de cuantos querían asegurar su fortuna bajo la custodia de
las divinidades del politeísmo y de sus representantes terrenos.

Salteando siglos, ese temor superlativo y obsesionante en los ricos,
lo vimos durante la Guerra Fría, en aquellos años cuando las
guerrillas izquierdistas proliferaban por el mundo y la Unión
Soviética era una gran potencia. La preocupación era evidente y los
millonarios no dormían pensaban qué hacer cuando les alcanzara la
revolución para "salvar" sus riquezas o buena parte de ellas. De esa
época viene aquello de una "señora gorda" sentenciando: "¡Ah, yo me
voy a la estancia!".

Para los millonarios más exquisitos (y temerosos) se editaba en
Estados Unidos una revista, solo para suscriptores, llamada "Isle".
Se dedicada a brindar consejos de seguridad y recomendar lugares
para turismo exclusivo y garantizado, donde nadie podía ser
molestado ni identificado. Asignaba índices de valores, desde lo que
debía evitarse y las zonas de reposo "en vías de decadencia" porque
comenzaban a hacerse populares. Los sitios recomendables, aunque
parezca extraño, incluían uno sorprendente: Dubrovnik, en el Mar
Adriático, en la costa croata de la entonces Yugoslavia comunista
(aunque no tanto e independiente de Moscú).

Hay diversos ejemplos de las estratagemas personales de millonarios
miedosos. Una consistía en viajar o tener siempre a mano un valioso
yate cargado con obras de arte, metales preciosos y divisas
variadas. No era por excentricidad o manirrotos que construían en
oro las cañerías y otras instalaciones de la embarcación. En caso de
apuro, "si avanzaban los revolucionarios en países capitalistas",
subían a su barco y se dirigían a otro lugar seguro del planeta con
algo de su fortuna. Existen varios casos en que no llegaron a usar
sus barcos como escape de las zonas de peligro comunista.
Aristóteles Onasis, poseía el famoso yate "Cristina", el más grande
y fastuoso del momento, que transportaba una buena fortuna.
Finalmente murió en una cama del Hospital Americano de París. Su
cuerpo está congelado.

Algo similar ocurrió con el multimillonario español March,
enriquecido con sus negocios junto a su amigo el Generalísimo
Franco, quien le adjudicó el monopolio del tabaco, entre otras
gangas. Tampoco alcanzó a utilizar su lujoso barco, pues murió en un
vulgar accidente de tránsito, dentro de un auto blindado.

Otro ejemplo de mitad del siglo pasado fue el del político y
economista catalán Francisco de Asís Cambó. Vivió varios años en
Buenos Aires como Presidente de la CADE, la poderosa empresa de
electricidad. Tuvo un yate llamado "Catalonia" que exteriormente
tenía el aspecto de un vulgar y despintado barco de carga. Los
tripulantes de cubierta vestían simples ropas de trabajo. A la vista
de los curiosos, nada hacía pensar en las riquezas que encerraba,
especialmente en obras de arte clásicas de gran valor. Murió del
corazón en su enorme piso de la Avenida del Libertador. Muy piadoso
(no hay millonario ateo), en su testamento dejó instrucciones para
que se le hicieran 1.000 misas por su alma.

Otro personaje curioso fue el banquero de múltiples nacionalidades
pero nacido en el Líbano, Edmond Safra, uno de los hombres más ricos
del mundo. Vivía temeroso de su salud (padecía Parkinson) y también
por su seguridad pues había tenido amenazas y acusaciones penales
por supuestos negocios con el lavado de narcodólares y la mafia
rusa. Se había atrincherado en una verdadera fortaleza computarizada
en Mónaco con 8 enfermeros y médico personal permanente, custodiado
por un equipo de veteranos expertos israelíes. Al fin murió
misteriosamente durante un incendio provocado en su residencia, el 3
de enero de 1999. Los bomberos lo encontraron muerto por asfixia,
junto a una enfermera, encerrados ambos en un cuarto de baño con
puerta blindada como en la caja fuerte de un banco. Es de suponer
que poseía relaciones amistosas (o financieras) con diversas
empresas y familias argentinas, por la cantidad inusitada de avisos
fúnebres aparecidos en medios de Buenos Aires durante una semana.

"Si en alguna provincia ves que se oprime al pobre, y que a la gente
se le niega un juicio justo, no te asombres de tales cosas; porque a
un alto oficial lo vigila otro más alto, y por encima de ellos hay
otros altos oficiales. ¿Qué provecho hay en todo esto para el
país? ¿Está el rey al servicio del campo? Quien ama el dinero, de
dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente.
¡También esto es absurdo! Donde abundan los bienes, sobra quien se
los gaste; ¿y qué saca de esto su dueño, aparte de contemplarlos?
El trabajador duerme tranquilo, coma mucho o coma poco. Al rico sus
muchas riquezas no lo dejan dormir" Eclesiastés 5:8-12.

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