Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo

jueves, marzo 10, 2011

El silencio de Dios II


"Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el
lugar donde estaba". Juan 11:6

El episodio de la enfermedad, muerte y posterior resurrección de
Lázaro, tiene para nosotros hoy una rica enseñanza, muy útil para
enfrentar nuestros tiempos de imposibilidades. Lázaro estaba enfermo
y sus hermanas, Marta y María, fueron a rogarle al Señor
que viniese a sanar a su hermano. Lo extraño del relato es que
Jesús, deliberadamente, se quedó más tiempo demorado en el lugar
antes de ir a hacer el milagro.

Quizás usted, al igual que Marta y María, está enfrentando en este
momento "tiempos" donde sus metas, anhelos, relaciones,
expectativas, familia, economía y salud están enfermas, es decir,
usted está rodeado de problemas extremos y ha orado y pedido, y nada
parece suceder. ¿Acaso el Señor no ha oído el clamor? ¿Acaso El
Señor nos dejará solos en medio de nuestras "enfermedades"?
¡Por cierto que no!
Él ha escuchado nuestra oración desde el primer momento que le
hemos buscado. Lo que sucede es que Él quiere enseñarnos una
lección: Los silencios de Dios no significan necesariamente una
negación.

Dios siempre trabaja en el silencio demorado, pues Él además de
solucionar nuestros problemas quiere hacer algo en nuestras vidas
durante el trayecto o proceso de espera silenciosa. Los silencios
de Dios sirven para probar nuestra fe y confianza en Él, sirven para
probar nuestra paciencia y si estamos dispuestos a esperar el tiempo
que sea con tal de recibir la bendición de Dios. Mientras nosotros
estamos pensando solamente en la solución, Dios está pensando en
bendecirnos doblemente: Supliendo nuestra necesidad e imprimiendo
dentro de nuestro ser el carácter de Cristo, el fruto del Espíritu
Santo.

Recuerda siempre que Dios está trabajando en tu vida y situación
incluso en los tiempos de un interminable silencio.

Por eso hoy Señor, te pido que me ayudes a entender tu sabio
obrar. Gracias porque ahora me doy cuenta que no sólo quieres
bendecir mis situaciones sino también mi vida interior. Amén.

"Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el
pueblo de María y Marta, sus hermanas. María era la misma que ungió
con perfume al Señor, y le secó los pies con sus cabellos. Las dos
hermanas mandaron a decirle a Jesús: -Señor, tu amigo querido está
enfermo-. Cuando Jeús oyó esto, dijo: -Esta enfermedad no
terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que
por ella el Hijo de Dios sea glorificado-. Jesús amaba a Marta, a
su hermana y a Lázaro. A pesar de eso, cuando oyó que Lázaro
estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba. Después
dijo a sus discípulos: -Volvamos a Judea-. -Rabí- objetaron
ellos, -hace muy poco los judíos intentaron apedrearte, ¿y todavía
quieres volver allá?-. -¿Acaso el día no tiene doce horas?-
respondió Jesús. -El que anda de día no tropieza, porque tiene la
luz de este mundo. Pero el que anda de noche sí tropieza, porque no
tiene luz-. Dicho esto añadió: -Nuestro amigo Lázaro duerme, pero
voy a despertarlo-. -Señor- respondieron los discípulos, -si
duerme, es que va a recuperarse-. Jesús les hablaba de la muerte de
Lázaro, pero sus discípulos pensaron que se refería al sueño
natural. Por eso les dijo claramente: -Lázaro ha muerto, y por
causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean.
Pero vamos a verlo-." Juan 11:1-15.

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