Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo

miércoles, marzo 23, 2011

El perdon


El tema del día era el resentimiento y el maestro nos había pedido
que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase,
elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento,
escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa.
Algunas bolsas eran realmente pesadas.

El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con
nosotros a todos lados esa bolsa con papas. Naturalmente la
condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo, y el
fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento, me mostró claramente
el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi
atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas
que eran más importantes para mí.

Este ejercicio fue una gran lección sobre el precio que pagaba a
diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y
no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando hacía importantes los
temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de
resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se
dispersaba. Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma,
alimentando mi espíritu. La falta de perdón es como un veneno que
tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina
envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para
el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros
mismos.

El perdón es una expresión de amor que nos libera de ataduras que
nos amargan el alma y enferman el cuerpo. El perdón se basa en la
aceptación de lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo
que pasó, ni que lo apruebes. No significa dejar de darle
importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te
lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos
negativos que nos causaron dolor o enojo.

Si guardamos odio, rencor, o resentimiento por ofensas que hemos
recibido, estamos perpetuando nuestro malestar y consumiéndonos,
dejando de disfrutar el momento. Cada vez que recordamos cualquier
episodio que nos causa dolor, dejamos de vivir el aquí y el ahora.
Dejamos de avanzar en nuestro desarrollo personal y peor aún, nos
estancamos en nuestro crecimiento espiritual.

La falta de perdón puede disfrazarse con diferentes máscaras. Las
personas a veces dicen con un tono de enojo que ya han perdonado
ofensas pasadas, pero su amargura evidente las delata. La falta de
perdón se puede alojar en tu corazón, y estar allí, escondida. Las
siguientes preguntas te ayudarán a examinar tu corazón para ver si
necesitas perdonar a alguien:

¿Esperas secretamente que alguien reciba lo que se merece?
¿Todavía sigues hablando negativamente de esa persona a los demás?
¿Te complaces con fantasías de venganza, incluso leves?
¿Gastas tiempo pensando en lo que alguien te hizo?
¿Cómo te sientes cuando le sucede algo bueno a esa persona?
¿Has dejado de culpar a esa persona por la forma como afectó tu vida?
¿Te resulta difícil ser abierto y confiado con las personas?
¿Te enojas, te deprimes o te vuelves hostil con frecuencia?
¿Encuentras difícil o imposible dar gracias a Dios por quién te ha
ofendido?

Siendo sinceros de corazón, podemos ejercitarnos en algunos pasos
para lograr liberarnos de la carga que significa el rencor y liberar
a la otra persona también.

Considera las circunstancias que pudo haber vivido la persona que te
ofendió, para llegar a ser como es, o qué situación estaría viviendo
para haber hecho lo que hizo, aún intencionalmente.
Considera qué parte jugaste, o qué pudiste haber hecho para
propiciar el incidente.
Deja atrás el papel de víctima y continua con tu vida.
Recuerda las cosas positivas y buenas que te unieron a esa persona,
los ratos buenos y bellos que pasaste con ella, los momentos de
amor, apoyo, consejo y comprensión mutuos.
Visualiza a la persona que te lastimó recibiendo bellos regalos,
muestras de amor y de perdón, logrando sus anhelos, y triunfando.
Pide al Señor que bendiga a esa persona, para que ella vea la falta
cometida y se arrepienta.
Libera a la persona con tu perdón. Así vas a liberarte a ti mismo
por vivir en el presente, en el aquí y el ahora.

"Si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado sólo a mí; hasta
cierto punto -y lo digo para no exagerar- se la ha causado a todos
ustedes. Para él es suficiente el castigo que le impuso la
mayoría. Más bien debieran perdonarlo y consolarlo para que no sea
consumido por la excesiva tristeza. Por eso les ruego que reafirmen
su amor hacia él. Con este propósito les escribí: para ver si
pasan la prueba de la completa obediencia. A quien ustedes
perdonen, yo también lo perdono. De hecho, si había algo que
perdonar, lo he perdonado por consideración a ustedes en presencia
de Cristo, para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no
ignoramos sus artimañas" 2 Corintios 2: 5-11.

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