Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo

martes, abril 13, 2010

EL CORAZÓN PERFECTO



Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y
proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.
Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y
confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él
ni máculas ni rasguños. De pronto un anciano se acercó y
dijo: "Perdona mi atrevimiento, pero, por qué dices eso, si tu
corazón no es ni siquiera aproximadamente tan hermoso como el mío, o
el de tantas otras personas?"

Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y
vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de
cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían
sido reemplazados por otros que no encajaban perfectamente en el
lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es
más, había lugares con huecos, donde
faltaban trozos profundos.

El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado
desgarbado, se echó a reír. "Debes estar bromeando," dijo.
"Compara tu corazón con el mío... ¡El mío es perfecto!. En cambio el
tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor"

"Es cierto", dijo el anciano, "tu corazón luce perfecto, pero yo
jamás me involucraría contigo... Mira, cada cicatriz representa una
persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi
corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado.
Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he
colocado en el lugar que quedó abierto. De ahí quedaron los huecos,
dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me
producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando
y alimentan la esperanza, que algún día -tal vez- regresen y llenen
el vacío que han dejado en mi corazón. ¿Comprendes ahora lo que es
verdaderamente hermoso?"

El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas.
Se acercó y le dio un pedazo de su corazón al anciano, de igual
manera hizo éste y le dio un pedazo de su corazón al joven. Al no
haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes y las
uniones. El joven miró su corazón, que ya no era perfecto, pero
lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía
en su interior... y el amor de él en el corazón del anciano.

El joven sólo pudo reaccionar y decirle al anciano...
"Sí, en verdad ahora puedo ver lo hermoso que es tu corazón"

Y tu corazón... ¿cuántas cicatrices tiene?

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