Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo

domingo, marzo 03, 2013

El Padre Antonio y el Monaguillo Andres

Ruben Blades

El Padre Antonio Tejeira vino de España,
buscando nuevas promesas en esta tierra.

Llegó a la selva sin la esperanza de ser obispo,
y entre el calor y en entre los mosquitos habló de Cristo.

El padre no funcionaba en el Vaticano,
entre papeles y sueños de aire acondicionado;
y fue a un pueblito en medio de la nada a dar su sermón,
cada semana pa' los que busquen la salvación.

El niño Andrés Eloy Pérez tiene diez años.
Estudia en la elementaria "Simón Bolivar".
Todavia no sabe decir el Credo correctamente;
le gusta el río, jugar al fútbol y estar ausente.

Le han dado el puesto en la iglesia de monaguillo
a ver si la conexión compone al chiquillo;
y su familia está muy orgullosa, porque a su vez se cree
que con Dios conectando a uno, conecta a diez.

Suenan la campanas un, dos, tres,
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Suenan la campanas otra ves
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

El padre condena la violencia.

Sabe por experiencia que no es la solución.

Les habla de amor y de justicia,
de Dios va la noticia vibrando en su sermón:
suenan las campanas: un, dos, tres
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Suenan la campanas otra ves
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Al padre lo halló la guerra un domingo de misa,
dando la comunión en mangas de camisa.

En medio del padre nuestro entró el matador
y sin confesar su culpa le disparó.

Antonio cayo, ostia en mano y sin saber por qué
Andrés se murió a su lado sin conocer a Pelé;
y entre el grito y la sorpresa, agonizando otra vez
estaba el Cristo de palo pegado a la pared.

Y nunca se supo el criminal quién fue
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Pero suenan las campanas otra ves,
por el Padre Antonio y su monaguillo Andres

Suenan las campanas
tierra va a temblar
suenan las campanas
por amërica
suenan las campanas
oh; virgen señora
quien nos salva ahora
suenan las campanas
de antonio y andres
suenan las campanas
ven y oyela otra ves
suena la campana
centroamericana
suena la campana
por mi tierra hermana
mira y tu veras
suena la campana
el mundo va

viernes, marzo 01, 2013

¿Habrá una Primavera para el Vaticano?

"La Iglesia necesita un papa que no viva intelectualmente en la Edad Media"

Hans Küng, 01 de marzo de 2013 a las 09:56
 
 
(Hans Küng, en Clarín).- La Primavera Arabe hizo tambalear a toda una serie de regímenes autocráticos. Con la renuncia del papa Benedicto XVI, ¿no sería posible algo similar en la Iglesia Católica, una Primavera Vaticana? El sistema de la Iglesia Católica naturalmente se parece menos a Túnez o Egipto que a una monarquía absoluta como Arabia Saudita. En ambos casos no hay reformas auténticas, sólo concesiones menores. En ambas, se invoca la tradición para oponerse a la reforma.

¿Pero esa tradición es verdadera? La iglesia se mantuvo durante un milenio sin un papado monárquico absolutista del tipo que conocemos hoy. Fue sólo en el siglo XI cuando una "revolución desde arriba", la "Reforma Gregoriana" iniciada por el papa Gregorio VII, nos legó las tres características imperecederas del sistema romano: un papado centralista-absolutista, clericalismo forzoso y celibato obligatorio para los sacerdotes. Los esfuerzos de los concilios de reforma del siglo XV, los reformistas del siglo XVI, la Ilustración y la Revolución Francesa de los siglos XVII y XVIII y el liberalismo del siglo XIX tuvieron un éxito parcial. El Concilio Vaticano II, si bien abordó muchas de las preocupaciones de los reformistas y los críticos modernos, se vio frustrado por el poder de la Curia, el órgano de gobierno de la iglesia.

En 2005, Benedicto mantuvo conmigo una cordial conversación de 4 horas en su residencia de verano de Castelgandolfo en Roma, una de las pocas acciones audaces de su papado. Yo había sido colega suyo en la Universidad de Tubingen y también su más duro crítico. En 22 años, gracias a la revocación de mi licencia de enseñanza eclesiástica por haber criticado la infalibilidad papal, no habíamos tenido el menor contacto privado. Para mí, y para todo el mundo católico, la reunión fue motivo de esperanza. Pero el pontificado de Benedicto se caracterizó por las malas decisiones. El papa irritó a las iglesias protestantes, los judíos, los musulmanes, los indios de América Latina, las mujeres, los teólogos reformistas y todos los católicos partidarios de la reforma.

Los grandes escándalos de su papado son conocidos: uno fue el reconocimiento de la archiconservadora Hermandad Sacerdotal San Pío X del arzobispo Marcel Lefèvre y el del obispo Richard Williamson, que niega el Holocausto. Otro fueron los abusos sexuales de niños y jóvenes por parte de los sacerdotes, de cuyo encubrimiento el papa fue en gran medida responsable. Y también estuvo el caso de los "Vatileaks", que revelaron una espantosa cantidad de intrigas, luchas de poder, corrupción y deslices sexuales en la Curia y que parecen ser la principal razón de la renuncia de Benedicto.

Ahora todo el mundo se pregunta: ¿El próximo papa podrá, pese a todo, inaugurar una nueva primavera para la Iglesia Católica?

En la situación dramática que vive hoy, la iglesia necesita un papa que no viva intelectualmente en la Edad Media, un papa que defienda la libertad de la iglesia en el mundo no sólo dando sermones sino luchando con palabras y hechos por la libertad y los derechos humanos dentro de la iglesia, para los teólogos, para las mujeres y para todos los católicos que quieren decir la verdad abiertamente, un papa que ponga en práctica una democracia apropiada en la iglesia.

Como último teólogo activo en haber participado en el Concilio Vaticano II (junto con Benedicto), me pregunto si, al iniciarse el Cónclave, como ocurrió al comenzar el Concilio, no habrá un grupo de cardenales valientes que enfrenten con firmeza a la línea dura del catolicismo y exijan un candidato que esté dispuesto a aventurarse en nuevas direcciones.

Si el próximo cónclave elige a un papa que siga por el viejo camino, la iglesia nunca experimentará una nueva primavera sino que caerá en una nueva era del hielo y correrá el peligro de convertirse en una secta cada vez más irrelevante.

jueves, febrero 28, 2013

Deja la Curia, Pedro

20.02.13 | 09:39. Archivado en Pedro Casaldáliga

Deja la curia, Pedro,
desmantela el sinedrio y la muralla,
ordena que se cambien todas las filacterias impecables
por palabras de vida, temblorosas.

Vamos al Huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sangre de los Pobres.

La túnica inconsútil es esta humilde carne destrozada,
el llanto de los niños sin respuesta,
la memoria bordada de los muertos anónimos.

Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina Pilatos se abluciona, legalista y cobarde.

El Pueblo es sólo un «resto»,
un resto de Esperanza.

No Lo dejemos sólo entre guardias y príncipes.

Es hora de sudar con Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres
y erguir la Cruz, desnuda de certezas,
y quebrantar la losa—ley y sello— del sepulcro romano,
y amanecer
de Pascua.
Diles, dinos a todos,
que siguen en vigencia indeclinable
la gruta de Belén,
las Bienaventuranzas
y el Juicio del amor dado en comida.
¡No nos conturbes más!
Como Lo amas,
ámanos,
simplemente,
de igual a igual, hermano.
Danos, con tus sonrisas, con tus lágrimas nuevas,
el pez de la Alegría,
el pan de la Palabra,
las rosas del rescoldo...
...la claridad del horizonte libre,
el Mar de Galilea ecuménicamente abierto al Mundo.

lunes, febrero 25, 2013

La renuncia del papa

José Arregi
 
La Iglesia vuelve a ser espectáculo, no buena noticia. Y así seguiremos en los próximos meses. ¡Qué pena en un mundo tan necesitado de consuelo y esperanza!

Que un papa, a los 85 años y enfermo, se despoje de la tiara y descienda del trono, renunciando al poder religioso más arbitrario y absoluto jamás imaginado, ¿qué tiene de extraño en los tiempos que corren? Tiene de extraño que se limite a eso: a una renuncia personal. Y, sin embargo, ha sido celebrada por clérigos y laicos bien intencionados como un gesto de libertad, valentía y dignidad, e incluso de humildad.

No niego que lo sea. Es digno y humano decir: “No tengo fuerzas, no puedo más”, o decir también: “Estoy harto de este mundo vaticano y me voy”. ¿Y quién sabe si no ha sido más lo segundo que lo primero? Ha sido valiente y libre al hacer frente a las presiones de muchos curiales que querrían seguir aprovechando la debilidad del pontífice para seguir ejerciendo su poder en la sombra. Pero, ¿su renuncia no constituye a la vez un acto de rendición frente a esa oscura maquinaria de poder que es el Vaticano? Es humano que un papa anciano y enfermo se retire a un monasterio de clausura para dedicar sus últimos años a disfrutar en paz orando, leyendo, escuchando música y tocando el piano. Pero, ¿no es también una dejación haberse retirado sin antes saldar de una vez las pesadas cuentas del papado ante la Iglesia y la historia?

No reprocho nada a su persona. Es un hombre de gran calidad humana. No hay más que mirar sus ojos limpios llenos de inteligencia, su sonrisa diáfana, su estilo discreto, su falta de ambición, su trato bondadoso y afable. Pero la persona es inseparable del papel que desempeña dentro de un sistema, y en el caso del papa es inevitable que la persona, por admirable que sea, quede aplastada por un papel y un poder desorbitado, dentro de un sistema perverso: un papa elige a los cardenales que elegirán al siguiente papa, el cual impondrá a todos como voluntad divina lo que son en realidad sus propios criterios personales. Así es como Benedicto XVI, primero por mano de Juan Pablo II y luego por su propia mano, ha enterrado lo mejor del Vaticano II y ha ahondado el abismo entre la Iglesia y el mundo de hoy. Todo por voluntad divina.

Ahora se va del Vaticano dejando intacto un sistema esencialmente corrupto. La tiara y el trono, la terrible infalibilidad, el terrible poder absoluto, siguen intactos, esperando al siguiente candidato. Y no faltarán aspirantes. Ya se traman oscuras estrategias, ya se urden alianzas, ya se hacen quinielas. Se maquina y se conspira. Es pura farsa mediática, pura pornografía religiosa. Y cuando salga la fumata blanca dirán: “El Espíritu Santo ha elegido”. Más obsceno todavía.


¿Qué ha sido de las palabras de Jesús, el profeta de Galilea libre, itinerante y compasivo, amigo de los últimos? “A nadie llaméis santo, a nadie llaméis padre, a nadie llaméis señor. Todos vosotros sois hermanos. Buscad cada uno el último puesto”.

Yo hubiera deseado que Benedicto XVI, antes de renunciar, hubiera hecho uso de sus poderes absolutos para poner fin a este sistema, promulgando un escueto decreto que rezara más o menos así: “En virtud de los poderes divinos que se han atribuido al obispo de Roma solo a partir del siglo XI y que el Concilio Vaticano I en el s. XIX elevó a categoría de dogma, yo, Benedicto XVI, un hombre como otro cualquiera pero papa todavía, defino solemnemente que el poder universal y la infalibilidad atribuidos al papa son doctrina humana y errónea. Y por este decreto declaro abolido el modelo monárquico del papado como contrario al Espíritu que animaba a Jesús de Nazaret y que sigue inspirando a hombres y mujeres de todos los tiempos y culturas, más allá de confesiones y religiones, para respiro y salud de la vida”.

Todo esto puede parecer un delirio. Pero la renuncia de un papa servirá de muy poco mientras siga en pie el modelo medieval del papado.

viernes, febrero 22, 2013

Volviendo a las raíces





En nuestra vida experimentamos una curiosa paradoja: cuanto más avanzamos en edad, más regresamos a los tiempos de la infancia. Parece que la vida nos invita a unir las dos puntas y comenzar a hacer una síntesis final. O quién sabe, el ocaso de la vida con la pérdida inevitable de la vitalidad, con los ritmos más tranquilos y los límites insoslayables de esta última fase, inconscientemente nos lleva a buscar fortalecimiento allí donde todo empezó. La existencia cansada viene a humedecer sus raíces en aquellos comienzos de antaño para intentar todavía rejuvenecer y llegar bien a la travesía final.


Eso fue lo que me ocurrió en esta primera semana de febrero cuando volví a mi tierra, a las viejas tierras (“terre vecchie” como decimos entre los parientes): Concórdia, en el interior de Santa Catarina. La ciudad, así como las ciudades vecinas, son conocidas en todo Brasil por sus productos: ¿quién no compró pollos Sadia de Concórdia, jamón Perdigão de Herval del Oeste, ahumados Aurora de Chapecó y salamis de Seara? Pues todas estas empresas están a pocos kilómetros unas de otras. Es una región rica, de colonos italianos, alemanes y polacos, lugares donde Brasil parece haber funcionado bien. Todo está prácticamente integrado, las casas son elegantes y de colores, el bienestar generalizado y no se conocen favelas como tantas que rodean la mayoría de las ciudades del país. Visitamos a los sobrevivientes de la familia, por parte de mi madre sólo una tía cargada de años y de dolores, por parte de mi padre ya no hay nadie. Sólo quedan primos y primas. La mayoría se fue para las ciudades, uno trabaja en Montreal como creador de juegos de Internet, otro es diplomático y los demás en profesiones liberales. Algunos quedaron en la tierra.

Después, los lugares queridos de la infancia. Ellos marcan nuestra psique porque los llevamos dentro: cada cerro, cada curva del camino, cada cuesta o pendiente y por todos lados amplios horizontes, vislumbrándose las montañas del Río Grande del Sur y las elevaciones de los Campos Gerais de Santa Catarina. La mente infantil exagera en las proporciones. Lo que considerábamos una subida penosa y difícil, no pasa de ser una sencilla cuesta o bajada. Los montes inmensos son sólo lomas. Pero siguen iguales las cañadas profundas, por todos los rincones las piedras que hacían penosa la labor de los colonos: el cultivo del trigo y del maíz. Los parrales tan abundantes, uno en cada casa, prácticamente han desaparecido, pues el vino de calidad se ha vuelto accesible.

Aquí nos sentimos parte del paisaje, aquí están nuestras raíces, el lugar donde empezamos a alimentar sueños, a contemplar las estrellas en las frías noches de invierno y a situarnos en el mundo. Es curioso, cuando tengo que hablar en lugares considerados importantes, como la Asamblea General de la ONU o en Harvard, me remito siempre a ese tiempo remoto de donde vengo, recuerdo al niño de pies descalzos y llenos de niguas que fui, alimentado con mucha polenta y lectura precoz de libros. Por más espléndidos paisajes que haya tenido la posibilidad de contemplar, ninguno es interiormente más bonito que el de mi infancia. Porque ella es única en el mundo. Todo lo que es único en el universo nunca más vuelve a suceder y por eso es intrínsecamente hermoso.

Pero lo que me marca cada vez que visito a mis parientes son las fiestas que improvisan: se come mucho, la comida regional, la polenta, los “radicci”, los distintos tipos de “biscotti” y “cucas alemanas”, la “fortaia”, las masas, los quesos y salamis caseros y naturalmente el churrasco. La mayoría de los que quedaron en la tierra tuvo poca escolarización: hablan una mezcla deliciosa de dialecto véneto y de portugués. La cantilena es la misma, con un fuerte acento italiano, del cual yo mismo nunca me liberé. Las manos duras de fuerte trabajo y los rostros marcados de la lucha por la vida causan fuerte impresión. Y hay entre todos un cariño y una cordialidad que conmueve. Los abrazos son de doblar las costillas y los besos de las primas de más edad, de nuestra edad, son largos y sonoros. De algunas siento el olor de mi propia madre, la misma mirada, la misma forma de poner la mano en la cintura. ¿Quién puede resistir la emoción? Y lloro lágrimas de esas que hacen bien.

Los tiempos vuelven al inicio misterioso de la caminada de la vida. Pero tenemos que seguir adelante. Ellos vienen con nosotros en nuestro corazón, ahora ligero y rejuvenecido porque empapó sus raíces en la esencia de la vida que es la sangre, los lazos, el afecto y el amor.

Leonardo Boff

sábado, febrero 16, 2013

El problema no es el Papa… el problema es el Papado

José María Castillo
 
Entre los numerosos comentarios, que lógicamente está suscitando la noticia de la dimisión del papa Benedicto XVI, echo de menos una reflexión que, a mi manera de ver, me parece la más importante, la más urgente, la que más puede (y debería) influir en el futuro de la Iglesia y su posible influencia en bien de este mundo tan atormentado en que vivimos. Me refiero a la reflexión que distingue entre los que es y representa la persona del “papa”, por una parte, y lo que es y representa la institución del “papado”, por otra.
 
Por supuesto, nadie duda que es importante analizar, enjuiciar y saber valorar los aciertos y desaciertos que ha tenido el papa Ratzinger en sus años de pontificado. Por supuesto, también, que es seguramente más importante aún proponer y saber elegir al hombre más competente que, en este momento, tendría que ocupar el cargo de Sumo Pontífice. Todo eso, nadie lo duda, es de enorme interés en estos días.
 
Pero, por muy importante que sea enjuiciar a las personas, tanto del pasado como del posible futuro inmediato, nadie va a poner en duda -me parece a mí- que es mucho más determinante detenerse a pensar lo que representa, y lo que tendría que representar, no ya este papa o el otro, sino lo que realmente es y hace la institución que, de hecho, es el papado, tal como está organizada, tal como funciona, y tal como es gestionada, sea quien sea el papa que la ha presidido o que la puede presidir.
 
Porque, vamos a ver: ¿es lo mejor para la Iglesia que todo el poder para gobernar una institución, a la que pertenecen más de mil doscientos millones de seres humanos, esté concentrado en un solo hombre, sin más limitación que la que le imponen sus propias creencias a ese hombre, el que ocupa el papado? Tal como está dispuesto en el vigente Código de Derecho Canónico, así es como está pensado, legislado, y así funciona el papado (can. 331; 333; 1404; 1372). Porque, entre otras cosas, el papa quita y pone a los más altos y más bajos cargos de la Curía. Quita y pone a cardenales, obispos y cargos eclesiásticos de toda índole. Y hace todo esto sin tener que dar explicaciones a nadie y sin que nadie le pueda pedir responsabilidades. Además, esto se mantiene así, sea quien sea el papa reinante, la edad que tenga ese papa, la salud que goce o padezca, su mentalidad, sus preferencias y hasta sus posibles manías.
 
Más aún, no echemos mano ingenuamente de la presencia del Espíritu Santo y su presunta inspiración constante en la toma de decisiones del papa reinante. No. Esa presunta intervención del Espíritu Santo no está demostrada en ninguna parte. Como tampoco está demostrado, ni hay argumentos para probarlo, que el obispo de Roma, por muy sucesor de Pedro que sea, tenga que acumular todo el poder que el papa y sus teólogos incondicionales aseguran que acumula por voluntad de Dios.
 
¿Dónde está eso dicho? ¿En qué argumentos se basa? El mejor conocedor de toda esta historia, que la Iglesia ha tenido en el último siglo, el cardenal Yves Congar, dejó escrito en su diario personal que todo eso era una manipulación organizada por los intereses de Roma, cuyas raíces llegan hasta el siglo segundo de la historia del cristianismo.
 
En todo caso, lo que es seguro es que, en todo el Nuevo Testamento, en ninguna parte consta que la Iglesia tenga que estar organizada así y así tenga que ser gestionada. Y, ¡por favor!, que nadie me venga ahora con el famoso texto de Mt 16, 18 – 19. Entre los mejores estudiosos del evangelio de Mateo, cada día aumenta el número de los que aseguran que esas palabras no salieron de boca de Jesús. Es un texto “redaccional”, muy posterior al texto original, añadido al evangelio por el redactor último del evangelio que ha llegado a nosotros.
 
En fin, por hoy, basta con lo dicho. Seguiremos hablando de estas cosas en los próximos días. Pero me parece importante terminar diciendo que la Iglesia está, precisamente en estos días, en un momento privilegiado para afrontar sin miedo estas cuestiones, que apuntan a los problemas de fondo que la Iglesia tiene sin resolver. Y que, si no se afrontan y se toman en serio, esta Iglesia seguirá perdida (y callada), por muy lúcido y muy valioso que sea el papa futuro. Porque, insisto, el problema de la Iglesia no es el papa, es el papado, tal como está organizado y tal como funciona, sea quien sea el hombre que ocupa el trono papal.

martes, febrero 05, 2013

Cuatro economías


Frei Betto

La globo-colonización provoca tan enorme desigualdad socioeconómica entre la población mundial, que los datos son escandalosos: cuatro norteamericanos -Bill Gates, Paul Allen, Warren Buffet y Larry Ellisson- poseen juntos una fortuna superior a la del PIB de 42 naciones con 600 millones de habitantes. En el Real Madrid, equipo de fútbol de España, tres jugadores -un brasileño, un inglés y un francés- reciben, juntos, salarios anuales de 42 millones de dólares, equivalente al presupuesto anual de la capital de El Salvador, con cerca de 1.8 millones de habitantes.

No es verdad que todos nacemos iguales, como dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Somos desiguales antes incluso del parto. La gestación de una mujer pobre no se puede comparar con la de una rica. Basta comparar el peso de sus bebes y sus defensas orgánicas.

Desde el punto de vista del comportamiento, podemos hablar hoy de cuatro economías:

1) Economía de la necesidad,

2) Economía de la suficiencia,

3) Economia de lo superfluidad y

4) Economía de la opulencia.

Dos terceras partes de la población mundial -4 mil millones de personas- viven inmersas en la economía de la necesidad, pues ni siquiera disponen de alimentación en cantidad y calidad suficiente. En 1960 había en el mundo 1 rico por cada 30 pobres; hoy la proporción es de 1 a 80. Millones de personas sobreviven en función de sus necesidades básicas inmediatas: acceso a lo mínimo de alimentos, de agua, de salud, de vivienda. Tienen suerte cuando encuentran empleo y educación. Es un pueblo condenado al éxodo, a la diáspora, emigrando de una región a otra, llevando consigo todas sus pertenencias. De entre ellos mueren cada día por hambre 24 mil vidas, entre las cuales millares de niños.

La economía de la suficiencia habrá de predominar cuando se hayan reducido las desigualdades y la humanidad conquiste, como anunció el profeta Isaías hace 2,800 años, “la paz como fruto de la justicia” (32,17). Esa economía asegura a cada ciudadano los derechos básicos: alimentación, salud y educación; vivienda, trabajo y transporte; cultura, información y diversión. Es la economía que predomina en los monasterios y conventos, donde nadie es condenado a pasar necesidad y nadie tampoco posee cosas superfluas. Todos los bienes, excepto los de uso personal son socializados -lo que es de uno es de todos-, conforme a lo que dice la Biblia respecto de los primeros cristianos: “Nadie consideraba exclusivamente suyo lo que poseía, sino que todo entre ellos era común (…) Entre ellos nadie pasaba necesidad” (Hechos de los Apóstoles 4,32-34). La economía de suficiencia debería de servir de parámetro y norma para el desarrollo sustentable de las naciones.

La economía de la superfluidad es orquestada por el poderoso engranaje publicitario y favorecida por el acelerado avance tecnológico, que vuelve el producto de hoy obsoleto y descartable mañana. Cuando la tecnología no es capaz de dar un paso adelante en lo que ya está inventado -como se ve en los ejemplos del paraguas o del sacacorchos- recurre a las variantes de “diseño”, de modo que pueda conquistar al consumidor por el aspecto, ya que el mecanismo en sí es invariable. Eso sucede especialmente con el consumo de vehículos de paseo, cuya estética atrae más a los compradores que la potencia del motor, la economía de combustible, la estabilidad y otros aspectos, a los cuales la mayoría ni les presta atención.

El papel de la publicidad es hacer famosa una mercancía y a continuación convertir lo superfluo en necesario. De ese modo miles de consumidores ya no pueden prescindir de ese champú o de aquella marca de refrigerador, recargando sus presupuestos con el consumo innecesario y muchas veces hasta perjudicial para la salud. De esa manera la publicidad invade nuestro universo psíquico, que llega a invertir la relación persona-mercancía. Ésta, realzada por una marca, pasa a darle valor a su comprador. Es como un caballo apreciado por la belleza de sus arreos. El producto pasa a tener más valor que la persona, y ésta sólo es valorada socialmente, y así se siente subjetivamente, en la medida que muestra la marca del producto.

Quizás la más avasalladora economía de lo superfluo hoy día sea la industria de la estética corporal. El culto a la esbeltez del cuerpo, una anticultura deshumanizante, desencadena un enorme gasto de tiempo y de dinero, a causa de la preocupación de parecer hermoso a los ojos ajenos. En una sociedad en que belleza, fama y riqueza son consideradas valores fundamentales, sólo queda la belleza como posibilidad, ya que la riqueza y la fama están restringidas a un círculo hermético.

Son la riqueza y la fama, y también el poder, quienes posibilitan la economía de la opulencia, al alcance del pequeño grupo de privilegiados que hace de su consumo superfluo una forma de ostentación, gastando fortunas con productos y manteniendo un estilo de vida sofisticado. Esa hartura contrasta de tal modo con el nivel de vida medio, que obliga a aquellas personas a protegerse del asedio, del asalto y de la envidia, con un fuerte entorno de seguridad. La economía de la opulencia fetichiza la mercancía, idolatra el mercado, pone el dinero en el lugar de Dios. Y controla el juego de poder en este mundo en que la política es siempre dirigida por la economía. (Traducción de José Luis Burguet.)

viernes, febrero 01, 2013

"El sermón de la montaña", me marcó la vida Facundo Cabral.

"Soy violentamente pacifista": Facundo Cabral

Isabel Peláez | Reportera

A sus 60 años no lo amilana nada, de las muchas palabras con las que juega no conoce la depresión. Ha vivido con su problema visual sin dejar de admirar a las mujeres y conmoverse con el heroismo. Este "violento pacifista" o "vagabundo firstclass" como se define Facundo Cabral, se presentará hoy, en el Teatro Jorge Isaacs, en Cali.

Con el humor que lo caracteriza y la poesía a flor de piel, este hijo de La Plata, Argentina, concedió a El País una entrevista, en la que habla de sí mismo, de sus distinciones por ser hombre de paz, de su vida y su carrera.


-¿Se considera la reencarnación de Juan Bautista?
-Siempre supe que yo había sido el Bautista. Me entra la certeza, cuando leo su pequeña historia. Y muchos años después, cuando tuve la suerte de ir a Israel, al llegar al Jordán sentí que volvía a mi casa.

-¿Lo mejor de su infancia?
-Mi madre, era una fiesta, aun comiendo de la basura se arrodillaba y daba las gracias. Soy un plagio de ella. Cuando la gente dice que le gustan mis canciones, pienso: ¡caramba si la hubieran escuchado! Yo escribo poemas, ella vivía poéticamente; escribo canciones, su vida era un canto.

-¿Cómo era su mamá?
-Un ser excepcional que no tenía formación académica. No tenía mandamientos, dogmas o sectas. Cruzando el desierto, sola con sus hijos terminó siendo una mujer impresionante, que aprendió a leer y escribir después de los 63 años y que sacó 75.000 niños de la calle.
-¿Con qué apelativo de los que le han endilgado se identifica más?

-Me han dicho que soy el hereje más grande del Río de la Plata y que soy el décimo tercer apóstol. Soy lo que soy, más allá de lo que diga la gente afuera, mal o bello, pues hay quienes están pretendiendo que me den el Premio Nobel de la Paz y en otros países me han declarado persona no grata, porque a un líder no le gustó algo que dije en la televisión.

-¿De dónde nació su nombre artístico?
-Mi madre me bautizó así. Yo tenía otro nombre, pero jamás me llamó así, porque era el de mi padre que se fue un día antes de que yo naciera. Nadie lo sabe, era un nombre prohibido.

-¿Qué lo marcó para decidirse por el canto?
-El sermón de la montaña, se lo escuché a un vagabundo, en Margajó. Eran las 12:00 M., del 24 de febrero de 1954. Fue tan grande la noticia que escribí mi primera canción, de pura alegría, sin pensar que iba a subir en un escenario, porque era muy tímido, muy introvertido. Este oficio se lo debo a Jesús.

-¿Quién conoció primero el tema?
-El vagabundo por el que conocí a Jesús. El estaba muy conmovido, porque era la primera vez que sabía de alguien que escribía su propia canción de cuna, pues sentí que en ese momento yo estaba naciendo.

-¿Qué otra persona lo ha marcado tanto como aquel vagabundo?
-La madre Teresa de Calcuta. Me ha hecho mucho mejor persona.

-¿Qué soñó que podía y hoy no puede?
-Tal vez ya no pueda ser un buen amante físicamente, un buen amigo, eso sí. Me he reprochado no haber vivido con mi madre, aunque fue mi mejor amiga, mi maestra, como me reproché perder el avión que se cayó, donde subieron mi mujer y mi hija.

-¿Qué tema le apasiona?
-Dios es el tema excluyente, está en todo, siempre aparece, al principio, al final o en el medio.

¿Dónde compone?
-En el avión, en el cuarto del hotel... Cargo una maleta con papeles, cuadernos, libros que quiero releer, otros que acabo de encontrar. Soy un bicho literario.

-¿Qué significa para usted Borges?
-¡Ah! me enriqueció la biblioteca, la vida. Además amo la literatura de García Márquez, me parece un cronista excepcional; la limpieza de Italo Calvino... soy terriblemente influenciable.

¿La poesía está en vía de extinción?
-Siempre existirá, es un don misterioso del espíritu.

-¿Un poeta nace o se hace?
-Hay tipos que escriben cosas prodigiosas desde el inicio y hay otros que se hacen poetas con el tiempo. Mozart crea la sinfonía a los 6 años, Henry Miller escribe su primera novela a los 39.

-¿Qué le aburre de la vida?
-Nada, gracias a la poesía, a todo le encuentro su lado divertido.

-¿Qué lo angustia?
-No conozco la angustia, ni la depresión.

-¿Qué lo hace llorar?
-La alegría de los hombres agradecidos. El heroísmo, es algo que me ha conmovido por la épica, la valentía.

-¿Qué lo enternece?
-Los niños son el punto más sensible de mi vida, por eso me dediqué a ellos. He criado varios.

-¿Qué significa haber sido nombrado por la Unesco mensajero mundial de la paz?
-Un honor, porque ese premio lo ganó la madre Teresa de Calcuta.

-¿Y ser miembro honorario de Amnistía Internacional?
-También un honor, porque hemos trabajado mucho para evitar las diferencias entre los seres humanos. Me da gusto que alguien tenga en cuenta mi trabajo, que tiene que ver con la paz.

-¿Se logrará la paz en Colombia?
-Todo el planeta está metido en una locura extraordinaria de violencia. Me parece que llegó a su punto fulminante, al ver tanta hecatombe esta es la confirmación de que se termina una etapa y comienza otra. No podemos estar desconfiando de los demás.

-¿Cómo seduce a una mujer?
-No tengo ni idea, si supiera seducir me hubiera casado con Jane Fonda, de quien siempre estuve enamorado, Barbra Streisand sería mi sexta mujer. Mi madre decía: sos tan feo que si no cantaras habrías muerto virgen.

-¿Qué lo inspiró para componer 'Este es un nuevo día'?
-Estaba muy enfermo, me daban poco tiempo de vida y escribí para agradecer los días que me quedaban. Eso fue hace siete años y esta canción anda por un montón de países, a pesar de que nunca tuvo difusión radial.

-¿Qué mensaje quiere dejar en esta gira?
-Que sean felices, que se amen; que aprendan de las diferencias; que se acerquen. No sean Clinton y Hussein, sean Pedro y Pablo, Pedro y Simón abrazados y cambiando de oficio por una parábola, por un poema maravilloso de Jesucristo, inventado para que ellos se junten. El pretexto de las canciones es que la gente se una, nosotros somos violentamente pacifistas, no dejamos en paz a nadie con nuestras melodías.

lunes, enero 28, 2013

Jesús es la Buena Nueva



En el discurso de Jesús en la sinagoga, Jesús, se dirige, en primer lugar a los pobres. Y Lucas habla de los “pobres reales”.
 
“El Espíritu del Señor está sobre mí, Él me ha ungido para traer la Buena Nueva a los pobres”.
 
La Buena Nueva que Jesús trae es precisamente la que esperaba el pueblo, que vivía, en su propia carne, la marginación, discriminación y la opresión. Es para este mundo de los que sufren todo tipo de pobreza. Es la Buena Nueva, que Cristo viene a establecer, el Reino de justicia, de amor y fraternidad solidaria. Y las señales de esta venida son muy claras, que motivan la respuesta de Jesús, a los enviados del Bautista: “Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia la Buena Nueva a los pobres” (Lc 7, 22 – 23).
 
La Buena Nueva, significa, que Jesús le da a los pobres y oprimidos la esperanza real de salir de sus opresiones, servidumbres, esperanza real de liberarse.
 
Referente a lo mismo:
 
“Ese pueblo agobiado por el pecado personal y el dolor, esperaba la liberación que Jesús promete. En medio de ese pueblo, Jesús anuncia: ‘Se ha cumplido el tiempo; el Reino de Dios está cercano; conviértanse y crean en el Evangelio’ (Mc 1, 15). Jesús, ungido por el Espíritu Santo para anunciar el Evangelio a los pobres, para proclamar la libertad a los cautivos, la recuperación de la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos nos ha entregado en las Bienaventuranzas y el Sermón de la Montaña la gran proclamación de la nueva ley del Reino de Dios” (Puebla 190).
 
“A la palabras Jesús unió los hechos: acciones maravillosas y actitudes sorprendentes que muestran que El Reino anunciado ya está presente, que Él es el signo eficaz de la nueva presencia de Dios en la historia, que es el portador del poder transformante de Dios, que su presencia desenmascara al maligno, que el amor de Dios redime al mundo y alborea ya un hombre nuevo en un mundo nuevo” (Puebla 191).
 
“La opción preferencial por los pobres tiene como objetivo el anuncio de Cristo Salvador que los iluminará sobre su dignidad, los ayudará en sus esfuerzos de liberación de todas las carencias y los llevará a la comunión con el Padre y los hermanos, mediante la vivencia de la pobreza evangélica. ‘Jesucristo vino a compartir nuestra condición humana con sus sufrimientos, sus dificultades, su muerte. Antes de transformar la existencia cotidiana, Él supo hablar al corazón de los pobres, liberarlos del pecado, abrir sus ojos a un horizonte de luz y colmarlos de alegría y esperanza. Lo mismo hace hoy Jesucristo. Está presente en vuestras Iglesias, en vuestras familias, en vuestros corazones’ (Juan Pablo II, AAS 71 p. 244)” (Puebla 1153).
 
También, diremos con Mateo, que la Buena Nueva, es para los pobres de espíritu. Es una disposición de alma y corazón para recibir el Evangelio: ser pobre de alma y corazón. El que no tiene esta disposición nunca entenderá la opción preferencial por los “pobres reales”, y seguirá creyendo que todo depende de la meritocracia, tan propia de la economía neoliberal. Economía y sistema, que para bajar el perfil a los “pobres reales abusados”, los llama “vulnerables”.
 
Se trata de desprendimiento, entrega y compromiso de amor, expresado en el servicio de los pobres y sufrientes.
 
La Buena Nueva puede convertir a pobres y ricos, a condición de que entren en esta pobreza de espíritu proclamada por Jesús en las Bienaventuranzas.
 
“Para el cristianismo, el término ‘pobreza’ no es solamente expresión de privación y marginación de las que debamos liberarnos. Designa también un modelo de vida que ya aflora en el Antiguo Testamento en el tipo de los ‘pobres de Yahvé’ y vivido y proclamado por Jesús como Bienaventuranza. San Pablo concretó esta enseñanza diciendo que la actitud del cristiano debe ser la del que usa de los bienes de este mundo (cuyas estructuras son transitorias) sin absolutizarlas, pues son solo medios para llegar al Reino. Este modelo de vida pobre se exige en el Evangelio a todos los creyentes en Cristo y por eso podemos llamarlo ‘pobreza evangélica’” (Puebla 1148).
 
La Buena Nueva de Jesús nos libera de toda servidumbre: de servidumbres interiores, de nuestros pecados, que nos enceguecen, poniéndonos egoístas ante el clamor de los “pobres reales”. Pero, también la Buena Nueva nos libera de servidumbres externas, las que nos deshumanizan y nos dificultan vivir el ideal evangélico. Estas servidumbres externas son la injusticia social, la miseria, las opresiones, la idolatría del dinero y del poder y la idolatría del sexo.
 
Entonces se trata de una Buena nueva que busca una liberación integral. Y Jesús es esa Buena Nueva.
Pero, quiero concluir, con algo que siempre se nos pregunta: ¿Por qué esta Buena Nueva proclamada por Jesús no se ha cumplido o no se está cumpliendo? Siempre hay pobres y oprimidos víctimas de injusticias, y no hay más fraternidad solidaria, hay pecados y servidumbres, hay religiosos sin “pobreza evangélica” hay una Iglesia siempre criticada como rica y poderosa.
 
Preguntarnos sobre esto es preguntarnos por la eficacia del cristianismo. Cristo no vino a hacerlo todo, ni menos a hacerlo solo. Él vino a restablecer el Reino de Dios, pero sólo hizo una inauguración, dejándonos a nosotros el trabajo de realizar y construir el Reino. Jesús nos necesita y nos ha elegido como constructores del Reino, desde ya, aquí y ahora.
 
Constatar las injusticias y el “pecado social”, es constatar que existen realmente en nuestro mundo, y nos debe llevar a reconocer que hemos hecho mal el trabajo encomendado; constatar la falta de fraternidad y el egoísmo, es constatar que los cristianos no estamos irradiando ni promoviendo amor y fraternidad.
 
Esta pregunta y esta falta de respuesta, en nuestros días, nos corresponde una responsabilidad a todos en la Iglesia: sacerdotes, religiosos (as), laicos y jerarquía.
 
Para no quedarnos en palabras solas, como el “padre Gatica que predica y no practica”, debemos convertirnos radicalmente: debemos vivir, realizar y hacer obras, la Buena Nueva: vivir como Jesús.
Los pobres no pueden esperar.
 
Eugenio Pizarro Poblete

viernes, enero 25, 2013

LA DEFENSA DEL POBRE

Asumir la causa del pobre es siempre un gran riesgo. Quien lo intenta debe ser consciente de que pone en juego su vida misma, como ha quedado evidenciado en la lista innumerable de personas que han muerto defendiendo los derechos humanos.


Asumir la causa del pobre es tocar los intereses poderosos de aquellos que se han enriquecido abusando de los demás y sumiéndolos en esa situación lastimera. El hombre no es capaz de ver por sí mismo cuando explota las necesidades de los demás para sacar un provecho efímero para sí mismo.
 
Debido a la confusión moral que impera en la mente y en el corazón del hombre egoísta, se ha perdido toda capacidad de ver aquello que más profundamente puede agraviar la dignidad del ser humano, quien ha recibido de su Hacedor un status propio e intocable.

Defender a alguien supone que ha habido un agresor que ha traspasado la frontera de aquel espacio que todo ser humano necesita para poder vivir y actuar de acuerdo a su vocación libre y trascendente. Defender a otra persona significa que ésta no tiene ya la fuerza para protegerse ante los demás; defender a una persona nos habla de injusticias, de abusos, de lesiones a sus derechos, de una situación en la que no prevalece el derecho y la ley.

Difícilmente encontramos un período en la historia del mundo en el que no exista la violencia como expresión fácil para resolver los problemas humanos.

La violencia, el ataque, el querer eliminar a los demás, es el resultado natural del fracaso del entendimiento como único medio para resolver las dificultades. Pero al mismo tiempo, a lo largo de la historia, nunca dejaremos de encontrar personas que han intentado enseñarnos que no es agrediendo ni destruyendo cómo el hombre puede salir delante de sus problemas interpersonales. ¿Habrá alguien que piense que después de la violencia y destrucción que está teniendo lugar en la guerra contra Afganistán, reinará la paz y la concordia entre los pueblos? Ciertamente no. La paz entre los hombres nunca será fruto de la venganza, de la injusticia, del odio, sino del perdón, del amor y de las condiciones justas. Esta forma de proceder es también parte de la confusión moral que el hombre padece.

Jesús de Nazareth y, guiados por Él, muchísimos otros hombres y mujeres, han comprendido que el único camino válido para lograr evitar el enfrentamiento, la agresión y la violencia, es la educación del corazón. Debemos cultivar todo lo que es noble, justo, positivo. Es decir, debemos tratar de fincar nuestras relaciones no sobre el dominio, la injusticia, el poder, sino únicamente sobre el amor y la justicia.

Pero, mientras exista el desorden causado por el egoísmo y la voracidad de unos contra otros, se necesitan defensores de la vida y de los derechos de los más humildes, de quienes no tienen voz ni forma de hacerse oír. El precio que se paga muchas veces, el de la propia vida, indica la autenticidad de quienes se ponen del lado de los débiles y la gravedad de la falta cometida por quienes conculcan la dignidad de la persona.
 
Raúl Ventura Navarro

viernes, enero 18, 2013

Mural de los Pueblos Latinoamericanos


Mural emplazado en la Catedral de Riobamba, Ecuador.


“Con Proaño compartíamos como hermanos las angustias, esperanzas y la fuerza de la oración y hacía tiempo que le había prometido hacer un mural para la Catedral de Riobamba que representa al Cristo de Poncho, a las comunidades indígenas, profetas y mártires de nuestro tiempo, como Monseñor Romero, el Cardenal Arns, Don Helder Cámara, Pedro Casaldáglia, entre otros y la casa de la Santa Cruz en Riobamba. El Cristo está en la Cruz, pero no está crucificado, es el Cristo de la Esperanza en los pueblos.”


Adolfo Pérez Esquivel
 
Llegar a ser la voz de los humildes, descubrir la injusticia y la maldad, denunciar al injusto y al malvado.
 
 
 
Compartir los peligros en la lucha por vivir en justicia y libertad, arriesgando en amor hasta la vida.
 
 
 
Cristo Indio, Cristo del Poncho. Entregar por amor hasta la vida es la prueba mayor de la amistad, es vivir y morir con Jesucristo.
 
 

viernes, enero 04, 2013

El Insulto a los pobres

En la Entrevista que me hicieron en Radio Nacional y que ustedes pueden escuchar en esta página hay ciertos puntos en que quisiera explayarme y realizar una reflexión ya que la entrevista tuvo un tiempo limitado como para presentar sintéticamente lo que contiene el libro “La Hipocresía de Confesar”. Hay un tema que lo presente como “El insulto a los pobres”, y es las posesiones materiales de la Iglesia, y cuando digo Iglesia me refiero al poder institucional y no a todos los bautizados, es algo para distinguir:

1) Hay dos tipos de Iglesia: a) La verdadera: todos los bautizados de buena voluntad que intentan vivir cada día el Evangelio. b) La falsa o hipócrita: aquella que se dice bautizada pero que con sus obras demuestran vivir lo opuesto al Evangelio de Jesucristo.

¿Qué dice el Evangelio de Jesucristo con respecto a las posesiones de su Iglesia? Jesús manda en misión a sus discípulos, leemos el capitulo 10, 1-9 del evangelio según San Lucas: “Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios donde debía ir, y les dijo: La cosecha es abundante, pero los trabajadores don pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan!, Yo los envío como ovejas en medio de lobos. NO LLEVEN DINERO, NI ALFORJA, NI CALZADO, y no se detengan a saludar a nadie en el camino. Al entrar en una casa digan primero. ¡Que descienda la paz sobre esta casa! Y si hay alguien allí digno de recibirla, esa paz reposará sobre él, de lo contrario volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan, curen a sus enfermos y digan a la gente: El Reino de Dios está cerca de ustedes” Esta es la Palabra de Dios. Las instrucciones de Jesús son muy claras, la Iglesia está mandada a mostrar el Reino de Dios, que éste ya está aquí, y con acciones: curen a sus enfermos (de alma y cuerpo), pero también Jesús aclara que los discípulos no deben llevar nada para el camino porque en todo el Evangelio Jesús advierte sobre el peligro de las riquezas, incluso llega a decir que el dinero es un “dios”, al mismo nivel de Dios, no se puede servir a Dios y al dinero, dice. Lo pone a la par porque el corazón humano se deja poseer muchas veces por lo material, no dejando espacio para Dios.

Ahora bien: Jesús dice claramente, NO LLEVEN DINERO, incluso, los discípulos son recibidos en las ciudades porque ellos NO POSEEN CASA PROPIA, Jesús tampoco tenía casa propia sino que iba predicando el Reino de Dios de pueblo en pueblo, su pobreza material era absoluta y su confianza en la Providencia era perfecta, que es lo mismo que nos enseñó. Pero ¿Qué pasó luego con los siglos? La Iglesia, una vez en manos de Constantino, emperador Romano, se ha vuelto un gran imperio de poder y dinero, y esa es la Iglesia que hemos heredado hoy en pleno siglo XXI. Por eso soy dura en afirmar: LA RIQUEZA DE LA IGLESIA ES UN INSULTO A LOS POBRES Si Jesús estuviera hoy aquí presente, no estaría habitando en palacios como lo es el Vaticano, ni en casa de vacaciones en Castel Gandolfo, sino que estaría en tierra de misión, en aquellos lugares donde los niños mueren por desnutrición, donde se ven sus pancitas hinchaditas por falta de alimento, miraría el Señor al cielo y diría: “Padre Perdónalos porque no saben lo que hacen” Mi experiencia luego de haber trabajado largos años en la Congregación a la que pertenecía me lleva a afirmar esto con una convicción sólida y madura. El dinero que posee la Iglesia es capaz de solucionar el hambre de toda la tierra, es más, me atrevería a afirmar que desaparecerían los pobres. Nadie toma conciencia de los tesoros incalculables de que es poseedora la Iglesia en el mundo. Yo, que trabajé de apoderada legal en mi congregación y en su administración, he manejado mucho dinero, además, saber la cantidad de propiedades SIN HABITAR Y CERRADAS DETERIORÁNDOSE PAULATINAMENTE, MIENTRAS HAY GENTE QUE NO TIENE DONDE VIVIR.

Mi congregación era una de las “más pobres” dentro de lo que es la vida religiosa, y debo confesar que me da vergüenza la cantidad de bienes materiales que se poseen y que no reportan ningún beneficio para nadie, totalmente estériles, como también lo es hoy la misión de la Congregación. Queridos hermanos: No podemos defender las posesiones materiales diciendo que son “obras de arte”, tesoros de la humanidad, mientras millones de niños mueren en el mundo por falta de alimentos, y no solo en el áfrica, aquí mismo, en Argentina un país rico en recursos primarios, sin embargo en provincias del norte y litoral tenemos altos índices de desnutrición. Si la Iglesia decidiera por fin analizarse y verse a la luz del Evangelio descubriría que durante siglos ha optado por servir, no a Dios, sino al dinero. Todavía está a tiempo de reflexionar y tomar una postura que de verdad puede terminar con la pobreza en el mundo. Ella es responsable, no se puede seguir acumulando propiedades y activos mientras el pueblo se está muriendo. El Pastor se va a cansar y El mismo vendrá y se hará cargo del rebaño, porque los pastores que tenían que cuidar de las ovejas, se han alimentado a sí mismos con el alimento que era para las ovejas del rebaño. Pidamos a Dios que la justicia y la misericordia sean aliadas, y que pronto podamos revertir esta situación injusta en nuestro mundo. Si cada uno aportamos nuestra cuota de vivencia del Evangelio, podremos hacerlo. 
[link]

miércoles, enero 02, 2013

Feliz año nuevo 2013

Frei Betto:

Brasil (EVARED) - ¿Por qué nos deseamos un feliz Año Nuevo si hay tanta desdicha a nuestro alrededor?¿Será feliz el próximo año para afganos y palestinos, y para los soldados norteamericanos a las órdenes de un gobierno imperialista que califica de ´justas´ las guerras de ocupaciones genocidas?

¿Serán felices los niños y niñas africanos reducidos a esqueletos de ojos asombrados por la tortura del hambre? ¿Seremos todos felices conscientes de los fracasos de Copenhague, que salvan las ganancias y comprometen la sustentabilidad?

¿Qué es la felicidad? Aristóteles afirmó: es el bien mayor que todos anhelamos. Y mi hermano de hábito Tomás de Aquino advirtió: incluso aunque se refiera al mal. De Hitler a la madre Teresa de Calcuta todos buscan, en todo lo que hacen, la propia felicidad.

La diferencia reside en la ecuación egoísmo/altruismo. Hitler pensaba en sus malévolas ambiciones de poder; mientras que la madre Teresa en la felicidad de aquellos que Frantz Fanon denominó 'condenados de la Tierra'.

La felicidad, el bien más ambicionado, no figura entre las ofertas del mercado. No se la puede comprar, hay que conquistarla. La publicidad se empeña en convencernos de que ella es el resultante de la suma de placeres. Para Roland Barthes el placer es "la gran aventura del deseo".

Estimulado por la propaganda, nuestro deseo se exilia a los objetos de consumo. Vestir de esta marca, poseer aquel auto, vivir en este condominio de lujo -dice la publicidad- nos hará felices.

Desear un feliz Año Nuevo es esperar que el otro sea feliz. ¿Y desear que haga felices a los otros? El terrateniente que no procura asistencia sanitaria para sus peones y gasta una fortuna en veterinarios para cuidar su ganado, ¿espera también que el prójimo tenga también un feliz Año Nuevo?

A contramano del consumismo, Jung daba la razón a san Juan de la Cruz: el deseo busca, sí, la felicidad, 'la vida en plenitud' manifestada por Jesús, pero ella no se encuentra en los bienes finitos ofrecidos por el mercado. Como enfatizaba el profesor Milton Santos, se halla en los bienes infinitos.

El arte de la verdadera felicidad consiste en canalizar el deseo hacia dentro de sí y, a partir de la subjetividad impregnada de valores, imprimir sentido a la existencia. De ese modo se consigue ser feliz incluso cuando hay sufrimiento.

Se trata de una aventura espiritual. Ser capaz de descubrir las varias capas que encubren nuestro ego.

Sin embargo, al sumergirnos en las oscuras sendas de la vida interior, guiados por la fe, o por la meditación, tropezamos en nuestras propias emociones, en especial en aquellas que atraen a nuestra razón: somos ofensivos con quienes amamos; rudos con quien nos trata con delicadeza; egoístas con quien es generoso; y prepotentes con quien nos acoge con solícita gratuidad.

Si logramos penetrar más hondo, además de la razón egótica y de los sentimientos posesivos, entonces nos aproximamos a la fuente de la felicidad escondida detrás del ego. Al recorrer las veredas abisales que nos conducen a ella, los momentos de alegría se transforman en estado de espíritu. Igual que en el amor.

Feliz Año Nuevo es, por tanto, un voto de emulación espiritual. Claro que muchas otras conquistas pueden darnos placer y una alegre sensación de victoria. Pero no son lo suficiente para hacernos felices. Sería mejor un mundo sin miseria, ni desigualdad, degradación ambiental ni políticos corruptos.

Esa desgraciada realidad que nos circunda y de la cual somos responsables por opción u omisión, constituye un llamado desgarrador para comprometernos en la búsqueda de 'otros mundos posibles'. Sin embargo todavía no será el feliz Año Nuevo.

El año será nuevo si, en nosotros y en nuestro círculo, superamos lo viejo. Viejo es todo lo que ya no contribuye a hacer de la felicidad un derecho de todos. A la luz de un nuevo marco civilizatorio hay que superar el modelo desarrollista-consumista e introducir, en lugar del PIB, laFIB (Felicidad Interna Bruta), fundada sobre una economía solidaria y sustentable.

Si lo nuevo se hace adviento en nuestra vida espiritual entonces con toda seguridad tendremos un feliz Año Nuevo sin necesidad de milagros o de cosas mágicas, y aunque el mundo siga siendo conflictivo, la crueldad travestida de dulces principios y el odio disfrazado de discurso amoroso.

La diferencia es que estaremos conscientes de que, para tener un feliz Año Nuevo, es necesario abrazar un proceso resurreccional: embarazarse de sí mismo, dejar de lado lo defectuoso y dejar el pesimismo para días mejores.

Frei Betto es escritor, autor de "El arte de sembrar estrellas", entre otros libros.  www.freibetto.org/ twitter:@freibetto.

 

miércoles, diciembre 26, 2012

La Buena Nueva de la Navidad

Eugenio Pizarro Poblete
 
“Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”…

La Navidad no es un mero hecho histórico. No es sólo algo que sucedió hace varios siglos atrás.

Tampoco es un recuerdo sentimental y un tanto romántico, con un dejo de un cuento celeste, y con narraciones parecidas a historietas de hadas. ¡No! La Navidad es algo real hoy día. El amor y la misericordia de Dios se encarnan en la persona de Jesús. Y Jesús vino, viene siempre, y vendrá al fin de los tiempos.

Hoy viene y nace para nosotros. Y lo hace porque lo necesitamos ardiente y urgentemente. Y cada vez que alguien tenga necesidad, Jesús estará a la puerta de su vida toda. Jesús es la respuesta del amor de Dios por nosotros. El amor de Dios no permanece indiferente ante nuestras necesidades. Nunca está indiferente ante la humanidad caída a la vera del camino. Jesús, como Buen Samaritano, no pasa de largo como el levita y el sacerdote, como los sabios y religiosos poderosos, ocupados en sus negocios, cuales ciegos y sordos que no ven ni escuchan el clamor de “millones de pobres que piden a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte” (Medellín, Pobreza 1, 2).

El hecho real es que “Dios no consideró indigno hacerse uno de nosotros, en todo igual a nosotros, menos en el pecado”. Dios se hizo hombre. Jesús viene: es el Dios hecho Hombre. Dios se hizo un humano. En Jesús, el Niño, que nace hoy para nosotros, está un Dios verdadero y un verdadero Hombre.

Dios, que es Amor, se sintió urgido por la humanidad caída y a la vera del camino. Vino a prisa a liberarnos. Sin ningún titubeo ni recoveco; tampoco rehuyó, buscando otro camino, ni le sacó la vuelta al conflicto de la vida de los hombres y mujeres del mundo empecatado. Él se abajó, tomando nuestra condición humana, asumiéndola con amor en su propia vida. Se aproximó. Se hizo prójimo. Se bajo de su cabalgadura y se acercó a la humanidad. Se acercó a mí, a usted y a todo el hombre y a todos los hombres caídos. Nos tomó con un amor concreto y una ternura inmensa… nos curó de nuestras heridas, todas provocadas por los mismos hombres y mujeres: salteadores y saqueadores en nuestra sociedad… nos cargó y nos puso sobre su cabalgadura (nos cargó, asumiendo nuestra humanidad herida, poniéndonos y cargándonos en su pesada cruz). Nos llevó a la posada. Y allí, en cuerpo y alma, nos atendió personal, social e integralmente durante toda nuestra noche. Después de esa angustiosa noche, tuvimos un otro día… tuvimos un amanecer… había pasado lo peor. Y nos dejó en la Posada… nos dejó y nos entregó al cuidado de la Iglesia. A la Iglesia le entregó “denarios” para que nos siguiera cuidando y amando como Él lo hizo: amar a la manera de Jesús. Jesús promete, que a su vuelta, pagará a la Iglesia todo el amor y entrega al cuidado de nosotros. ¡Qué grave responsabilidad tenemos nosotros, Iglesia de Cristo Jesús! Y, ¿cómo la estamos cumpliendo?

Como podrán ver ustedes, la Navidad, que hoy conmemoramos, es un hecho real, de hoy, y que tiene una proyección mucho más allá, amplia, integral y universal, que la noche de Belén.

Hoy celebramos la fiesta de un amor hasta el extremo. Fiesta de un amor que nace y que puede y debe nacer todos los días, para todo el hombre y para todos los hombres (y mujeres). Nos corresponde actualizarla hoy: en nuestras familias, en los barrios y poblaciones, especialmente en los Campamentos de nuestros hermanos pobres.

Hoy es posible este amor comprometido. Hoy puede y debe ser navidad, un gran nacimiento en nuestro confuso y confundido rumbo de Chile. Tengamos fe: un mundo nuevo puede nacer. Hoy puede nacer el Amor.

Y, ¿cómo puedo yo recibir este Amor… cómo puedo yo acoger a un Dios que se abaja para amarme y salvarme, haciéndose un Niño muy al alcance de nuestras manos?

Primero que nada los invito a hacer un profundo acto de fe en el Dios que se nos manifiesta hoy tan humano.

Después, hay que tener un corazón y alma de pobre como el Niño de Belén. En un corazón egoísta, duro, que no se deja amar y que no sabe amar de verdad, nunca podrá nacer ni entrar Dios; nunca podrá “entrar y cenar con nosotros”… nunca podrá ser nuestro huésped, ni nunca podremos ser habitados.

Mirando la Bienaventuranza de los pobres, encarnada en un pequeño, que “no tuvo lugar en la posada”, encontraremos el camino hacia un gran nacimiento, hoy día en nosotros y en medio de nosotros. Abramos un corazón de pobre al Niño Dios, que se pone humildemente a nuestro alcance y servicio, y será Navidad.

Sí… todo es posible. En liturgia navideña de Iglesia, y no sólo en ella, Jesús puede nacer en nuestra vida toda y en todas nuestras vidas. Hoy es posible una Navidad para todos y cada uno.

Más de alguno dirá: ¿cómo será posible en mí, si yo soy tan pecador? No importa. Precisamente, por nuestros pecados y heridas vino y viene Jesús. Nuestro nacimiento no será sólo por nuestros méritos y virtudes propias de nuestros esfuerzos personales. Aquí, se hace necesaria una espiritualidad desde abajo. Desde un Niño “sin un lugar en la posada”, desnudo, pobre, “apenas envuelto en pañales en una pesebrera”. Un corazón y alma de pobre reconoce sus miserias, y sabe que Jesús, desde nuestras miserias y pecados, sean estos personales y sociales, nos tira para arriba, sacándonos de nuestras servidumbres. Jesús es nuestro ascensor. Sus brazos se estiran hacia abajo, nos toman desde nuestros pecados y nos hacen subir. Recomiendo ese camino. Es el camino de los humildes, de los de alma y corazón de pobre. No hay nada nuestro que no tenga solución. Dios es el Dios de lo imposible. ¡Tengamos fe, esperanza y amor, y será Navidad! Les digo, como el vigilante bíblico de la noche… de nuestras oscuras noches: “Vigía, ¿qué ves en la noche?… Veo el amanecer”.

Pero no puedo terminar sin levantar ante un mundo egoísta globalizado, la condición de pobre que tomó el Dios que nace. Si no renegamos ni no nos avergonzamos de nuestra cuna y origen… Si tenemos una opción radical por los más pobres… es porque Dios optó primero que nosotros por los pobres. Esta verdad de nuestra fe se nos recuerda hoy en Navidad.

Dios se hizo Hombre Pobre… Se abraza, hoy, con todos los pobres del mundo y se hace su hermano. Más aún, se identifica con ellos. ¡El pobre es Cristo! “Lo que haces por el pobre, conmigo lo haces” (Mt 25). Y por esto seremos juzgados por Dios.

A ese pobre… a ese Cristo, tenemos que “hacerle un lugar en la posada”. Es nuestra tarea propia de la construcción del Reino. El pobre de Chile y del mundo (80%) tiene que tener un nacimiento.

La sociedad de una economía neoliberal impide el nacimiento de ese Cristo, que está en los más pobres. En esa sociedad de “pecado social” no habrá nunca un nacimiento ni para los responsables y culpables, ni para los pobres oprimidos por una minoría pecadora.

El camino neoliberal es un asalto y un saqueo que tiene malherida “a la vera del camino” a una mayoría de hombres y mujeres: son los rostros sufridos de Cristo, hoy entre nosotros, son los millones de pobres que hoy interpelan nuestra conciencia.

¡No más mentiras! No habrá Navidad, y no es cierto que se ama a Dios, y que un país es cristiano, si se tiene secuestrada a una mayoría por una minoría concentradora, poderosa, dura y egoísta, con idolatría del tener y del dinero. Desde el mismo momento que Dios se hizo pobre, los derechos humanos de los pobres, son los derechos de Dios mismo.

Quien dice que ama a Dios y no respeta los derechos de los pobres, es un mentiroso y Cristo no está con él ni en él.

No existe el amor al prójimo en abstracto. Es sólo una teoría mentirosa decir que “todos los hombres y mujeres son mis hermanos y prójimos”. No. Ese no es el Camino, la Verdad y la Vida. El Camino, la Verdad y la Vida, es Cristo, el que nace, se hace un Hombre… se aproxima a la humanidad caída a la vera del camino… se abaja y se acerca… se hace el próximo de todo y de todos. Entonces, yo seré prójimo del que me acercó y aproximo con compromiso real y de hermano.

En esta Navidad, Cristo quiere aproximarse a cada uno y a todos. Que lo recibamos. Que seamos un pesebre para Cristo. Más aún, que ahora, haya “un lugar en la posada” para Cristo. Aproximémonos a Cristo, aproximándonos entre nosotros, especialmente hagámonos prójimos de los pobres, buscando una posada, una sociedad justa, fraterna, libre y solidaria, para que ellos tengan un gran nacimiento.

Será Navidad si comenzamos con urgencia a cumplir las promesas del que nace, proclamadas por la Virgen en su Magníficat: “Derribará del trono a los poderosos y enaltecerá a los humildes. Colmará de bienes a los hambrientos y despedirá a los ricos con las manos vacías”.

Cristo ya nació. Ahora nos toca nacer a nosotros. Saludo y deseo un gran nacimiento para todos.