Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo
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lunes, junio 17, 2013

Nosotros hemos encontrado el amor que Dios nos tiene y hemos creído en su amor: Dios es amor


El Evangelio de Jesús con Magdalena indica el fundamento principal de nuestra conversión, de nuestra liberación y paz. El fundamento está en creer que la actitud principal y esencial está en creer en el amor de Dios por nosotros. Esa fue la fe de esta mujer pecadora. Y obtuvo una respuesta de Jesús: “Te quedan perdonados tus pecados… Tu fe te ha salvado; vete en paz”. La Magdalena tiene una profunda convicción: “Dios me ama.. Dios me amó primero”. Esta convicción, a pesar de sus pecados, a pesar de los prejuicios y discriminación del contorno social sobre su condición, la hace vencer, también con amor, todo obstáculo, y poder llegar y acercarse confiadamente, buscando, con un arrepentimiento, lleno de amor por Jesús, el perdón de sus pecados.

La actitud del fariseo Simón, contrasta con la actitud de Jesús. Tanto la actitud de Simón como la de Jesús, nos muestran dos tipos de relaciones muy distintas de espiritualidad con respecto a Dios.

Simón encarna la espiritualidad desde arriba, la del “cumplir” preceptos, la del acumular méritos personales; se trata de una espiritualidad “legalista y de perfeccionismo”, que confía más en su esfuerzo personal que en el amor gratuito de Dios. Esto todavía existe en ciertos movimientos de espiritualidad, centrados en sí mismos en el cumplimientos de sus prácticas, “cumpliendo y acumulando” con sus devociones y prácticas piadosas un “capital de gracia” que poco o nada “chorrea” de amor a sus hermanos externos a los grupos del movimiento; se vive una religión individualista y más bien privada para sus integrantes.

Por otro lado está la actitud espiritual de la Magdalena que Jesús favorece y hace suya. Para la Magdalena lo principal era el amor a Jesús, el Señor. Ese amor la lleva a la conversión. Ella está convencida que su amor a Jesús y el amor de Jesús a ella cubriría la multitud de sus pecados. Tenía un corazón y alma de pobre: era una necesitada de Jesús. Tenía hambre y sed del amor y del perdón salvador de Jesús. Ella a su vez amaba a Jesús. Ese amor de pobreza de espíritu la impulsa a vencer cualquier obstáculo y discriminación por su condición de pecadora. Esa fuerza la hace acercarse a Jesús, rompiendo cualquier barrera y confiando más en la fuerza de su amor que en la discriminación sufrida a causa de sus pecados que reconocía, y que tendían a alejarla. Es “la espiritualidad desde abajo”, desde el fondo de su pecado y miseria humana reconocida con humildad, ella que amaba a Jesús, confiaba que sus brazos, cual ascensor para ella, la subirían y la sacarían de su fango.

Jesús, el Maestro, enseña a través del episodio de la Magdalena, una espiritualidad cristiana. Lo principal es nuestro amor y nuestra entrega confiada a él. Este amor y entrega nuestra a él nos hace olvidarnos de nosotros mismos, aun de nuestros pecados. Lo que a Jesús le interesa es la entrega nuestra y nuestro abandono de nosotros mismos, poniendo toda nuestra vida en él y en los demás. No le interesa un recuerdo de nuestros pecados, defectos, debilidades y limitaciones: lo más importante es la entrega y el amor nuestro a él y a nuestros hermanos. Por eso, comparando el amor de Magdalena y el fariseo, le dice a éste: “Por esto te digo, que su mucho amor demuestra que sus muchos pecados son perdonados”. Lo que quiere Jesús es que el cristiano vaya desde abajo, ascendiendo, de su amor a la conversión y también al cumplimiento con una mística de amor entregado y comprometido. Y esto es más importante que cualquiera otra espiritualidad fría sin amor, cumplida por cumplir.

Ahora, “la espiritualidad desde abajo” de Magdalena es fruto de una convicción: “Dios me ama”. Su amor por mí es el que sube y mejora mi vida, postrada y tirada “a la vera del camino”. La espiritualidad cristiana no es tanto nuestro esfuerzo por buscar a Dios, como creer y aceptar que Dios nos busca y nos ama, a pesar de nuestros pecados. Él es el Dios de lo imposible. Su amor es la victoria que vence al pecado de la humanidad caída: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio por nuestros pecados… Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor… Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero” (1 Jn 4, 10. 16. 19.). No se trata tanto de esfuerzos y méritos personales. Dios se acercó, se abajó, “no consideró indigno hacerse uno de nosotros”. Nació pobre en una pesebrera, y desde allí, desde abajo, comenzó su trabajo lleno de amor por nosotros; se hizo pobre con los pobres, hasta abajarse tanto por amor, que lo llevó a ser “un varón de dolores, ante quien se vuelve el rostro”; se abajó a la manera de un condenado a muerte, cargando con la Cruz de nuestra miseria humana, y desde esa sufrida situación se despoja de todo hasta de su propia vida: “No hay amor más grande que dar la vida por los que se ama”. Y lo que para los criterios humanos es un fracaso, para los criterios de Dios es una victoria. Desde un Dios que se hizo un hombre, que se abajó por amor. Desde abajo, desde una condición de despojo, Jesús obtuvo la victoria que vence al mundo. Y desde un sepulcro en tierra surge la vida y la resurrección, que nos da, desde una vida nuestra débil, frágil y pecadora, una vida que sube hasta la vida eterna.

De este amor, de un Dios que nos ama, haciéndose un hombre, es que Magdalena estaba convencida. Esto la hizo acercarse a Jesús, la hizo ser fiel en su seguimiento del Señor dejando atrás sus faltas y temores, que se convierten en obstáculos que vencer. La raíz de su liberación está en la confianza en un Dios que la ama. Ese amor de Jesús, la llevó a un amor suyo, que la convirtió en la primera mujer apóstol, haciéndola salir desde abajo, desde su pecado, y desde el sepulcro abierto y vacío, desde la aparición del Resucitado a ella, repito, es la primera mujer apóstol: Jesús Resucitado “al amanecer del primer día de la semana, apareció primero a María Magdalena… Jesús le dijo… anda y diles a mis hermanos, que subo a donde está mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes. Entonces María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: ‘He visto al Señor y me ha dicho tales y tales cosas’” (Mc 16, 9; Jn 20, 17 – 18).

Así como la Magdalena, el pecado que hay en nosotros debe convertirse en un salto de fe en el amor de Jesús. Jesús nos dice: Ámame como tú eres. No esperes hacer méritos y esfuerzos meramente personales, porque así no me amarías nunca.

Ante Dios, hay que aceptarse y presentarse como uno es, con todas nuestras fallas, y esperarlo todo de Dios.

La santidad cristiana no consiste o no está en tal o cual práctica de piedad, ni tampoco en la falta de defectos y pecados. La santidad se fundamenta en una actitud del corazón que nos hace pobres de espíritu, humildes, desde abajo, mostrando a Dios nuestra pequeñez y confianza en su amor: “En lo pequeño Dios se manifiesta grande”. 

“El Señor hizo en mí maravillas porque se fijó en la pequeñez de su sierva”. Amén.

Eugenio Pizarro Poblete

miércoles, marzo 06, 2013

El nuevo Papa: ¿dónde está el problema?

El problema de la Iglesia no está en los conflictos de la Curia, sino en la integración y consiguiente pertenencia de la institución eclesiástica al sistema económico que nos ha arruinado y nos está destrozando.

Me explico. En estos días, vísperas del próximo Cónclave que elegirá al sucesor de Benedicto XVI, se habla sin pelos en la lengua de los graves problemas que han motivado lo que está pasando en el Vaticano. Se cuentan historias y hechos truculentos. Y se afirma que los cardenales tienen que elegir a un hombre que ponga orden en la Curia, corte por lo sano con los escándalos morales que allí se cuecen o se permiten y, sobre todo, no tienen más salida honrada que, tal como está la Iglesia, la solución es elegir a un papa que lleve o permita una orientación nueva en la institución eclesiástica. 

Una orientación exigente con la honestidad, la transparencia y la ejemplaridad de la Curia, el clero y los teólogos en el fiel cumplimiento de sus deberes, para ir así promoviendo una renovación del pueblo cristiano, de la fe y de la práctica religiosa en sus diversas y apremiantes exigencias.

Confieso que todo esto me parece excelente, apremiante y necesario. Pero con la misma sinceridad me permito sugerir que el problema más grave, que tiene ahora mismo la Iglesia, está en algo de lo que no se suele hablar y que, sin embargo, es la raíz de los demás problemas. La raíz de los mil chismes y escándalos, que suelen ocupar a los tertulianos religiosos en sus cavilaciones y devaneos, está en otra causa, que es, sin duda alguna, mucho más honda. Porque es la causa que, según sospecho, se refiere al problema que toca fondo en este momento.

¿De qué se trata? Estamos de acuerdo en que el problema, que a todos nos angustia ahora mismo, es la crisis económica y sus muchas conexiones con la política y todo lo que eso abarca, que es bastante más de lo que podemos imaginar. Pues bien, si la raíz de la crisis que sufrimos está en la corrupción económica, ¿no les parece a ustedes sospechoso -al menos sospechoso- que el papado, el Vaticano, los medios que, bien informados por los “vaticanistas”, nos explican lo que pasa, echando mano de los escándalos de obispos y curas, de las intrigas que se viven en la Curia Vaticana, de las luchas por el poder entre los cardenales, resulta sospechoso -digo- que nos hablen de toda esa basura y no digan ni pío sobre lo más fuerte que está pasando en la Iglesia?

¿De qué se trata? Se trata sencillamente del silencio del papa y de la jerarquía ante la crisis que azota a los más pobres y tiene trastornado a medio mundo. Ha habido obispos y sacerdotes que se han quejado de lo mal que están las cosas. La Iglesia ayuda a los necesitados. Todo eso es cierto. Pero con todo eso ni se roza el verdadero problema y la verdadera solución de la crisis. El problema no está en los manejos financieros del IOR, el Banco del Vaticano. EL problema está en que la Iglesia, y otras confesiones religiosas, con sus silencios y conductas, están “legitimando” al sistema económico-político que ha causado la crisis y la mantiene. ¿Europa y España estarían como están si el papa, los cardenales, los obispos, el clero en pleno, se hubieran plantado con firmeza ante lo que están sufriendo tantos millones de personas?

El problema fundamental de la Iglesia no es sólo moral o religioso. Es, sobre todo, el problema de su escandalosa pertenencia al sistema que nos está destrozando. Y no olvidemos que el que calla, otorga. Ésta es la raíz de todo lo demás. Mientras no se ataque esto a fondo, no salimos de la madre de todas las crisis. Cuando Jesús mandó a sus apóstoles a predicar el Evangelio prohibiéndoles que llevaran dinero, y hasta calderilla, sabía lo que hacía. Jesús vio claro que la relación apostolado-dinero no sólo no ayuda a evangelizar, sino que, sobre todo, es un estorbo para el apostolado. El primer estorbo para la Iglesia. Y para la fe en el Evangelio.

José María Castillo

domingo, marzo 03, 2013

El Padre Antonio y el Monaguillo Andres

Ruben Blades

El Padre Antonio Tejeira vino de España,
buscando nuevas promesas en esta tierra.

Llegó a la selva sin la esperanza de ser obispo,
y entre el calor y en entre los mosquitos habló de Cristo.

El padre no funcionaba en el Vaticano,
entre papeles y sueños de aire acondicionado;
y fue a un pueblito en medio de la nada a dar su sermón,
cada semana pa' los que busquen la salvación.

El niño Andrés Eloy Pérez tiene diez años.
Estudia en la elementaria "Simón Bolivar".
Todavia no sabe decir el Credo correctamente;
le gusta el río, jugar al fútbol y estar ausente.

Le han dado el puesto en la iglesia de monaguillo
a ver si la conexión compone al chiquillo;
y su familia está muy orgullosa, porque a su vez se cree
que con Dios conectando a uno, conecta a diez.

Suenan la campanas un, dos, tres,
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Suenan la campanas otra ves
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

El padre condena la violencia.

Sabe por experiencia que no es la solución.

Les habla de amor y de justicia,
de Dios va la noticia vibrando en su sermón:
suenan las campanas: un, dos, tres
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Suenan la campanas otra ves
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Al padre lo halló la guerra un domingo de misa,
dando la comunión en mangas de camisa.

En medio del padre nuestro entró el matador
y sin confesar su culpa le disparó.

Antonio cayo, ostia en mano y sin saber por qué
Andrés se murió a su lado sin conocer a Pelé;
y entre el grito y la sorpresa, agonizando otra vez
estaba el Cristo de palo pegado a la pared.

Y nunca se supo el criminal quién fue
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Pero suenan las campanas otra ves,
por el Padre Antonio y su monaguillo Andres

Suenan las campanas
tierra va a temblar
suenan las campanas
por amërica
suenan las campanas
oh; virgen señora
quien nos salva ahora
suenan las campanas
de antonio y andres
suenan las campanas
ven y oyela otra ves
suena la campana
centroamericana
suena la campana
por mi tierra hermana
mira y tu veras
suena la campana
el mundo va

viernes, marzo 01, 2013

¿Habrá una Primavera para el Vaticano?

"La Iglesia necesita un papa que no viva intelectualmente en la Edad Media"

Hans Küng, 01 de marzo de 2013 a las 09:56
 
 
(Hans Küng, en Clarín).- La Primavera Arabe hizo tambalear a toda una serie de regímenes autocráticos. Con la renuncia del papa Benedicto XVI, ¿no sería posible algo similar en la Iglesia Católica, una Primavera Vaticana? El sistema de la Iglesia Católica naturalmente se parece menos a Túnez o Egipto que a una monarquía absoluta como Arabia Saudita. En ambos casos no hay reformas auténticas, sólo concesiones menores. En ambas, se invoca la tradición para oponerse a la reforma.

¿Pero esa tradición es verdadera? La iglesia se mantuvo durante un milenio sin un papado monárquico absolutista del tipo que conocemos hoy. Fue sólo en el siglo XI cuando una "revolución desde arriba", la "Reforma Gregoriana" iniciada por el papa Gregorio VII, nos legó las tres características imperecederas del sistema romano: un papado centralista-absolutista, clericalismo forzoso y celibato obligatorio para los sacerdotes. Los esfuerzos de los concilios de reforma del siglo XV, los reformistas del siglo XVI, la Ilustración y la Revolución Francesa de los siglos XVII y XVIII y el liberalismo del siglo XIX tuvieron un éxito parcial. El Concilio Vaticano II, si bien abordó muchas de las preocupaciones de los reformistas y los críticos modernos, se vio frustrado por el poder de la Curia, el órgano de gobierno de la iglesia.

En 2005, Benedicto mantuvo conmigo una cordial conversación de 4 horas en su residencia de verano de Castelgandolfo en Roma, una de las pocas acciones audaces de su papado. Yo había sido colega suyo en la Universidad de Tubingen y también su más duro crítico. En 22 años, gracias a la revocación de mi licencia de enseñanza eclesiástica por haber criticado la infalibilidad papal, no habíamos tenido el menor contacto privado. Para mí, y para todo el mundo católico, la reunión fue motivo de esperanza. Pero el pontificado de Benedicto se caracterizó por las malas decisiones. El papa irritó a las iglesias protestantes, los judíos, los musulmanes, los indios de América Latina, las mujeres, los teólogos reformistas y todos los católicos partidarios de la reforma.

Los grandes escándalos de su papado son conocidos: uno fue el reconocimiento de la archiconservadora Hermandad Sacerdotal San Pío X del arzobispo Marcel Lefèvre y el del obispo Richard Williamson, que niega el Holocausto. Otro fueron los abusos sexuales de niños y jóvenes por parte de los sacerdotes, de cuyo encubrimiento el papa fue en gran medida responsable. Y también estuvo el caso de los "Vatileaks", que revelaron una espantosa cantidad de intrigas, luchas de poder, corrupción y deslices sexuales en la Curia y que parecen ser la principal razón de la renuncia de Benedicto.

Ahora todo el mundo se pregunta: ¿El próximo papa podrá, pese a todo, inaugurar una nueva primavera para la Iglesia Católica?

En la situación dramática que vive hoy, la iglesia necesita un papa que no viva intelectualmente en la Edad Media, un papa que defienda la libertad de la iglesia en el mundo no sólo dando sermones sino luchando con palabras y hechos por la libertad y los derechos humanos dentro de la iglesia, para los teólogos, para las mujeres y para todos los católicos que quieren decir la verdad abiertamente, un papa que ponga en práctica una democracia apropiada en la iglesia.

Como último teólogo activo en haber participado en el Concilio Vaticano II (junto con Benedicto), me pregunto si, al iniciarse el Cónclave, como ocurrió al comenzar el Concilio, no habrá un grupo de cardenales valientes que enfrenten con firmeza a la línea dura del catolicismo y exijan un candidato que esté dispuesto a aventurarse en nuevas direcciones.

Si el próximo cónclave elige a un papa que siga por el viejo camino, la iglesia nunca experimentará una nueva primavera sino que caerá en una nueva era del hielo y correrá el peligro de convertirse en una secta cada vez más irrelevante.

jueves, febrero 28, 2013

Deja la Curia, Pedro

20.02.13 | 09:39. Archivado en Pedro Casaldáliga

Deja la curia, Pedro,
desmantela el sinedrio y la muralla,
ordena que se cambien todas las filacterias impecables
por palabras de vida, temblorosas.

Vamos al Huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sangre de los Pobres.

La túnica inconsútil es esta humilde carne destrozada,
el llanto de los niños sin respuesta,
la memoria bordada de los muertos anónimos.

Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina Pilatos se abluciona, legalista y cobarde.

El Pueblo es sólo un «resto»,
un resto de Esperanza.

No Lo dejemos sólo entre guardias y príncipes.

Es hora de sudar con Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres
y erguir la Cruz, desnuda de certezas,
y quebrantar la losa—ley y sello— del sepulcro romano,
y amanecer
de Pascua.
Diles, dinos a todos,
que siguen en vigencia indeclinable
la gruta de Belén,
las Bienaventuranzas
y el Juicio del amor dado en comida.
¡No nos conturbes más!
Como Lo amas,
ámanos,
simplemente,
de igual a igual, hermano.
Danos, con tus sonrisas, con tus lágrimas nuevas,
el pez de la Alegría,
el pan de la Palabra,
las rosas del rescoldo...
...la claridad del horizonte libre,
el Mar de Galilea ecuménicamente abierto al Mundo.

lunes, febrero 25, 2013

La renuncia del papa

José Arregi
 
La Iglesia vuelve a ser espectáculo, no buena noticia. Y así seguiremos en los próximos meses. ¡Qué pena en un mundo tan necesitado de consuelo y esperanza!

Que un papa, a los 85 años y enfermo, se despoje de la tiara y descienda del trono, renunciando al poder religioso más arbitrario y absoluto jamás imaginado, ¿qué tiene de extraño en los tiempos que corren? Tiene de extraño que se limite a eso: a una renuncia personal. Y, sin embargo, ha sido celebrada por clérigos y laicos bien intencionados como un gesto de libertad, valentía y dignidad, e incluso de humildad.

No niego que lo sea. Es digno y humano decir: “No tengo fuerzas, no puedo más”, o decir también: “Estoy harto de este mundo vaticano y me voy”. ¿Y quién sabe si no ha sido más lo segundo que lo primero? Ha sido valiente y libre al hacer frente a las presiones de muchos curiales que querrían seguir aprovechando la debilidad del pontífice para seguir ejerciendo su poder en la sombra. Pero, ¿su renuncia no constituye a la vez un acto de rendición frente a esa oscura maquinaria de poder que es el Vaticano? Es humano que un papa anciano y enfermo se retire a un monasterio de clausura para dedicar sus últimos años a disfrutar en paz orando, leyendo, escuchando música y tocando el piano. Pero, ¿no es también una dejación haberse retirado sin antes saldar de una vez las pesadas cuentas del papado ante la Iglesia y la historia?

No reprocho nada a su persona. Es un hombre de gran calidad humana. No hay más que mirar sus ojos limpios llenos de inteligencia, su sonrisa diáfana, su estilo discreto, su falta de ambición, su trato bondadoso y afable. Pero la persona es inseparable del papel que desempeña dentro de un sistema, y en el caso del papa es inevitable que la persona, por admirable que sea, quede aplastada por un papel y un poder desorbitado, dentro de un sistema perverso: un papa elige a los cardenales que elegirán al siguiente papa, el cual impondrá a todos como voluntad divina lo que son en realidad sus propios criterios personales. Así es como Benedicto XVI, primero por mano de Juan Pablo II y luego por su propia mano, ha enterrado lo mejor del Vaticano II y ha ahondado el abismo entre la Iglesia y el mundo de hoy. Todo por voluntad divina.

Ahora se va del Vaticano dejando intacto un sistema esencialmente corrupto. La tiara y el trono, la terrible infalibilidad, el terrible poder absoluto, siguen intactos, esperando al siguiente candidato. Y no faltarán aspirantes. Ya se traman oscuras estrategias, ya se urden alianzas, ya se hacen quinielas. Se maquina y se conspira. Es pura farsa mediática, pura pornografía religiosa. Y cuando salga la fumata blanca dirán: “El Espíritu Santo ha elegido”. Más obsceno todavía.


¿Qué ha sido de las palabras de Jesús, el profeta de Galilea libre, itinerante y compasivo, amigo de los últimos? “A nadie llaméis santo, a nadie llaméis padre, a nadie llaméis señor. Todos vosotros sois hermanos. Buscad cada uno el último puesto”.

Yo hubiera deseado que Benedicto XVI, antes de renunciar, hubiera hecho uso de sus poderes absolutos para poner fin a este sistema, promulgando un escueto decreto que rezara más o menos así: “En virtud de los poderes divinos que se han atribuido al obispo de Roma solo a partir del siglo XI y que el Concilio Vaticano I en el s. XIX elevó a categoría de dogma, yo, Benedicto XVI, un hombre como otro cualquiera pero papa todavía, defino solemnemente que el poder universal y la infalibilidad atribuidos al papa son doctrina humana y errónea. Y por este decreto declaro abolido el modelo monárquico del papado como contrario al Espíritu que animaba a Jesús de Nazaret y que sigue inspirando a hombres y mujeres de todos los tiempos y culturas, más allá de confesiones y religiones, para respiro y salud de la vida”.

Todo esto puede parecer un delirio. Pero la renuncia de un papa servirá de muy poco mientras siga en pie el modelo medieval del papado.

viernes, febrero 01, 2013

"El sermón de la montaña", me marcó la vida Facundo Cabral.

"Soy violentamente pacifista": Facundo Cabral

Isabel Peláez | Reportera

A sus 60 años no lo amilana nada, de las muchas palabras con las que juega no conoce la depresión. Ha vivido con su problema visual sin dejar de admirar a las mujeres y conmoverse con el heroismo. Este "violento pacifista" o "vagabundo firstclass" como se define Facundo Cabral, se presentará hoy, en el Teatro Jorge Isaacs, en Cali.

Con el humor que lo caracteriza y la poesía a flor de piel, este hijo de La Plata, Argentina, concedió a El País una entrevista, en la que habla de sí mismo, de sus distinciones por ser hombre de paz, de su vida y su carrera.


-¿Se considera la reencarnación de Juan Bautista?
-Siempre supe que yo había sido el Bautista. Me entra la certeza, cuando leo su pequeña historia. Y muchos años después, cuando tuve la suerte de ir a Israel, al llegar al Jordán sentí que volvía a mi casa.

-¿Lo mejor de su infancia?
-Mi madre, era una fiesta, aun comiendo de la basura se arrodillaba y daba las gracias. Soy un plagio de ella. Cuando la gente dice que le gustan mis canciones, pienso: ¡caramba si la hubieran escuchado! Yo escribo poemas, ella vivía poéticamente; escribo canciones, su vida era un canto.

-¿Cómo era su mamá?
-Un ser excepcional que no tenía formación académica. No tenía mandamientos, dogmas o sectas. Cruzando el desierto, sola con sus hijos terminó siendo una mujer impresionante, que aprendió a leer y escribir después de los 63 años y que sacó 75.000 niños de la calle.
-¿Con qué apelativo de los que le han endilgado se identifica más?

-Me han dicho que soy el hereje más grande del Río de la Plata y que soy el décimo tercer apóstol. Soy lo que soy, más allá de lo que diga la gente afuera, mal o bello, pues hay quienes están pretendiendo que me den el Premio Nobel de la Paz y en otros países me han declarado persona no grata, porque a un líder no le gustó algo que dije en la televisión.

-¿De dónde nació su nombre artístico?
-Mi madre me bautizó así. Yo tenía otro nombre, pero jamás me llamó así, porque era el de mi padre que se fue un día antes de que yo naciera. Nadie lo sabe, era un nombre prohibido.

-¿Qué lo marcó para decidirse por el canto?
-El sermón de la montaña, se lo escuché a un vagabundo, en Margajó. Eran las 12:00 M., del 24 de febrero de 1954. Fue tan grande la noticia que escribí mi primera canción, de pura alegría, sin pensar que iba a subir en un escenario, porque era muy tímido, muy introvertido. Este oficio se lo debo a Jesús.

-¿Quién conoció primero el tema?
-El vagabundo por el que conocí a Jesús. El estaba muy conmovido, porque era la primera vez que sabía de alguien que escribía su propia canción de cuna, pues sentí que en ese momento yo estaba naciendo.

-¿Qué otra persona lo ha marcado tanto como aquel vagabundo?
-La madre Teresa de Calcuta. Me ha hecho mucho mejor persona.

-¿Qué soñó que podía y hoy no puede?
-Tal vez ya no pueda ser un buen amante físicamente, un buen amigo, eso sí. Me he reprochado no haber vivido con mi madre, aunque fue mi mejor amiga, mi maestra, como me reproché perder el avión que se cayó, donde subieron mi mujer y mi hija.

-¿Qué tema le apasiona?
-Dios es el tema excluyente, está en todo, siempre aparece, al principio, al final o en el medio.

¿Dónde compone?
-En el avión, en el cuarto del hotel... Cargo una maleta con papeles, cuadernos, libros que quiero releer, otros que acabo de encontrar. Soy un bicho literario.

-¿Qué significa para usted Borges?
-¡Ah! me enriqueció la biblioteca, la vida. Además amo la literatura de García Márquez, me parece un cronista excepcional; la limpieza de Italo Calvino... soy terriblemente influenciable.

¿La poesía está en vía de extinción?
-Siempre existirá, es un don misterioso del espíritu.

-¿Un poeta nace o se hace?
-Hay tipos que escriben cosas prodigiosas desde el inicio y hay otros que se hacen poetas con el tiempo. Mozart crea la sinfonía a los 6 años, Henry Miller escribe su primera novela a los 39.

-¿Qué le aburre de la vida?
-Nada, gracias a la poesía, a todo le encuentro su lado divertido.

-¿Qué lo angustia?
-No conozco la angustia, ni la depresión.

-¿Qué lo hace llorar?
-La alegría de los hombres agradecidos. El heroísmo, es algo que me ha conmovido por la épica, la valentía.

-¿Qué lo enternece?
-Los niños son el punto más sensible de mi vida, por eso me dediqué a ellos. He criado varios.

-¿Qué significa haber sido nombrado por la Unesco mensajero mundial de la paz?
-Un honor, porque ese premio lo ganó la madre Teresa de Calcuta.

-¿Y ser miembro honorario de Amnistía Internacional?
-También un honor, porque hemos trabajado mucho para evitar las diferencias entre los seres humanos. Me da gusto que alguien tenga en cuenta mi trabajo, que tiene que ver con la paz.

-¿Se logrará la paz en Colombia?
-Todo el planeta está metido en una locura extraordinaria de violencia. Me parece que llegó a su punto fulminante, al ver tanta hecatombe esta es la confirmación de que se termina una etapa y comienza otra. No podemos estar desconfiando de los demás.

-¿Cómo seduce a una mujer?
-No tengo ni idea, si supiera seducir me hubiera casado con Jane Fonda, de quien siempre estuve enamorado, Barbra Streisand sería mi sexta mujer. Mi madre decía: sos tan feo que si no cantaras habrías muerto virgen.

-¿Qué lo inspiró para componer 'Este es un nuevo día'?
-Estaba muy enfermo, me daban poco tiempo de vida y escribí para agradecer los días que me quedaban. Eso fue hace siete años y esta canción anda por un montón de países, a pesar de que nunca tuvo difusión radial.

-¿Qué mensaje quiere dejar en esta gira?
-Que sean felices, que se amen; que aprendan de las diferencias; que se acerquen. No sean Clinton y Hussein, sean Pedro y Pablo, Pedro y Simón abrazados y cambiando de oficio por una parábola, por un poema maravilloso de Jesucristo, inventado para que ellos se junten. El pretexto de las canciones es que la gente se una, nosotros somos violentamente pacifistas, no dejamos en paz a nadie con nuestras melodías.

viernes, enero 25, 2013

LA DEFENSA DEL POBRE

Asumir la causa del pobre es siempre un gran riesgo. Quien lo intenta debe ser consciente de que pone en juego su vida misma, como ha quedado evidenciado en la lista innumerable de personas que han muerto defendiendo los derechos humanos.


Asumir la causa del pobre es tocar los intereses poderosos de aquellos que se han enriquecido abusando de los demás y sumiéndolos en esa situación lastimera. El hombre no es capaz de ver por sí mismo cuando explota las necesidades de los demás para sacar un provecho efímero para sí mismo.
 
Debido a la confusión moral que impera en la mente y en el corazón del hombre egoísta, se ha perdido toda capacidad de ver aquello que más profundamente puede agraviar la dignidad del ser humano, quien ha recibido de su Hacedor un status propio e intocable.

Defender a alguien supone que ha habido un agresor que ha traspasado la frontera de aquel espacio que todo ser humano necesita para poder vivir y actuar de acuerdo a su vocación libre y trascendente. Defender a otra persona significa que ésta no tiene ya la fuerza para protegerse ante los demás; defender a una persona nos habla de injusticias, de abusos, de lesiones a sus derechos, de una situación en la que no prevalece el derecho y la ley.

Difícilmente encontramos un período en la historia del mundo en el que no exista la violencia como expresión fácil para resolver los problemas humanos.

La violencia, el ataque, el querer eliminar a los demás, es el resultado natural del fracaso del entendimiento como único medio para resolver las dificultades. Pero al mismo tiempo, a lo largo de la historia, nunca dejaremos de encontrar personas que han intentado enseñarnos que no es agrediendo ni destruyendo cómo el hombre puede salir delante de sus problemas interpersonales. ¿Habrá alguien que piense que después de la violencia y destrucción que está teniendo lugar en la guerra contra Afganistán, reinará la paz y la concordia entre los pueblos? Ciertamente no. La paz entre los hombres nunca será fruto de la venganza, de la injusticia, del odio, sino del perdón, del amor y de las condiciones justas. Esta forma de proceder es también parte de la confusión moral que el hombre padece.

Jesús de Nazareth y, guiados por Él, muchísimos otros hombres y mujeres, han comprendido que el único camino válido para lograr evitar el enfrentamiento, la agresión y la violencia, es la educación del corazón. Debemos cultivar todo lo que es noble, justo, positivo. Es decir, debemos tratar de fincar nuestras relaciones no sobre el dominio, la injusticia, el poder, sino únicamente sobre el amor y la justicia.

Pero, mientras exista el desorden causado por el egoísmo y la voracidad de unos contra otros, se necesitan defensores de la vida y de los derechos de los más humildes, de quienes no tienen voz ni forma de hacerse oír. El precio que se paga muchas veces, el de la propia vida, indica la autenticidad de quienes se ponen del lado de los débiles y la gravedad de la falta cometida por quienes conculcan la dignidad de la persona.
 
Raúl Ventura Navarro

viernes, enero 18, 2013

Mural de los Pueblos Latinoamericanos


Mural emplazado en la Catedral de Riobamba, Ecuador.


“Con Proaño compartíamos como hermanos las angustias, esperanzas y la fuerza de la oración y hacía tiempo que le había prometido hacer un mural para la Catedral de Riobamba que representa al Cristo de Poncho, a las comunidades indígenas, profetas y mártires de nuestro tiempo, como Monseñor Romero, el Cardenal Arns, Don Helder Cámara, Pedro Casaldáglia, entre otros y la casa de la Santa Cruz en Riobamba. El Cristo está en la Cruz, pero no está crucificado, es el Cristo de la Esperanza en los pueblos.”


Adolfo Pérez Esquivel
 
Llegar a ser la voz de los humildes, descubrir la injusticia y la maldad, denunciar al injusto y al malvado.
 
 
 
Compartir los peligros en la lucha por vivir en justicia y libertad, arriesgando en amor hasta la vida.
 
 
 
Cristo Indio, Cristo del Poncho. Entregar por amor hasta la vida es la prueba mayor de la amistad, es vivir y morir con Jesucristo.
 
 

viernes, enero 04, 2013

El Insulto a los pobres

En la Entrevista que me hicieron en Radio Nacional y que ustedes pueden escuchar en esta página hay ciertos puntos en que quisiera explayarme y realizar una reflexión ya que la entrevista tuvo un tiempo limitado como para presentar sintéticamente lo que contiene el libro “La Hipocresía de Confesar”. Hay un tema que lo presente como “El insulto a los pobres”, y es las posesiones materiales de la Iglesia, y cuando digo Iglesia me refiero al poder institucional y no a todos los bautizados, es algo para distinguir:

1) Hay dos tipos de Iglesia: a) La verdadera: todos los bautizados de buena voluntad que intentan vivir cada día el Evangelio. b) La falsa o hipócrita: aquella que se dice bautizada pero que con sus obras demuestran vivir lo opuesto al Evangelio de Jesucristo.

¿Qué dice el Evangelio de Jesucristo con respecto a las posesiones de su Iglesia? Jesús manda en misión a sus discípulos, leemos el capitulo 10, 1-9 del evangelio según San Lucas: “Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios donde debía ir, y les dijo: La cosecha es abundante, pero los trabajadores don pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan!, Yo los envío como ovejas en medio de lobos. NO LLEVEN DINERO, NI ALFORJA, NI CALZADO, y no se detengan a saludar a nadie en el camino. Al entrar en una casa digan primero. ¡Que descienda la paz sobre esta casa! Y si hay alguien allí digno de recibirla, esa paz reposará sobre él, de lo contrario volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan, curen a sus enfermos y digan a la gente: El Reino de Dios está cerca de ustedes” Esta es la Palabra de Dios. Las instrucciones de Jesús son muy claras, la Iglesia está mandada a mostrar el Reino de Dios, que éste ya está aquí, y con acciones: curen a sus enfermos (de alma y cuerpo), pero también Jesús aclara que los discípulos no deben llevar nada para el camino porque en todo el Evangelio Jesús advierte sobre el peligro de las riquezas, incluso llega a decir que el dinero es un “dios”, al mismo nivel de Dios, no se puede servir a Dios y al dinero, dice. Lo pone a la par porque el corazón humano se deja poseer muchas veces por lo material, no dejando espacio para Dios.

Ahora bien: Jesús dice claramente, NO LLEVEN DINERO, incluso, los discípulos son recibidos en las ciudades porque ellos NO POSEEN CASA PROPIA, Jesús tampoco tenía casa propia sino que iba predicando el Reino de Dios de pueblo en pueblo, su pobreza material era absoluta y su confianza en la Providencia era perfecta, que es lo mismo que nos enseñó. Pero ¿Qué pasó luego con los siglos? La Iglesia, una vez en manos de Constantino, emperador Romano, se ha vuelto un gran imperio de poder y dinero, y esa es la Iglesia que hemos heredado hoy en pleno siglo XXI. Por eso soy dura en afirmar: LA RIQUEZA DE LA IGLESIA ES UN INSULTO A LOS POBRES Si Jesús estuviera hoy aquí presente, no estaría habitando en palacios como lo es el Vaticano, ni en casa de vacaciones en Castel Gandolfo, sino que estaría en tierra de misión, en aquellos lugares donde los niños mueren por desnutrición, donde se ven sus pancitas hinchaditas por falta de alimento, miraría el Señor al cielo y diría: “Padre Perdónalos porque no saben lo que hacen” Mi experiencia luego de haber trabajado largos años en la Congregación a la que pertenecía me lleva a afirmar esto con una convicción sólida y madura. El dinero que posee la Iglesia es capaz de solucionar el hambre de toda la tierra, es más, me atrevería a afirmar que desaparecerían los pobres. Nadie toma conciencia de los tesoros incalculables de que es poseedora la Iglesia en el mundo. Yo, que trabajé de apoderada legal en mi congregación y en su administración, he manejado mucho dinero, además, saber la cantidad de propiedades SIN HABITAR Y CERRADAS DETERIORÁNDOSE PAULATINAMENTE, MIENTRAS HAY GENTE QUE NO TIENE DONDE VIVIR.

Mi congregación era una de las “más pobres” dentro de lo que es la vida religiosa, y debo confesar que me da vergüenza la cantidad de bienes materiales que se poseen y que no reportan ningún beneficio para nadie, totalmente estériles, como también lo es hoy la misión de la Congregación. Queridos hermanos: No podemos defender las posesiones materiales diciendo que son “obras de arte”, tesoros de la humanidad, mientras millones de niños mueren en el mundo por falta de alimentos, y no solo en el áfrica, aquí mismo, en Argentina un país rico en recursos primarios, sin embargo en provincias del norte y litoral tenemos altos índices de desnutrición. Si la Iglesia decidiera por fin analizarse y verse a la luz del Evangelio descubriría que durante siglos ha optado por servir, no a Dios, sino al dinero. Todavía está a tiempo de reflexionar y tomar una postura que de verdad puede terminar con la pobreza en el mundo. Ella es responsable, no se puede seguir acumulando propiedades y activos mientras el pueblo se está muriendo. El Pastor se va a cansar y El mismo vendrá y se hará cargo del rebaño, porque los pastores que tenían que cuidar de las ovejas, se han alimentado a sí mismos con el alimento que era para las ovejas del rebaño. Pidamos a Dios que la justicia y la misericordia sean aliadas, y que pronto podamos revertir esta situación injusta en nuestro mundo. Si cada uno aportamos nuestra cuota de vivencia del Evangelio, podremos hacerlo. 
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miércoles, diciembre 19, 2012

¿Qué podemos hacer?


La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados (Lc 3, 10-18).

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo”. Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de “empobrecernos” poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno… Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis… Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

José Antonio Pagola

miércoles, diciembre 12, 2012

El arte de ser niño


En mi niñez, en el jardín de infantes, en Belo Horizonte, nuestras tareas consistían en soñar, imaginar, colorear, diseñar y modelar en barro figuras extrañas, apilar cubos de madera que, sobrepuestos, se transformaban en casas, puentes, edificios y castillos; en línea recta se convertían en carreteras, líneas férreas y carrozas; y, puestos en círculos, plazas circenses, represas o lagos.

Esa mezcla de tacto, visión e imaginación organizaba mi mundo interior. Bastaban unos pocos pertrechos para que mis sentimientos encontraran expresión en los objetos manipulados o en las líneas de mis diseños. Al hacerlo adquiría una cierta distancia relacional: los pájaros hablan idiomas que sólo ellos entienden; los dragones, brujas y duendes que llenaban mi imaginario no eran personas como mis padres, ni cosas como los bloques de las carreteras, sino entidades espirituales, como Dios y los ángeles, con los que mantenía relaciones de temor, reverencia y fascinación.

Lo mejor de la infancia es el misterio. Llena al niño de una fuerza imponderable, superior a todas las realidades sensibles. El misterio seduce y, tejido de encantos, asusta o atrae al no mostrar el rostro ni pronunciar su nombre propio. Habita aquella zona de la imaginación infantil tan inexpugnable cuanto impronunciable. En ella las conexiones rompen límites y barreras, lo inconsciente se sobrepone a lo consciente, lo sobrenatural se confunde con lo natural, lo divino permea lo humano, y lo insólito, como dragones y piratas, es de una concretez que sólo la ceguera de los adultos es incapaz de comprender.

Los adultos deben mantenerse a distancia cuando el niño se encuentra sumergido en su universo onírico.  Él sabe que carga consigo un tesoro de percepciones que los ojos extraños no pueden descubrir. Recogido en un rincón, tumbado en su cama o saltando en compañía de sus iguales, deja fluir los seres virtuales que habitan su espíritu y con quienes establece un diálogo íntimo, libre de las ataduras de tiempo y espacio. Todo fluye dentro de él gracias a la ausencia de gravedad que le caracteriza.

Si un adulto interfiere se rompe el encanto. Todo se vuelve pesadamente aritmético, como si el ave, aprisionada en el suelo, quedase impedida incluso de soñar con el vuelo, reducida a los limitados movimientos de sus pasos.

Por tanta familiaridad con el misterio los niños son naturalmente religiosos, como si la naturaleza supiera quien se encuentra biológicamente más próximo a la fuente de la vida de percepciones holísticas contenidas en la vitalidad de las células, en la mecánica de las moléculas, en la identidad cuántica de los átomos, donde la materia y la energía son solamente caras de una única realidad.

Privar a un niño de sumergirse en el misterio es amputarle la infancia. Es mutilar su ser, abortando al niño para apresar, de forma cruel, la irrupción irreversible del adulto.

A la sonrisa le sucede la experiencia amarga de quien ya no logra mirar la vida como maravilla, dentro y fuera de sí. Aflora la inseguridad, denunciando carencias y haciéndolas vulnerables a los sueños químicos de las drogas, ya que lo mejor de la infancia fue destruido: sentirse un ser amado.

Frei Betto

martes, diciembre 04, 2012

Haz de mi Señor un instrumento de tu paz

"¡Estoy hecho un lío, Señor! (¿Me oyes? ¿Estás ahí? ¿Existes?)... No me entiendo. No me sé.

¡Con lo fácil que sería ser como todo el mundo, seguir el camino normal, tener más de un par de zapatos y, de vez en cuando, celebrar un cumpleaños...!

Pero desde el día que tuve el coraje de decirme a mí mismo que no creía en lo que estaba haciendo, todo se me tambalea; mi fortaleza está casi derruída, como esta iglesia. Ya no sé en lo que creo ni lo que quiero hacer.

¿Por qué no dejar que todo siga adelante, decir las mismas mentiras que nos repetimos unos a otros, poner mis alegrías en conseguir de vez en cuando el último CD del artista de moda...?

Ahora ya es imposible. Aunque quisiera ya no podría engañarme otra vez. Y aquí estoy yo hoy, que quiero vivir a tope y no a sorbos... y ni siquiera sé por donde empezar...

Estoy hecho un lío, Dios. Y tú, ¿me oyes? ¿existes?

Tú eres el dios de mi niñez. El dios de las primeras mentiras; el "dios te ve" que justificaba tanta ley hipócrita de los mayores; el dios que estaba contento si yo me fastidiaba y que lloraba cuando me masturbaba... (bueno, cuando menos eso me dijeron).

El dios que justifica las guerras, que sanciona las injusticias
sociales, que enseña la sumisión, el acatamiento; que amenaza con la condenación eterna si te atreves a pensar por ti mismo... El dios de una Iglesia que emplea sus mejores energías en ver cómo seguir manteniéndose en el poder; el dios en quien no puede creer nadie medianamente inteligente al llegar a cierta edad... ¡Yo, como aquel señor, no soy ateo: solamente pido cosas dignas de creerse!

Pero tú eres también el Dios que salva el sentido de todo lo que existe: desde el humilde tronquito con una sola hoja hasta los trillones de estrellas regadas como un chorro de leche por los firmamentos perdidos.

Tú eres el Dios existente sin que nadie pruebe tu existencia. Tú no eres un político interesado en aumentar el número de votos, ni te aterroriza, como a las iglesias, que disminuya el número de creyentes, porque para ti lo de creyentes o ateos es algo secundario: todos somos hijos predilectos tuyos, carne de tu carne viva de Creador, hermosas criaturas pensadas una a una desde mucho antes de que el Universo estallase de alegría una mañana, borracho de vida.

En ti creemos los hombres cuando nos sentimos vivos y a ti te estamos viendo cuando vemos el latido de la vida todo alrededor.

Tú hiciste al perro que me mira con ojos candorosos preguntándome si lo voy a sacar a la calle; tú inventaste la lluvia que mansamente cae sobre los tejados de tejas rojas; tuya fue la idea de hacer crecer flores allí donde nadie llegará nunca a verlas, sólo por el gusto de que la belleza fuera gratuita.

De ti, Dios, tenemos semejanza cuando la madre sale corriendo para evitar que su hijito cruce solo la carretera; de ti cuando el hombre, después de un día agotador de trabajo, encuentra a los amigos en el
bar; de ti cuando en la calle la prostituta te agradece que le des fuego, sin repugnancia y sin lástima paternalista...

¿Qué importa que unos te llamen Dios y a otros simplemente se les llenen los ojos de lágrimas? Aunque para muchos tú no existas, todo lo bueno se parece a ti.

Estoy hecho un lío, Dios. ¿qué tengo qué hacer para no desperdiciarme? ¿Por dónde diablos se va a la gran alegría? No es el momento de seguir preguntándome si existes tú, sino de decidir cómo voy a existir yo.

"PADRE" te llamaba Jesús de Nazareth, que pasó por la vida haciendo el bien. Hasta que le exprimieron la vida cuando apenas empezaba a ser hombre. Todo por decirles a los poderosos, a los que deciden lo que
está bien y lo que está mal, que lo suyo estaba mal. Unos pescadores, un empleado de banca y unas cuantas mujeres menuditas le quisieron hasta el grito y la persecución. Porque se quitaba del sueño para andar curando gente, animando a los derrotados y llenando las tardes de paz y de esperanzas buenas.

EL era feliz así. ¿por qué? ¿qué tenía de grande su vida corta, rodeado de la escoria y la podredumbre de un rincón del mundo donde ni siquiera llegaban los periódicos? ¿Quién le pinchó en las venas esa locura de vivir abriendo nuevos mercados al amor? ¿Es que a la cumbre de la vida se llega yendo hacia abajo?

Jesús responde que aprovecha la vida quien pone manos a la obra para que haya vida en abundancia; quien no deja pobre con miseria ni enfermo con dolor ni doliente sin cariño. Que se vive en plenitud cuando se dedica la vida a producir vida (como el humilde asno que saca todo el día cubos de agua con la noria) y luego dejarlo todo más vivo cuando ya tú terminas....

Creer en ti no significa saberse el credo, sino pasar haciendo el bien. Ser cristiano significa hacerlo todo nuevo.

Que así sea en mí. Que esta sea mi locura. Yo engancharé mi vida a la tuya, como la manguera a la fuente y plantaré en mis entrañas la semilla de tu inmortalidad.



Haz de mí, Señor, un creador de cosas vivas;
haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga perdón;
donde haya discordia, ponga unión;
donde haya error, ponga verdad;
donde haya duda, ponga confianza;
donde haya desesperación, ponga esperanza;
donde haya tinieblas, ponga luz,
y donde haya tristeza, ponga yo alegría.



Haz, en fin, Señor, que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar.
Porque dando es como se recibe,
olvidando es como se encuentra,
perdonando se es perdonado

y muriendo se resucita a la vida que no conoce fin.


Así rezó Francisco, el buenagente. Y cuando ya era casi de noche, cuando el silencio reposaba ya sobre cada piedra de aquella iglesita casi destruida el crucifijo de San Damián habló a Francisco y le dijo:

Francisco, ve y repara mi Iglesia, que como ves, amenaza ruina."

de "Oracion en San Damiano", del libro Francisco el Buenagente, de Cortés.