Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo
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miércoles, marzo 06, 2013

El nuevo Papa: ¿dónde está el problema?

El problema de la Iglesia no está en los conflictos de la Curia, sino en la integración y consiguiente pertenencia de la institución eclesiástica al sistema económico que nos ha arruinado y nos está destrozando.

Me explico. En estos días, vísperas del próximo Cónclave que elegirá al sucesor de Benedicto XVI, se habla sin pelos en la lengua de los graves problemas que han motivado lo que está pasando en el Vaticano. Se cuentan historias y hechos truculentos. Y se afirma que los cardenales tienen que elegir a un hombre que ponga orden en la Curia, corte por lo sano con los escándalos morales que allí se cuecen o se permiten y, sobre todo, no tienen más salida honrada que, tal como está la Iglesia, la solución es elegir a un papa que lleve o permita una orientación nueva en la institución eclesiástica. 

Una orientación exigente con la honestidad, la transparencia y la ejemplaridad de la Curia, el clero y los teólogos en el fiel cumplimiento de sus deberes, para ir así promoviendo una renovación del pueblo cristiano, de la fe y de la práctica religiosa en sus diversas y apremiantes exigencias.

Confieso que todo esto me parece excelente, apremiante y necesario. Pero con la misma sinceridad me permito sugerir que el problema más grave, que tiene ahora mismo la Iglesia, está en algo de lo que no se suele hablar y que, sin embargo, es la raíz de los demás problemas. La raíz de los mil chismes y escándalos, que suelen ocupar a los tertulianos religiosos en sus cavilaciones y devaneos, está en otra causa, que es, sin duda alguna, mucho más honda. Porque es la causa que, según sospecho, se refiere al problema que toca fondo en este momento.

¿De qué se trata? Estamos de acuerdo en que el problema, que a todos nos angustia ahora mismo, es la crisis económica y sus muchas conexiones con la política y todo lo que eso abarca, que es bastante más de lo que podemos imaginar. Pues bien, si la raíz de la crisis que sufrimos está en la corrupción económica, ¿no les parece a ustedes sospechoso -al menos sospechoso- que el papado, el Vaticano, los medios que, bien informados por los “vaticanistas”, nos explican lo que pasa, echando mano de los escándalos de obispos y curas, de las intrigas que se viven en la Curia Vaticana, de las luchas por el poder entre los cardenales, resulta sospechoso -digo- que nos hablen de toda esa basura y no digan ni pío sobre lo más fuerte que está pasando en la Iglesia?

¿De qué se trata? Se trata sencillamente del silencio del papa y de la jerarquía ante la crisis que azota a los más pobres y tiene trastornado a medio mundo. Ha habido obispos y sacerdotes que se han quejado de lo mal que están las cosas. La Iglesia ayuda a los necesitados. Todo eso es cierto. Pero con todo eso ni se roza el verdadero problema y la verdadera solución de la crisis. El problema no está en los manejos financieros del IOR, el Banco del Vaticano. EL problema está en que la Iglesia, y otras confesiones religiosas, con sus silencios y conductas, están “legitimando” al sistema económico-político que ha causado la crisis y la mantiene. ¿Europa y España estarían como están si el papa, los cardenales, los obispos, el clero en pleno, se hubieran plantado con firmeza ante lo que están sufriendo tantos millones de personas?

El problema fundamental de la Iglesia no es sólo moral o religioso. Es, sobre todo, el problema de su escandalosa pertenencia al sistema que nos está destrozando. Y no olvidemos que el que calla, otorga. Ésta es la raíz de todo lo demás. Mientras no se ataque esto a fondo, no salimos de la madre de todas las crisis. Cuando Jesús mandó a sus apóstoles a predicar el Evangelio prohibiéndoles que llevaran dinero, y hasta calderilla, sabía lo que hacía. Jesús vio claro que la relación apostolado-dinero no sólo no ayuda a evangelizar, sino que, sobre todo, es un estorbo para el apostolado. El primer estorbo para la Iglesia. Y para la fe en el Evangelio.

José María Castillo

viernes, febrero 22, 2013

Volviendo a las raíces





En nuestra vida experimentamos una curiosa paradoja: cuanto más avanzamos en edad, más regresamos a los tiempos de la infancia. Parece que la vida nos invita a unir las dos puntas y comenzar a hacer una síntesis final. O quién sabe, el ocaso de la vida con la pérdida inevitable de la vitalidad, con los ritmos más tranquilos y los límites insoslayables de esta última fase, inconscientemente nos lleva a buscar fortalecimiento allí donde todo empezó. La existencia cansada viene a humedecer sus raíces en aquellos comienzos de antaño para intentar todavía rejuvenecer y llegar bien a la travesía final.


Eso fue lo que me ocurrió en esta primera semana de febrero cuando volví a mi tierra, a las viejas tierras (“terre vecchie” como decimos entre los parientes): Concórdia, en el interior de Santa Catarina. La ciudad, así como las ciudades vecinas, son conocidas en todo Brasil por sus productos: ¿quién no compró pollos Sadia de Concórdia, jamón Perdigão de Herval del Oeste, ahumados Aurora de Chapecó y salamis de Seara? Pues todas estas empresas están a pocos kilómetros unas de otras. Es una región rica, de colonos italianos, alemanes y polacos, lugares donde Brasil parece haber funcionado bien. Todo está prácticamente integrado, las casas son elegantes y de colores, el bienestar generalizado y no se conocen favelas como tantas que rodean la mayoría de las ciudades del país. Visitamos a los sobrevivientes de la familia, por parte de mi madre sólo una tía cargada de años y de dolores, por parte de mi padre ya no hay nadie. Sólo quedan primos y primas. La mayoría se fue para las ciudades, uno trabaja en Montreal como creador de juegos de Internet, otro es diplomático y los demás en profesiones liberales. Algunos quedaron en la tierra.

Después, los lugares queridos de la infancia. Ellos marcan nuestra psique porque los llevamos dentro: cada cerro, cada curva del camino, cada cuesta o pendiente y por todos lados amplios horizontes, vislumbrándose las montañas del Río Grande del Sur y las elevaciones de los Campos Gerais de Santa Catarina. La mente infantil exagera en las proporciones. Lo que considerábamos una subida penosa y difícil, no pasa de ser una sencilla cuesta o bajada. Los montes inmensos son sólo lomas. Pero siguen iguales las cañadas profundas, por todos los rincones las piedras que hacían penosa la labor de los colonos: el cultivo del trigo y del maíz. Los parrales tan abundantes, uno en cada casa, prácticamente han desaparecido, pues el vino de calidad se ha vuelto accesible.

Aquí nos sentimos parte del paisaje, aquí están nuestras raíces, el lugar donde empezamos a alimentar sueños, a contemplar las estrellas en las frías noches de invierno y a situarnos en el mundo. Es curioso, cuando tengo que hablar en lugares considerados importantes, como la Asamblea General de la ONU o en Harvard, me remito siempre a ese tiempo remoto de donde vengo, recuerdo al niño de pies descalzos y llenos de niguas que fui, alimentado con mucha polenta y lectura precoz de libros. Por más espléndidos paisajes que haya tenido la posibilidad de contemplar, ninguno es interiormente más bonito que el de mi infancia. Porque ella es única en el mundo. Todo lo que es único en el universo nunca más vuelve a suceder y por eso es intrínsecamente hermoso.

Pero lo que me marca cada vez que visito a mis parientes son las fiestas que improvisan: se come mucho, la comida regional, la polenta, los “radicci”, los distintos tipos de “biscotti” y “cucas alemanas”, la “fortaia”, las masas, los quesos y salamis caseros y naturalmente el churrasco. La mayoría de los que quedaron en la tierra tuvo poca escolarización: hablan una mezcla deliciosa de dialecto véneto y de portugués. La cantilena es la misma, con un fuerte acento italiano, del cual yo mismo nunca me liberé. Las manos duras de fuerte trabajo y los rostros marcados de la lucha por la vida causan fuerte impresión. Y hay entre todos un cariño y una cordialidad que conmueve. Los abrazos son de doblar las costillas y los besos de las primas de más edad, de nuestra edad, son largos y sonoros. De algunas siento el olor de mi propia madre, la misma mirada, la misma forma de poner la mano en la cintura. ¿Quién puede resistir la emoción? Y lloro lágrimas de esas que hacen bien.

Los tiempos vuelven al inicio misterioso de la caminada de la vida. Pero tenemos que seguir adelante. Ellos vienen con nosotros en nuestro corazón, ahora ligero y rejuvenecido porque empapó sus raíces en la esencia de la vida que es la sangre, los lazos, el afecto y el amor.

Leonardo Boff

viernes, febrero 01, 2013

"El sermón de la montaña", me marcó la vida Facundo Cabral.

"Soy violentamente pacifista": Facundo Cabral

Isabel Peláez | Reportera

A sus 60 años no lo amilana nada, de las muchas palabras con las que juega no conoce la depresión. Ha vivido con su problema visual sin dejar de admirar a las mujeres y conmoverse con el heroismo. Este "violento pacifista" o "vagabundo firstclass" como se define Facundo Cabral, se presentará hoy, en el Teatro Jorge Isaacs, en Cali.

Con el humor que lo caracteriza y la poesía a flor de piel, este hijo de La Plata, Argentina, concedió a El País una entrevista, en la que habla de sí mismo, de sus distinciones por ser hombre de paz, de su vida y su carrera.


-¿Se considera la reencarnación de Juan Bautista?
-Siempre supe que yo había sido el Bautista. Me entra la certeza, cuando leo su pequeña historia. Y muchos años después, cuando tuve la suerte de ir a Israel, al llegar al Jordán sentí que volvía a mi casa.

-¿Lo mejor de su infancia?
-Mi madre, era una fiesta, aun comiendo de la basura se arrodillaba y daba las gracias. Soy un plagio de ella. Cuando la gente dice que le gustan mis canciones, pienso: ¡caramba si la hubieran escuchado! Yo escribo poemas, ella vivía poéticamente; escribo canciones, su vida era un canto.

-¿Cómo era su mamá?
-Un ser excepcional que no tenía formación académica. No tenía mandamientos, dogmas o sectas. Cruzando el desierto, sola con sus hijos terminó siendo una mujer impresionante, que aprendió a leer y escribir después de los 63 años y que sacó 75.000 niños de la calle.
-¿Con qué apelativo de los que le han endilgado se identifica más?

-Me han dicho que soy el hereje más grande del Río de la Plata y que soy el décimo tercer apóstol. Soy lo que soy, más allá de lo que diga la gente afuera, mal o bello, pues hay quienes están pretendiendo que me den el Premio Nobel de la Paz y en otros países me han declarado persona no grata, porque a un líder no le gustó algo que dije en la televisión.

-¿De dónde nació su nombre artístico?
-Mi madre me bautizó así. Yo tenía otro nombre, pero jamás me llamó así, porque era el de mi padre que se fue un día antes de que yo naciera. Nadie lo sabe, era un nombre prohibido.

-¿Qué lo marcó para decidirse por el canto?
-El sermón de la montaña, se lo escuché a un vagabundo, en Margajó. Eran las 12:00 M., del 24 de febrero de 1954. Fue tan grande la noticia que escribí mi primera canción, de pura alegría, sin pensar que iba a subir en un escenario, porque era muy tímido, muy introvertido. Este oficio se lo debo a Jesús.

-¿Quién conoció primero el tema?
-El vagabundo por el que conocí a Jesús. El estaba muy conmovido, porque era la primera vez que sabía de alguien que escribía su propia canción de cuna, pues sentí que en ese momento yo estaba naciendo.

-¿Qué otra persona lo ha marcado tanto como aquel vagabundo?
-La madre Teresa de Calcuta. Me ha hecho mucho mejor persona.

-¿Qué soñó que podía y hoy no puede?
-Tal vez ya no pueda ser un buen amante físicamente, un buen amigo, eso sí. Me he reprochado no haber vivido con mi madre, aunque fue mi mejor amiga, mi maestra, como me reproché perder el avión que se cayó, donde subieron mi mujer y mi hija.

-¿Qué tema le apasiona?
-Dios es el tema excluyente, está en todo, siempre aparece, al principio, al final o en el medio.

¿Dónde compone?
-En el avión, en el cuarto del hotel... Cargo una maleta con papeles, cuadernos, libros que quiero releer, otros que acabo de encontrar. Soy un bicho literario.

-¿Qué significa para usted Borges?
-¡Ah! me enriqueció la biblioteca, la vida. Además amo la literatura de García Márquez, me parece un cronista excepcional; la limpieza de Italo Calvino... soy terriblemente influenciable.

¿La poesía está en vía de extinción?
-Siempre existirá, es un don misterioso del espíritu.

-¿Un poeta nace o se hace?
-Hay tipos que escriben cosas prodigiosas desde el inicio y hay otros que se hacen poetas con el tiempo. Mozart crea la sinfonía a los 6 años, Henry Miller escribe su primera novela a los 39.

-¿Qué le aburre de la vida?
-Nada, gracias a la poesía, a todo le encuentro su lado divertido.

-¿Qué lo angustia?
-No conozco la angustia, ni la depresión.

-¿Qué lo hace llorar?
-La alegría de los hombres agradecidos. El heroísmo, es algo que me ha conmovido por la épica, la valentía.

-¿Qué lo enternece?
-Los niños son el punto más sensible de mi vida, por eso me dediqué a ellos. He criado varios.

-¿Qué significa haber sido nombrado por la Unesco mensajero mundial de la paz?
-Un honor, porque ese premio lo ganó la madre Teresa de Calcuta.

-¿Y ser miembro honorario de Amnistía Internacional?
-También un honor, porque hemos trabajado mucho para evitar las diferencias entre los seres humanos. Me da gusto que alguien tenga en cuenta mi trabajo, que tiene que ver con la paz.

-¿Se logrará la paz en Colombia?
-Todo el planeta está metido en una locura extraordinaria de violencia. Me parece que llegó a su punto fulminante, al ver tanta hecatombe esta es la confirmación de que se termina una etapa y comienza otra. No podemos estar desconfiando de los demás.

-¿Cómo seduce a una mujer?
-No tengo ni idea, si supiera seducir me hubiera casado con Jane Fonda, de quien siempre estuve enamorado, Barbra Streisand sería mi sexta mujer. Mi madre decía: sos tan feo que si no cantaras habrías muerto virgen.

-¿Qué lo inspiró para componer 'Este es un nuevo día'?
-Estaba muy enfermo, me daban poco tiempo de vida y escribí para agradecer los días que me quedaban. Eso fue hace siete años y esta canción anda por un montón de países, a pesar de que nunca tuvo difusión radial.

-¿Qué mensaje quiere dejar en esta gira?
-Que sean felices, que se amen; que aprendan de las diferencias; que se acerquen. No sean Clinton y Hussein, sean Pedro y Pablo, Pedro y Simón abrazados y cambiando de oficio por una parábola, por un poema maravilloso de Jesucristo, inventado para que ellos se junten. El pretexto de las canciones es que la gente se una, nosotros somos violentamente pacifistas, no dejamos en paz a nadie con nuestras melodías.

viernes, enero 25, 2013

LA DEFENSA DEL POBRE

Asumir la causa del pobre es siempre un gran riesgo. Quien lo intenta debe ser consciente de que pone en juego su vida misma, como ha quedado evidenciado en la lista innumerable de personas que han muerto defendiendo los derechos humanos.


Asumir la causa del pobre es tocar los intereses poderosos de aquellos que se han enriquecido abusando de los demás y sumiéndolos en esa situación lastimera. El hombre no es capaz de ver por sí mismo cuando explota las necesidades de los demás para sacar un provecho efímero para sí mismo.
 
Debido a la confusión moral que impera en la mente y en el corazón del hombre egoísta, se ha perdido toda capacidad de ver aquello que más profundamente puede agraviar la dignidad del ser humano, quien ha recibido de su Hacedor un status propio e intocable.

Defender a alguien supone que ha habido un agresor que ha traspasado la frontera de aquel espacio que todo ser humano necesita para poder vivir y actuar de acuerdo a su vocación libre y trascendente. Defender a otra persona significa que ésta no tiene ya la fuerza para protegerse ante los demás; defender a una persona nos habla de injusticias, de abusos, de lesiones a sus derechos, de una situación en la que no prevalece el derecho y la ley.

Difícilmente encontramos un período en la historia del mundo en el que no exista la violencia como expresión fácil para resolver los problemas humanos.

La violencia, el ataque, el querer eliminar a los demás, es el resultado natural del fracaso del entendimiento como único medio para resolver las dificultades. Pero al mismo tiempo, a lo largo de la historia, nunca dejaremos de encontrar personas que han intentado enseñarnos que no es agrediendo ni destruyendo cómo el hombre puede salir delante de sus problemas interpersonales. ¿Habrá alguien que piense que después de la violencia y destrucción que está teniendo lugar en la guerra contra Afganistán, reinará la paz y la concordia entre los pueblos? Ciertamente no. La paz entre los hombres nunca será fruto de la venganza, de la injusticia, del odio, sino del perdón, del amor y de las condiciones justas. Esta forma de proceder es también parte de la confusión moral que el hombre padece.

Jesús de Nazareth y, guiados por Él, muchísimos otros hombres y mujeres, han comprendido que el único camino válido para lograr evitar el enfrentamiento, la agresión y la violencia, es la educación del corazón. Debemos cultivar todo lo que es noble, justo, positivo. Es decir, debemos tratar de fincar nuestras relaciones no sobre el dominio, la injusticia, el poder, sino únicamente sobre el amor y la justicia.

Pero, mientras exista el desorden causado por el egoísmo y la voracidad de unos contra otros, se necesitan defensores de la vida y de los derechos de los más humildes, de quienes no tienen voz ni forma de hacerse oír. El precio que se paga muchas veces, el de la propia vida, indica la autenticidad de quienes se ponen del lado de los débiles y la gravedad de la falta cometida por quienes conculcan la dignidad de la persona.
 
Raúl Ventura Navarro

viernes, enero 18, 2013

Mural de los Pueblos Latinoamericanos


Mural emplazado en la Catedral de Riobamba, Ecuador.


“Con Proaño compartíamos como hermanos las angustias, esperanzas y la fuerza de la oración y hacía tiempo que le había prometido hacer un mural para la Catedral de Riobamba que representa al Cristo de Poncho, a las comunidades indígenas, profetas y mártires de nuestro tiempo, como Monseñor Romero, el Cardenal Arns, Don Helder Cámara, Pedro Casaldáglia, entre otros y la casa de la Santa Cruz en Riobamba. El Cristo está en la Cruz, pero no está crucificado, es el Cristo de la Esperanza en los pueblos.”


Adolfo Pérez Esquivel
 
Llegar a ser la voz de los humildes, descubrir la injusticia y la maldad, denunciar al injusto y al malvado.
 
 
 
Compartir los peligros en la lucha por vivir en justicia y libertad, arriesgando en amor hasta la vida.
 
 
 
Cristo Indio, Cristo del Poncho. Entregar por amor hasta la vida es la prueba mayor de la amistad, es vivir y morir con Jesucristo.
 
 

viernes, enero 04, 2013

El Insulto a los pobres

En la Entrevista que me hicieron en Radio Nacional y que ustedes pueden escuchar en esta página hay ciertos puntos en que quisiera explayarme y realizar una reflexión ya que la entrevista tuvo un tiempo limitado como para presentar sintéticamente lo que contiene el libro “La Hipocresía de Confesar”. Hay un tema que lo presente como “El insulto a los pobres”, y es las posesiones materiales de la Iglesia, y cuando digo Iglesia me refiero al poder institucional y no a todos los bautizados, es algo para distinguir:

1) Hay dos tipos de Iglesia: a) La verdadera: todos los bautizados de buena voluntad que intentan vivir cada día el Evangelio. b) La falsa o hipócrita: aquella que se dice bautizada pero que con sus obras demuestran vivir lo opuesto al Evangelio de Jesucristo.

¿Qué dice el Evangelio de Jesucristo con respecto a las posesiones de su Iglesia? Jesús manda en misión a sus discípulos, leemos el capitulo 10, 1-9 del evangelio según San Lucas: “Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios donde debía ir, y les dijo: La cosecha es abundante, pero los trabajadores don pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan!, Yo los envío como ovejas en medio de lobos. NO LLEVEN DINERO, NI ALFORJA, NI CALZADO, y no se detengan a saludar a nadie en el camino. Al entrar en una casa digan primero. ¡Que descienda la paz sobre esta casa! Y si hay alguien allí digno de recibirla, esa paz reposará sobre él, de lo contrario volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan, curen a sus enfermos y digan a la gente: El Reino de Dios está cerca de ustedes” Esta es la Palabra de Dios. Las instrucciones de Jesús son muy claras, la Iglesia está mandada a mostrar el Reino de Dios, que éste ya está aquí, y con acciones: curen a sus enfermos (de alma y cuerpo), pero también Jesús aclara que los discípulos no deben llevar nada para el camino porque en todo el Evangelio Jesús advierte sobre el peligro de las riquezas, incluso llega a decir que el dinero es un “dios”, al mismo nivel de Dios, no se puede servir a Dios y al dinero, dice. Lo pone a la par porque el corazón humano se deja poseer muchas veces por lo material, no dejando espacio para Dios.

Ahora bien: Jesús dice claramente, NO LLEVEN DINERO, incluso, los discípulos son recibidos en las ciudades porque ellos NO POSEEN CASA PROPIA, Jesús tampoco tenía casa propia sino que iba predicando el Reino de Dios de pueblo en pueblo, su pobreza material era absoluta y su confianza en la Providencia era perfecta, que es lo mismo que nos enseñó. Pero ¿Qué pasó luego con los siglos? La Iglesia, una vez en manos de Constantino, emperador Romano, se ha vuelto un gran imperio de poder y dinero, y esa es la Iglesia que hemos heredado hoy en pleno siglo XXI. Por eso soy dura en afirmar: LA RIQUEZA DE LA IGLESIA ES UN INSULTO A LOS POBRES Si Jesús estuviera hoy aquí presente, no estaría habitando en palacios como lo es el Vaticano, ni en casa de vacaciones en Castel Gandolfo, sino que estaría en tierra de misión, en aquellos lugares donde los niños mueren por desnutrición, donde se ven sus pancitas hinchaditas por falta de alimento, miraría el Señor al cielo y diría: “Padre Perdónalos porque no saben lo que hacen” Mi experiencia luego de haber trabajado largos años en la Congregación a la que pertenecía me lleva a afirmar esto con una convicción sólida y madura. El dinero que posee la Iglesia es capaz de solucionar el hambre de toda la tierra, es más, me atrevería a afirmar que desaparecerían los pobres. Nadie toma conciencia de los tesoros incalculables de que es poseedora la Iglesia en el mundo. Yo, que trabajé de apoderada legal en mi congregación y en su administración, he manejado mucho dinero, además, saber la cantidad de propiedades SIN HABITAR Y CERRADAS DETERIORÁNDOSE PAULATINAMENTE, MIENTRAS HAY GENTE QUE NO TIENE DONDE VIVIR.

Mi congregación era una de las “más pobres” dentro de lo que es la vida religiosa, y debo confesar que me da vergüenza la cantidad de bienes materiales que se poseen y que no reportan ningún beneficio para nadie, totalmente estériles, como también lo es hoy la misión de la Congregación. Queridos hermanos: No podemos defender las posesiones materiales diciendo que son “obras de arte”, tesoros de la humanidad, mientras millones de niños mueren en el mundo por falta de alimentos, y no solo en el áfrica, aquí mismo, en Argentina un país rico en recursos primarios, sin embargo en provincias del norte y litoral tenemos altos índices de desnutrición. Si la Iglesia decidiera por fin analizarse y verse a la luz del Evangelio descubriría que durante siglos ha optado por servir, no a Dios, sino al dinero. Todavía está a tiempo de reflexionar y tomar una postura que de verdad puede terminar con la pobreza en el mundo. Ella es responsable, no se puede seguir acumulando propiedades y activos mientras el pueblo se está muriendo. El Pastor se va a cansar y El mismo vendrá y se hará cargo del rebaño, porque los pastores que tenían que cuidar de las ovejas, se han alimentado a sí mismos con el alimento que era para las ovejas del rebaño. Pidamos a Dios que la justicia y la misericordia sean aliadas, y que pronto podamos revertir esta situación injusta en nuestro mundo. Si cada uno aportamos nuestra cuota de vivencia del Evangelio, podremos hacerlo. 
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miércoles, diciembre 19, 2012

¿Qué podemos hacer?


La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados (Lc 3, 10-18).

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo”. Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de “empobrecernos” poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno… Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis… Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

José Antonio Pagola

martes, diciembre 04, 2012

Haz de mi Señor un instrumento de tu paz

"¡Estoy hecho un lío, Señor! (¿Me oyes? ¿Estás ahí? ¿Existes?)... No me entiendo. No me sé.

¡Con lo fácil que sería ser como todo el mundo, seguir el camino normal, tener más de un par de zapatos y, de vez en cuando, celebrar un cumpleaños...!

Pero desde el día que tuve el coraje de decirme a mí mismo que no creía en lo que estaba haciendo, todo se me tambalea; mi fortaleza está casi derruída, como esta iglesia. Ya no sé en lo que creo ni lo que quiero hacer.

¿Por qué no dejar que todo siga adelante, decir las mismas mentiras que nos repetimos unos a otros, poner mis alegrías en conseguir de vez en cuando el último CD del artista de moda...?

Ahora ya es imposible. Aunque quisiera ya no podría engañarme otra vez. Y aquí estoy yo hoy, que quiero vivir a tope y no a sorbos... y ni siquiera sé por donde empezar...

Estoy hecho un lío, Dios. Y tú, ¿me oyes? ¿existes?

Tú eres el dios de mi niñez. El dios de las primeras mentiras; el "dios te ve" que justificaba tanta ley hipócrita de los mayores; el dios que estaba contento si yo me fastidiaba y que lloraba cuando me masturbaba... (bueno, cuando menos eso me dijeron).

El dios que justifica las guerras, que sanciona las injusticias
sociales, que enseña la sumisión, el acatamiento; que amenaza con la condenación eterna si te atreves a pensar por ti mismo... El dios de una Iglesia que emplea sus mejores energías en ver cómo seguir manteniéndose en el poder; el dios en quien no puede creer nadie medianamente inteligente al llegar a cierta edad... ¡Yo, como aquel señor, no soy ateo: solamente pido cosas dignas de creerse!

Pero tú eres también el Dios que salva el sentido de todo lo que existe: desde el humilde tronquito con una sola hoja hasta los trillones de estrellas regadas como un chorro de leche por los firmamentos perdidos.

Tú eres el Dios existente sin que nadie pruebe tu existencia. Tú no eres un político interesado en aumentar el número de votos, ni te aterroriza, como a las iglesias, que disminuya el número de creyentes, porque para ti lo de creyentes o ateos es algo secundario: todos somos hijos predilectos tuyos, carne de tu carne viva de Creador, hermosas criaturas pensadas una a una desde mucho antes de que el Universo estallase de alegría una mañana, borracho de vida.

En ti creemos los hombres cuando nos sentimos vivos y a ti te estamos viendo cuando vemos el latido de la vida todo alrededor.

Tú hiciste al perro que me mira con ojos candorosos preguntándome si lo voy a sacar a la calle; tú inventaste la lluvia que mansamente cae sobre los tejados de tejas rojas; tuya fue la idea de hacer crecer flores allí donde nadie llegará nunca a verlas, sólo por el gusto de que la belleza fuera gratuita.

De ti, Dios, tenemos semejanza cuando la madre sale corriendo para evitar que su hijito cruce solo la carretera; de ti cuando el hombre, después de un día agotador de trabajo, encuentra a los amigos en el
bar; de ti cuando en la calle la prostituta te agradece que le des fuego, sin repugnancia y sin lástima paternalista...

¿Qué importa que unos te llamen Dios y a otros simplemente se les llenen los ojos de lágrimas? Aunque para muchos tú no existas, todo lo bueno se parece a ti.

Estoy hecho un lío, Dios. ¿qué tengo qué hacer para no desperdiciarme? ¿Por dónde diablos se va a la gran alegría? No es el momento de seguir preguntándome si existes tú, sino de decidir cómo voy a existir yo.

"PADRE" te llamaba Jesús de Nazareth, que pasó por la vida haciendo el bien. Hasta que le exprimieron la vida cuando apenas empezaba a ser hombre. Todo por decirles a los poderosos, a los que deciden lo que
está bien y lo que está mal, que lo suyo estaba mal. Unos pescadores, un empleado de banca y unas cuantas mujeres menuditas le quisieron hasta el grito y la persecución. Porque se quitaba del sueño para andar curando gente, animando a los derrotados y llenando las tardes de paz y de esperanzas buenas.

EL era feliz así. ¿por qué? ¿qué tenía de grande su vida corta, rodeado de la escoria y la podredumbre de un rincón del mundo donde ni siquiera llegaban los periódicos? ¿Quién le pinchó en las venas esa locura de vivir abriendo nuevos mercados al amor? ¿Es que a la cumbre de la vida se llega yendo hacia abajo?

Jesús responde que aprovecha la vida quien pone manos a la obra para que haya vida en abundancia; quien no deja pobre con miseria ni enfermo con dolor ni doliente sin cariño. Que se vive en plenitud cuando se dedica la vida a producir vida (como el humilde asno que saca todo el día cubos de agua con la noria) y luego dejarlo todo más vivo cuando ya tú terminas....

Creer en ti no significa saberse el credo, sino pasar haciendo el bien. Ser cristiano significa hacerlo todo nuevo.

Que así sea en mí. Que esta sea mi locura. Yo engancharé mi vida a la tuya, como la manguera a la fuente y plantaré en mis entrañas la semilla de tu inmortalidad.



Haz de mí, Señor, un creador de cosas vivas;
haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga perdón;
donde haya discordia, ponga unión;
donde haya error, ponga verdad;
donde haya duda, ponga confianza;
donde haya desesperación, ponga esperanza;
donde haya tinieblas, ponga luz,
y donde haya tristeza, ponga yo alegría.



Haz, en fin, Señor, que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar.
Porque dando es como se recibe,
olvidando es como se encuentra,
perdonando se es perdonado

y muriendo se resucita a la vida que no conoce fin.


Así rezó Francisco, el buenagente. Y cuando ya era casi de noche, cuando el silencio reposaba ya sobre cada piedra de aquella iglesita casi destruida el crucifijo de San Damián habló a Francisco y le dijo:

Francisco, ve y repara mi Iglesia, que como ves, amenaza ruina."

de "Oracion en San Damiano", del libro Francisco el Buenagente, de Cortés.

jueves, octubre 18, 2012

TODO



Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y cuando os calumnien de mil modos por causa mía. Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa. (Mt 5,11- 12)

No penséis que he venido a poner paz en la tierra, no vine a traer paz sino  espada. (Mt 10,34)

Si el mundo os aborrece, sabed que antes me aborreció a Mí. Si fueseis del mundo, el mundo os amaría como cosa suya; pero porque no sois del mundo, sino que Yo os escogí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de mis palabras: «No es el siervo mayor que su señor. Si me persiguieron a Mí, también a vosotros os perseguirán». (Jn 15,18-20)

He oído predicar el Evangelio a un sacerdote que vivía el Evangelio. Los pequeños, los pobres, quedaron entusiasmados, los grandes, los ricos, salieron escandalizados, y yo pensé que bastaría predicar sólo un poco el Evangelio para que los que frecuentan las iglesias se alejaran de ellas y para que los que no las conocen las llenaran.

Yo pensé que era una mala señal para un cristiano el ser apreciado por la «gente bien».
Haría falta —creo yo— que nos señalaran con el dedo tratándonos de locos o revolucionarios.
Haría falta —creo yo— que nos armasen líos, que firmasen denuncias contra nosotros, que intentaran quitarnos de en medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo, tengo miedo porque sé que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar,
es todavía relativamente fácil no escandalizarse de él, pero vivirlo... vivirlo es bien difícil.
Tengo miedo de estarme equivocando, Señor. Tengo miedo de estar satisfecho con mi vidita decorosa,
tengo miedo de las buenas costumbres que yo tomo por virtudes,
tengo miedo de mis pequeños esfuerzos que me dan la impresión de avanzar,
tengo miedo de mis actividades que me hacen creer que me entrego,
tengo miedo de mis sabias organizaciones que yo tomo por éxitos,
tengo miedo de mi influencia: me imagino que transforma las vidas,
tengo miedo de lo que doy, pues me esconde lo que no doy,
tengo miedo porque hay gente que es más pobre que yo, los hay peor instruidos que yo peor desarrollados peor albergados peor abrigados peor pagados peor
alimentados menos acariciados menos amados. Yo tengo miedo, Señor, pues no hago bastante por ellos, no hago todo por ellos.
Sería necesario que yo lo diera todo
sería necesario que yo lo diese todo hasta que no quedara ni un solo sufrimiento,
ni una sola miseria, ni un solo pecado en el mundo. Haría falta, Señor, que yo lo diera todo, todo y siempre.
Haría falta que yo diera mi vida.
Pero no, esto no puede ser verdad del todo,
no puede ser verdad para todos. Estoy exagerando, hay que ser razonables.

Hijo mío, no hay más que un solo mandamiento para todos:
«.Amarás con todo el corazón
con toda el alma
con todas sus fuerzas.»

Miche Quoist