Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo
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domingo, agosto 25, 2013

Homenaje a Leónidas Proaño


 
El hermano Leónidas Proaño, pastor y profeta
El mural  de 1998 en Pucahuaico, Ecuador, es un homenaje a mi hermano Monseñor Proaño, que muestra su caminar junto a los pueblos indígenas del Ecuador. Junto a él está la hermana Nelly Arrobo, quien siempre le acompañó y el padre Pepe Gómez Izquierdo, de Guayaquil y la hermana Genoveva de las Lauritas, junto a ellos está la hermana Nelsa Curbelo, que pertenecía a las congregación de Hermanitas de Jesús, hoy en Guayaquil, es la comunidad de vida y fraternidad junto a los pueblos indígenas. Monseñor Proaño está junto a una niña celebrando la Vida y el compromiso con Jesús en  su testimonio de vida. Proaño quiso ser enterrado en Pucahuaico y asi se hizo. Con el mural quise dejar en el lugar el mensaje de quien siempre fue fiel servidor de su pueblo siguiendo el camino de Jesús.
 
 
Conocí personalmente a Proaño en 1974 en el Seminario Mayor de Medellín, Colombia,  y desde ese momento, acompañándolo en sus luchas en Ecuador junto a los hermanos indígenas en defensa de la tierra, su identidad y valores, sociales y espirituales; nos sentimos hermanos en el mismo camino que fuimos recorriendo y compartiendo en América Latina.
 
El Obispo Proaño era un profeta de nuestro tiempo que anunciaba y denunciaba desde la fe las injusticias, eso le llevó a tener problemas dentro de la misma iglesia y ataques de algunos obispos que no comulgaban con Proaño su compromiso con los pobres.
 
El Vaticano le nombro un observador para ver la Pastoral que desarrollaba en la Diócesis de Riobamba, acusada por la oligarquía de ser subversivo.
 
Proaño fue uno de los obispos precursores en Medellín y Puebla, buscando renovar en la iglesia su compromiso desde el Evangelio y hacer realidad el Concilio Vaticano II.
 
El 12 de agosto de 1976 nos encontrábamos reunidos en la Casa de la Santa Cruz en Riobamba cuando un batallón del ejército Ecuatoriano invadió la casa en el encuentro de Obispos Latinoamericanos, sacerdotes y asesores que acompañábamos el encuentro, fuimos acusados de ser subversivos y llevados al cuartel San Ignacio en Quito, antiguo seminario jesuítico que vendieron a las fuerzas armadas.
 
Son muchos los recuerdos y anécdotas vividas, pero lo más significativo de todo fue cuando separaron a Monseñor Proaño del grupo y lo llevan aparte para interrogarlo y acusarlo de un encuentro subversivo. Su respuesta fue: “Sí, tenemos lo más subversivo que puedan imaginar, los Santos Evangelios”, que nos guía en nuestro camino de la iglesia.
 
 
Un grupo fuimos expulsados al día siguiente del Ecuador y nos dejaron de noche en la frontera colombiana en Ipiales, ahí fuimos a un convento de hermanas que nos recibieron y pudimos dormir y ver la forma de regresar a Riobamba.
 
Los obispos, sacerdotes y asesores que estábamos presos tuvimos mucha solidaridad entre nosotros y esperábamos que la nunciatura tuviera una acción y protesta ante el gobierno de la dictadura ecuatoriana, sin resultado. Muchos obispos al ser liberados tuvieron que salir del país.
 
Con Proaño compartíamos como hermanos las angustias, esperanzas y la fuerza de la oración y le prometí hacer un Mural para la Catedral de Riobamba que representa al Cristo de Poncho, a las comunidades, profetas y mártires de nuestro tiempo, como Monseñor Romero, el Cardenal Arns, Don Helder Cámara, Pedro Casaldáglia, entre otros y la casa de la Santa Cruz en Riobamba.
 
En el Año 1985 propuse a Proaño a la candidatura del Premio Nobel de la Paz y se desarrolló una intensa campaña en Ecuador como en otros países del mundo, en especial América Latina. Era importante ese reconocimiento a nivel internacional para fortalecer la pastoral de su diócesis. Se vivió con mucha fuerza y esperanza, más allá si le daban el Premio Nobel o no, lo importante fue la gran participación popular y apoyo de otros pueblos que reconocían en Proaño la voz profética
Proaño nos dejó como testimonio su coherencia entre el decir y el hacer, como esos grandes místicos que anuncian y denuncian el camino que nos señala nuestro Señor.
 
Se humildad, durante los años que nos conocimos nunca le escuche una queja de todos sus sufrimientos, asumió su cruz con dignidad y esperanza.
 
En varias oportunidades viajamos juntos a las comunidades indígenas del Chimborazo a compartir con la gente y escucharla, siempre fue una voz serena y firme, los pueblos son los constructores de sus propias vida y de su historia.
 

lunes, junio 17, 2013

Nosotros hemos encontrado el amor que Dios nos tiene y hemos creído en su amor: Dios es amor


El Evangelio de Jesús con Magdalena indica el fundamento principal de nuestra conversión, de nuestra liberación y paz. El fundamento está en creer que la actitud principal y esencial está en creer en el amor de Dios por nosotros. Esa fue la fe de esta mujer pecadora. Y obtuvo una respuesta de Jesús: “Te quedan perdonados tus pecados… Tu fe te ha salvado; vete en paz”. La Magdalena tiene una profunda convicción: “Dios me ama.. Dios me amó primero”. Esta convicción, a pesar de sus pecados, a pesar de los prejuicios y discriminación del contorno social sobre su condición, la hace vencer, también con amor, todo obstáculo, y poder llegar y acercarse confiadamente, buscando, con un arrepentimiento, lleno de amor por Jesús, el perdón de sus pecados.

La actitud del fariseo Simón, contrasta con la actitud de Jesús. Tanto la actitud de Simón como la de Jesús, nos muestran dos tipos de relaciones muy distintas de espiritualidad con respecto a Dios.

Simón encarna la espiritualidad desde arriba, la del “cumplir” preceptos, la del acumular méritos personales; se trata de una espiritualidad “legalista y de perfeccionismo”, que confía más en su esfuerzo personal que en el amor gratuito de Dios. Esto todavía existe en ciertos movimientos de espiritualidad, centrados en sí mismos en el cumplimientos de sus prácticas, “cumpliendo y acumulando” con sus devociones y prácticas piadosas un “capital de gracia” que poco o nada “chorrea” de amor a sus hermanos externos a los grupos del movimiento; se vive una religión individualista y más bien privada para sus integrantes.

Por otro lado está la actitud espiritual de la Magdalena que Jesús favorece y hace suya. Para la Magdalena lo principal era el amor a Jesús, el Señor. Ese amor la lleva a la conversión. Ella está convencida que su amor a Jesús y el amor de Jesús a ella cubriría la multitud de sus pecados. Tenía un corazón y alma de pobre: era una necesitada de Jesús. Tenía hambre y sed del amor y del perdón salvador de Jesús. Ella a su vez amaba a Jesús. Ese amor de pobreza de espíritu la impulsa a vencer cualquier obstáculo y discriminación por su condición de pecadora. Esa fuerza la hace acercarse a Jesús, rompiendo cualquier barrera y confiando más en la fuerza de su amor que en la discriminación sufrida a causa de sus pecados que reconocía, y que tendían a alejarla. Es “la espiritualidad desde abajo”, desde el fondo de su pecado y miseria humana reconocida con humildad, ella que amaba a Jesús, confiaba que sus brazos, cual ascensor para ella, la subirían y la sacarían de su fango.

Jesús, el Maestro, enseña a través del episodio de la Magdalena, una espiritualidad cristiana. Lo principal es nuestro amor y nuestra entrega confiada a él. Este amor y entrega nuestra a él nos hace olvidarnos de nosotros mismos, aun de nuestros pecados. Lo que a Jesús le interesa es la entrega nuestra y nuestro abandono de nosotros mismos, poniendo toda nuestra vida en él y en los demás. No le interesa un recuerdo de nuestros pecados, defectos, debilidades y limitaciones: lo más importante es la entrega y el amor nuestro a él y a nuestros hermanos. Por eso, comparando el amor de Magdalena y el fariseo, le dice a éste: “Por esto te digo, que su mucho amor demuestra que sus muchos pecados son perdonados”. Lo que quiere Jesús es que el cristiano vaya desde abajo, ascendiendo, de su amor a la conversión y también al cumplimiento con una mística de amor entregado y comprometido. Y esto es más importante que cualquiera otra espiritualidad fría sin amor, cumplida por cumplir.

Ahora, “la espiritualidad desde abajo” de Magdalena es fruto de una convicción: “Dios me ama”. Su amor por mí es el que sube y mejora mi vida, postrada y tirada “a la vera del camino”. La espiritualidad cristiana no es tanto nuestro esfuerzo por buscar a Dios, como creer y aceptar que Dios nos busca y nos ama, a pesar de nuestros pecados. Él es el Dios de lo imposible. Su amor es la victoria que vence al pecado de la humanidad caída: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio por nuestros pecados… Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor… Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero” (1 Jn 4, 10. 16. 19.). No se trata tanto de esfuerzos y méritos personales. Dios se acercó, se abajó, “no consideró indigno hacerse uno de nosotros”. Nació pobre en una pesebrera, y desde allí, desde abajo, comenzó su trabajo lleno de amor por nosotros; se hizo pobre con los pobres, hasta abajarse tanto por amor, que lo llevó a ser “un varón de dolores, ante quien se vuelve el rostro”; se abajó a la manera de un condenado a muerte, cargando con la Cruz de nuestra miseria humana, y desde esa sufrida situación se despoja de todo hasta de su propia vida: “No hay amor más grande que dar la vida por los que se ama”. Y lo que para los criterios humanos es un fracaso, para los criterios de Dios es una victoria. Desde un Dios que se hizo un hombre, que se abajó por amor. Desde abajo, desde una condición de despojo, Jesús obtuvo la victoria que vence al mundo. Y desde un sepulcro en tierra surge la vida y la resurrección, que nos da, desde una vida nuestra débil, frágil y pecadora, una vida que sube hasta la vida eterna.

De este amor, de un Dios que nos ama, haciéndose un hombre, es que Magdalena estaba convencida. Esto la hizo acercarse a Jesús, la hizo ser fiel en su seguimiento del Señor dejando atrás sus faltas y temores, que se convierten en obstáculos que vencer. La raíz de su liberación está en la confianza en un Dios que la ama. Ese amor de Jesús, la llevó a un amor suyo, que la convirtió en la primera mujer apóstol, haciéndola salir desde abajo, desde su pecado, y desde el sepulcro abierto y vacío, desde la aparición del Resucitado a ella, repito, es la primera mujer apóstol: Jesús Resucitado “al amanecer del primer día de la semana, apareció primero a María Magdalena… Jesús le dijo… anda y diles a mis hermanos, que subo a donde está mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes. Entonces María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: ‘He visto al Señor y me ha dicho tales y tales cosas’” (Mc 16, 9; Jn 20, 17 – 18).

Así como la Magdalena, el pecado que hay en nosotros debe convertirse en un salto de fe en el amor de Jesús. Jesús nos dice: Ámame como tú eres. No esperes hacer méritos y esfuerzos meramente personales, porque así no me amarías nunca.

Ante Dios, hay que aceptarse y presentarse como uno es, con todas nuestras fallas, y esperarlo todo de Dios.

La santidad cristiana no consiste o no está en tal o cual práctica de piedad, ni tampoco en la falta de defectos y pecados. La santidad se fundamenta en una actitud del corazón que nos hace pobres de espíritu, humildes, desde abajo, mostrando a Dios nuestra pequeñez y confianza en su amor: “En lo pequeño Dios se manifiesta grande”. 

“El Señor hizo en mí maravillas porque se fijó en la pequeñez de su sierva”. Amén.

Eugenio Pizarro Poblete

viernes, febrero 01, 2013

"El sermón de la montaña", me marcó la vida Facundo Cabral.

"Soy violentamente pacifista": Facundo Cabral

Isabel Peláez | Reportera

A sus 60 años no lo amilana nada, de las muchas palabras con las que juega no conoce la depresión. Ha vivido con su problema visual sin dejar de admirar a las mujeres y conmoverse con el heroismo. Este "violento pacifista" o "vagabundo firstclass" como se define Facundo Cabral, se presentará hoy, en el Teatro Jorge Isaacs, en Cali.

Con el humor que lo caracteriza y la poesía a flor de piel, este hijo de La Plata, Argentina, concedió a El País una entrevista, en la que habla de sí mismo, de sus distinciones por ser hombre de paz, de su vida y su carrera.


-¿Se considera la reencarnación de Juan Bautista?
-Siempre supe que yo había sido el Bautista. Me entra la certeza, cuando leo su pequeña historia. Y muchos años después, cuando tuve la suerte de ir a Israel, al llegar al Jordán sentí que volvía a mi casa.

-¿Lo mejor de su infancia?
-Mi madre, era una fiesta, aun comiendo de la basura se arrodillaba y daba las gracias. Soy un plagio de ella. Cuando la gente dice que le gustan mis canciones, pienso: ¡caramba si la hubieran escuchado! Yo escribo poemas, ella vivía poéticamente; escribo canciones, su vida era un canto.

-¿Cómo era su mamá?
-Un ser excepcional que no tenía formación académica. No tenía mandamientos, dogmas o sectas. Cruzando el desierto, sola con sus hijos terminó siendo una mujer impresionante, que aprendió a leer y escribir después de los 63 años y que sacó 75.000 niños de la calle.
-¿Con qué apelativo de los que le han endilgado se identifica más?

-Me han dicho que soy el hereje más grande del Río de la Plata y que soy el décimo tercer apóstol. Soy lo que soy, más allá de lo que diga la gente afuera, mal o bello, pues hay quienes están pretendiendo que me den el Premio Nobel de la Paz y en otros países me han declarado persona no grata, porque a un líder no le gustó algo que dije en la televisión.

-¿De dónde nació su nombre artístico?
-Mi madre me bautizó así. Yo tenía otro nombre, pero jamás me llamó así, porque era el de mi padre que se fue un día antes de que yo naciera. Nadie lo sabe, era un nombre prohibido.

-¿Qué lo marcó para decidirse por el canto?
-El sermón de la montaña, se lo escuché a un vagabundo, en Margajó. Eran las 12:00 M., del 24 de febrero de 1954. Fue tan grande la noticia que escribí mi primera canción, de pura alegría, sin pensar que iba a subir en un escenario, porque era muy tímido, muy introvertido. Este oficio se lo debo a Jesús.

-¿Quién conoció primero el tema?
-El vagabundo por el que conocí a Jesús. El estaba muy conmovido, porque era la primera vez que sabía de alguien que escribía su propia canción de cuna, pues sentí que en ese momento yo estaba naciendo.

-¿Qué otra persona lo ha marcado tanto como aquel vagabundo?
-La madre Teresa de Calcuta. Me ha hecho mucho mejor persona.

-¿Qué soñó que podía y hoy no puede?
-Tal vez ya no pueda ser un buen amante físicamente, un buen amigo, eso sí. Me he reprochado no haber vivido con mi madre, aunque fue mi mejor amiga, mi maestra, como me reproché perder el avión que se cayó, donde subieron mi mujer y mi hija.

-¿Qué tema le apasiona?
-Dios es el tema excluyente, está en todo, siempre aparece, al principio, al final o en el medio.

¿Dónde compone?
-En el avión, en el cuarto del hotel... Cargo una maleta con papeles, cuadernos, libros que quiero releer, otros que acabo de encontrar. Soy un bicho literario.

-¿Qué significa para usted Borges?
-¡Ah! me enriqueció la biblioteca, la vida. Además amo la literatura de García Márquez, me parece un cronista excepcional; la limpieza de Italo Calvino... soy terriblemente influenciable.

¿La poesía está en vía de extinción?
-Siempre existirá, es un don misterioso del espíritu.

-¿Un poeta nace o se hace?
-Hay tipos que escriben cosas prodigiosas desde el inicio y hay otros que se hacen poetas con el tiempo. Mozart crea la sinfonía a los 6 años, Henry Miller escribe su primera novela a los 39.

-¿Qué le aburre de la vida?
-Nada, gracias a la poesía, a todo le encuentro su lado divertido.

-¿Qué lo angustia?
-No conozco la angustia, ni la depresión.

-¿Qué lo hace llorar?
-La alegría de los hombres agradecidos. El heroísmo, es algo que me ha conmovido por la épica, la valentía.

-¿Qué lo enternece?
-Los niños son el punto más sensible de mi vida, por eso me dediqué a ellos. He criado varios.

-¿Qué significa haber sido nombrado por la Unesco mensajero mundial de la paz?
-Un honor, porque ese premio lo ganó la madre Teresa de Calcuta.

-¿Y ser miembro honorario de Amnistía Internacional?
-También un honor, porque hemos trabajado mucho para evitar las diferencias entre los seres humanos. Me da gusto que alguien tenga en cuenta mi trabajo, que tiene que ver con la paz.

-¿Se logrará la paz en Colombia?
-Todo el planeta está metido en una locura extraordinaria de violencia. Me parece que llegó a su punto fulminante, al ver tanta hecatombe esta es la confirmación de que se termina una etapa y comienza otra. No podemos estar desconfiando de los demás.

-¿Cómo seduce a una mujer?
-No tengo ni idea, si supiera seducir me hubiera casado con Jane Fonda, de quien siempre estuve enamorado, Barbra Streisand sería mi sexta mujer. Mi madre decía: sos tan feo que si no cantaras habrías muerto virgen.

-¿Qué lo inspiró para componer 'Este es un nuevo día'?
-Estaba muy enfermo, me daban poco tiempo de vida y escribí para agradecer los días que me quedaban. Eso fue hace siete años y esta canción anda por un montón de países, a pesar de que nunca tuvo difusión radial.

-¿Qué mensaje quiere dejar en esta gira?
-Que sean felices, que se amen; que aprendan de las diferencias; que se acerquen. No sean Clinton y Hussein, sean Pedro y Pablo, Pedro y Simón abrazados y cambiando de oficio por una parábola, por un poema maravilloso de Jesucristo, inventado para que ellos se junten. El pretexto de las canciones es que la gente se una, nosotros somos violentamente pacifistas, no dejamos en paz a nadie con nuestras melodías.

viernes, enero 18, 2013

Mural de los Pueblos Latinoamericanos


Mural emplazado en la Catedral de Riobamba, Ecuador.


“Con Proaño compartíamos como hermanos las angustias, esperanzas y la fuerza de la oración y hacía tiempo que le había prometido hacer un mural para la Catedral de Riobamba que representa al Cristo de Poncho, a las comunidades indígenas, profetas y mártires de nuestro tiempo, como Monseñor Romero, el Cardenal Arns, Don Helder Cámara, Pedro Casaldáglia, entre otros y la casa de la Santa Cruz en Riobamba. El Cristo está en la Cruz, pero no está crucificado, es el Cristo de la Esperanza en los pueblos.”


Adolfo Pérez Esquivel
 
Llegar a ser la voz de los humildes, descubrir la injusticia y la maldad, denunciar al injusto y al malvado.
 
 
 
Compartir los peligros en la lucha por vivir en justicia y libertad, arriesgando en amor hasta la vida.
 
 
 
Cristo Indio, Cristo del Poncho. Entregar por amor hasta la vida es la prueba mayor de la amistad, es vivir y morir con Jesucristo.
 
 

martes, noviembre 06, 2012

EL SACO DE CARBÓN



Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre lo llamó y Jaimito lo siguió, diciendo en forma irritada:

- Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!

Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:

- Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela..

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:

- ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.

Cuando el padre regresó, le preguntó:

- Hijo, ¿qué tal te sientes?

- Cansado, pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo:

- Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Lo colocó frente a un espejo que le permitió ver todo su cuerpo... ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

- Hijo, como pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre quedan en nosotros mismos.

Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras.Ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones.Ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos.Ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter.Y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino.

viernes, octubre 19, 2012

Para Pedrito y María con todo cariño



Hoy estoy sentada frente a este computador, pensando en que palabras podrían describir lo que siento cuando pienso en el Pedrito y al mirar este momento me doy cuenta de que hace mucho tiempo que pienso en él.  He pensado en su cara, en sus expresiones, en sus manos, en su voz y no me he podido quitar de la mente al Pedrito. Y cuando pienso en él, tampoco puedo dejar de pensar en la Mariita.  Para mí no hay Pedrito Landázuri sin Mariita Arias.  Mi corazón no acepta que este equipo, que esta pareja puedan separarse y cuando sigo pensando en ellos, la sensación que tengo es de inmensa ternura, de amor profundo.  Se me viene a la memoria una fiesta en Guayllabamba en una casa acogedora en donde todos reíamos, nos mojábamos (porque era carnaval), bailábamos y seguíamos riendo.  Y ahí, el Pedrito y la Mariita con nosotros, aguantándonos, acolitándonos en nuestras locuras.  Y también me acuerdo de una camioneta en donde íbamos en la parte de atrás bajando de Moncayo y  oyendo el silbido que venía de lejos, y en plena bajada veíamos correr al Pedrito y todo el grupo detrás, que con guitarras y mochilas nos hacían señas para que les viéramos.  Y cuando se subían al carro, el Pedrito lo que primero hacía era decirnos: muchas gracias hermanitos!!!

“Muchas gracias”, me repito en la mente, “muchas gracias”… que significa este “muchas gracias”?  Para mí significa una vida, la vida del Pedrito y la Mariita.  Una vida de la cual somos fruto los que estuvimos en el Carmelo y muchos más.  Somos lo que somos por el compromiso y amor de muchas personas entre estas, ustedes dos:

·         Muchas gracias por el cariño con que nos trataron, por la forma como nos acogieron en su casa y en sus vidas: casas y vidas de puertas abiertas para todos los que tenemos un corazón.
·         Gracias, por el ejemplo de amor, de pareja, de familia, de comunidad, que nos inspiran a creer que el amor para toda la vida si es posible.
·         Gracias por las opciones de vida y la radicalidad del amor, por los pobres, por los desprotegidos, por los niños y niñas en la catequesis, por los hombres y mujeres en la lucha por mejorar sus barrios y sus comunidades.
·         Gracias por la posibilidad de ver en sus vidas como la santidad se hace carne: santidad ante el dolor físico, ante la adversidad, ante las enfermedades….. santidad de aceptar el sufrimiento y el dolor y entregarlo al Dios de la vida como ofrenda de amor.
·         Gracias por los dulcecitos, por la palabra presente, por los abrazos, por las miradas…. Por la ternura.
·         Gracias por las oraciones en la capilla en donde la voz profunda del Pedrito no solo resonaba en el ambiente, sino que latía en el corazón, cuando leía “ este rostro señor me vuelve loco” o cantaba “Jesucristo que tienes que ver conmigo”.
·         Gracias por incluirnos en su familia, en donde la mamá del Pedrito nos recibía siempre con amor y cariño, y nos mostraba de donde había sacado el Pedrito su dulzura y en donde la violetita era como sobrina nuestra cuando era pequeñita.
·         Gracias infinitas, por llenarnos el corazón con amor, por inspirarnos a tener esperanza frente a los problemas, por animarnos a creer y tener fe en este Dios de la vida, que desde la juventud nos convocó a la opción por los pobres…. Gracias solo por haber sido quienes son y haber estado en nuestras vidas.

Mariita, el equipo nunca se rompió y nunca se romperá…  está y estará porque el amor lo cree todo, lo espera todo…. Porque el amor no pasará.
Pedrito, sigue aquí y seguirá siempre porque está en cada uno de los que estamos aquí. Si cerramos los ojos en este instante y pensamos en usted, todos nos daremos cuenta de que nuestra vida fue tocada, transformada y hecha por algo que usted puso.  Entonces por qué estar triste, porque lloramos? 

En mi corazón solo hay alegría!!  Porque Jesús lo dijo:
Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos obtendrán misericordia. 
Bienaventurados los puros de corazón: porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.


Y ahora yo lo digo también:

Bienaventurado Pedrito, porque fue y es un hombre manso, que amó a los pobres, que tuvo hambre y sed de justicia, misericordioso, puro de corazón, pacificador; y por todo esto tengo la certeza de que está viendo a Dios, de que él le ha llamado su hijo, que está en el Reino de Dios y que está siendo saciado por su amor.

Y Bienaventurados nosotros y nosotras, por ser testigos de todo esto, por haberles tenido al Pedrito y a la Mariita y seguirles teniendo.

Por eso este es un momento de celebración,  porque cuando se agradece por alguien, el corazón solo puede llenarse de alegría.  Honremos la vida de nuestro amigo, no con lágrimas, sino con sonrisas…. Sonrisas que nos motiven a ser un poquito de lo que fue y seguirá siendo nuestro querido Pedrito, Carmelita, por siempre!

María de los Angeles

miércoles, octubre 17, 2012

«Llegué a entender que la muerte no es la última palabra, que no estamos aquí por casualidad»


Blanca López-Ibor
 “No te impliques tanto que vas a sufrir mucho”, le dijeron al comienzo de su carrera a la doctora López-Ibor cuando trataba a una niña con leucemia. Ella respondió: “No me gustaría ser esa niña, ni sus padres, y tener un médico como tú”. Así empezó su vocación por la oncología pediátrica. Ella no trata el cáncer, sino a niños con cáncer. Por eso, toda su energía se desgasta no solo en curar a sus pacientes, sino en conseguir que integren la enfermedad en su vida normal.

Los miedos del niño
Quince mudanzas y distintos hospitales públicos y privados le ha costado a Blanca López-Ibor formar una unidad de oncología pediátrica [en el Hospital Montepríncipe de Madrid] hecha a la medida de las necesidades de los niños con cáncer y sus familias. Ante la enfermedad, un niño tiene dos miedos: al dolor y a estar solo. Por eso, en esta unidad todos los procedimientos dolorosos se realizan bajo anestesia y los niños están siempre acompañados por sus padres.

Incluso en la antesala del quirófano, y siempre que es posible, los niños se duermen en los brazos de sus padres y se despiertan junto a ellos. Por eso la consiga de “el niño en el centro” aquí no es solo una teoría. “No hacemos lo que el médico o el hospital necesitan, sino lo que el niño necesita, como lo necesite y cuando lo necesite, tanto desde un punto de vista técnico como intelectual, social, psicológico y espiritual”, explica la doctora.

En este rincón del hospital no hay una sala de quimio como tal, sino un salón de juegos, un aula de música, un bosque donde celebrar cumpleaños -y en el que los adolescentes hacen fiestas con sus amigos-, un sacerdote de forma permanente y un colegio con un horario de clases en el que ni la propia doctora López-Ibor interrumpe a los alumnos... Este lugar no da miedo, y no porque las paredes estén decoradas con motivos infantiles, sino porque es un sitio donde se respira mucha vida.

Mudanza del alma
Blanca López-Ibor nos recibe en su despacho, otrora repleto de fotos de sus niños, y que ahora viste desnudo. “Hace poco tuve que hacer mudanza del alma”, se excusa. No es de piedra. Llora, abraza, ríe y calla con estos pequeños que le han robado el corazón. Hoy, abre su consulta a Misión para ayudarnos a atisbar un poco mejor este gran misterio que es la enfermedad de un niño. Pero empecemos por el principio.

¿Cómo se supera el miedo inicial ante el diagnóstico de cáncer de un hijo?
Al principio los padres están aterrorizados, ¿cómo no vas a tener miedo a la enfermedad de un hijo? Pero parte del miedo se cura con información, por eso les hacemos expertos en la enfermedad. Aquí todos los niños conocen su diagnóstico, su tratamiento y los efectos secundarios más importantes. Conocí a un niño en un hospital en el que trabajé que se llamaba Gorka. Le pregunté: “¿Tú qué tienes?” Y me dijo: “Una diabetis”. Tenía un linfoma. Así que me dirigí a sus médicos y les pregunté: “¿Por qué le habéis dicho que tiene una diabetes, que es una enfermedad que no se cura, en vez de un linfoma, que sí se cura?” Por eso aquí todos saben el nombre exacto de su enfermedad. Informamos a la vez a padres e hijos. Esa escena de habitación de hospital en la que sale la madre para hablar con el médico es aterradora para el niño. Así que jamás hablamos con unos padres en un pasillo, hablamos con el niño y, a través de él, con los padres. Cuando es necesaria una conversación a puerta cerrada la tenemos siempre en el despacho. Esto es especialmente importante en el adolescente, puesto que necesita confiar en su médico y no saber que están hablando de él “por detrás”. Otra parte del miedo se cura caminando por dos carriles: el de la confianza y el de la esperanza. Cuando digo esto, los padres interpretan que significa que confíen en mí, y no es en mí en quien tienen que confiar; la confianza y la esperanza están mucho más arriba.

¿Se puede llegar a entender la enfermedad de un niño?
La primera pregunta que se hacen las familias cuando vienen es por qué, ¿por qué está mi hijo enfermo?... y esa no es la pregunta. Esa pregunta te tira al pozo, porque no podemos saber por qué este niño sí y este otro no. La pregunta correcta es para qué. Yo les digo: “Cuando te levantes, pregúntate qué estás haciendo en este mundo. No se me ocurre mejor respuesta que acompañar a un hijo en una enfermedad grave. Y ahora mismo lo que necesita el niño eres tú”. Los niños buscan la seguridad en la mirada de sus padres y lo que más les asusta es verles inseguros. Dicen que los niños, a diferencia de los adultos, no sufren de más compadeciéndose de sí mismos.

¿Ha notado usted un modo peculiar en los niños de vivir la enfermedad?
Yo coloco a los padres desde el primer día en la situación. “El que está enfermo es tu hijo, tú no tienes leucemia, estás en este mundo para acompañarlo y eres un privilegiado porque lo vas a poder hacer. Así que, cuando te levantes, coge la pasta de dientes, pinta un ombligo en el espejo y cuando te canses de mirarlo sal a la calle. No mires tu propio dolor porque estarás perdiendo un tiempo que puedes ocupar en ver y oír cosas que nunca imaginaste que ibas a ver u oír”. Así salen de ese bucle en el que entran. Y eso se aplica al adulto enfermo. Es verdad que, cuando te duele algo, ese dolor ocupa todo en ese momento, pero los médicos tenemos formas de quitar el componente físico del dolor; el componente psicológico y espiritual es otro tema, que trabajamos en este camino. Yo creo que los adultos podemos comportarnos como los niños. Seguro que conocemos a enfermos adultos que, aun estando gravemente enfermos, están sacando a la vida todo lo que la vida tiene. Si no tienes dolor y te encuentras bien, ¿por qué no vas a ir a trabajar?, ¿por qué vas a renunciar a la vida, si hay tanta vida dentro de una enfermedad? Por eso los niños que no pueden no van al colegio, pero si pueden, van, porque eso les hace sentirse bien, seguros y tranquilos. La enfermedad no es un paréntesis en la vida; forma parte de ella. Hay mucha más vida dentro de la enfermedad que fuera de ella, es mucho más real lo que vives cuando estás enfermo. Una de las grandes lecciones de mi vida me la dio Dani, que en medio de su enfermedad hizo todos los viajes y planes que quiso, y no faltó al instituto ni un solo día. Él me marcó el camino que pienso vivir.

¿Qué cambios percibe en padres e hijos desde que llegan aquí hasta que se marchan con el sello de "curados"?
Ese es el gran milagro. Cambian como personas, cambian su escala de valores, descubren lo que es importante, utilizan otro lenguaje, incluso un lenguaje médico… Antes, si el niño se hacía un esguince, era un trauma, ahora no. La vida cambia, pero integramos la enfermedad en la vida normal de la familia. Cuando comencé en esto, solo el 40% de los niños se curaba; hoy en día, se cura más del 80%. Así que el objetivo de mi trabajo no es solo curar al niño, sino lograr que llegue a ser un adulto sano desde el punto de vista físico, psíquico, social y espiritual. Y por eso esta unidad funciona así.

Y cuando no se puede curar a un niño, ¿en qué consiste su labor?
Tratamos de curar a la familia. Cada quince días me reúno con dos grupos de padres de niños que murieron. Nos acompaña un sacerdote y ellos me han enseñado que esto vale la pena, incluso cuando entra un niño por la puerta con un tumor que sé que no se puede curar. Si se cura o no también he aprendido que no está en mis manos. El día que entendí el concepto de ser instrumento la cosa cambió. Y tengo que ser un instrumento muy afinado y aportar todo lo que puedo como médico y persona que soy.

¿Qué consuelo puede haber para un padre al que se le muere un hijo?
Cuando estás roto de dolor porque se te ha muerto un hijo, el pensar que tienes que estar en esta vida porque tienes que cuidar de otros hijos, no basta. Te ayuda saber que hay cosas que no acaban con la muerte, y que no vas a dejar de querer a tu hijo. Yo buscaba el alma en las autopsias, es decir, pensaba que todo se acaba aquí, que somos células y punto. Pero descubrí que hay algo más que no se pesa, que no se mide, pero que está, y que además es mucho más real que las propias células. Yo creo que el sentido de la vida es aprender a vivir con otro tipo de presencia. Aquí los niños se mueren con mucha Vida, y los padres se agarran a esa Vida. Esto es un camino que tienen que recorrer y en el que hay unas caídas tremendas, pero las caídas acaban siendo cada vez más blandas en la medida que van mirando más “hacia arriba”. Ellos me han enseñado que se puede ser feliz en medio del dolor. Les ayudamos a entender que el sentido está dentro de ellos. Si hubo alguien que murió y resucitó y dijo “yo me voy a quedar con vosotros hasta el fin de los tiempos”, y nosotros seguimos ese camino, pues si mueres, estás; de otra forma, pero estás.

¿Cómo ha pasado de "buscar el alma en las autopsias" a sentir con claridad que la vida continúa tras la muerte?
El punto de inflexión fue ver morir a mi hermano Javier. Murió en seis meses y verle evolucionar durante su enfermedad me cambió. Murió en mis brazos con cara de niño y me dije: “Me estoy perdiendo algo”. Hubo una caída del caballo, y llegué a entender que la muerte no es la última palabra, que no estamos aquí por casualidad, que estamos hechos para ser felices, que somos muy queridos y que tenemos mucha capacidad de querer.

¿Hasta qué punto le ha afectado el trato diario con niños enfermos en la relación con sus propios hijos?

Yo soy médico incombustible, nací para esto y soy médico las 24 horas del día, no desconecto. Igual que mis hijos están en mi cabeza por la mañana cuando estoy en el hospital, los niños del hospital están conmigo cuando estoy en casa, forman parte de mí. Eso no quiere decir que no sufra; me cuesta venir al hospital todas las mañanas y enfrentarme a lo que me tengo que enfrentar, y el día que me deje de costar dejaré de ser médico.

¿Podría trabajar en esto sin fe?
Yo no tenía fe y era un médico relativamente bueno. Pero ahora sé perfectamente qué hago en este mundo. Además, sé que los niños que murieron están con Jesús y Jesús está vivo, sé que están bien y que me siguen queriendo un montón. Tener esa experiencia todos los días me ha hecho inmensamente feliz.

¿Se puede ser un buen médico sin fe?
Probablemente sí, pero se es mucho más feliz con fe.

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Gracias a la unidad de oncología pediátrica que dirige Blanca López-Ibor y al empeño de la presidenta de la Fundación Mujer, Familia y Trabajo, Gloria Juste, se consiguió hace un año que el Ministerio de Trabajo aprobara la prestación por cuidado de menores afectados por cáncer u otra enfermedad grave, con el fin de que uno de los padres tenga un permiso laboral para acompañar a su hijo. “No es un derecho de los padres, es un derecho del niño a estar con sus padres cuando está enfermo en el hospital o en casa y no puede ir al colegio”.

Ahora, la doctora se ha marcado un nuevo objetivo: convencer a los colegios de que los niños con cáncer son como los demás y deben ser tratados como tal. “Hay algunos centros donde les regalan las notas, y eso ofende a un niño profundamente”, explica. “Los niños no quieren ser héroes ni quieren dar pena, no desean ser especiales; por eso, debemos crear una cultura de verdad, no una cultura desde la pena ni desde el morbo. La enfermedad forma parte de la vida, le da sentido, la enriquece, te hace descubrir lo importante y te hace feliz, porque descubres a la gente que te quiere y lo que tú eres capaz de querer”.