Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo
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lunes, abril 08, 2013

Mapa de la ultraderecha católica

Los escándalos de abusos sexuales a menores, que han afectado a la Iglesia Católica con especial dureza durante este año, han destapado la existencia de complejos grupos de poder al interior del catolicismo. Para la opinión pública es bastante conocida la existencia del Opus Dei, cuyos rasgos sectarios han sido divulgados por ex miembros de esta prelatura personal fundada en 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer(1). La “fama” del Opus es tal que incluso ha llegado a alimentar la imaginación de bestsellers como El Código da Vinci, de Dan Brown. Por su parte, los escandalosos crímenes del mexicano Marcial Maciel han contribuido a divulgar la existencia de los Legionarios de Cristo, congregación fundada en 1941 que cuenta con una rama de sacerdotes, una sección de mujeres consagradas y con una rama laical llamada Regnum Christi.

Tanto el Opus como la Legión han sido señalados como sociedades sectarias, debido a que practicarían métodos de manipulación sicológica de sus miembros, tanto en sus procesos de reclutamiento como durante su permanencia en las instituciones. Además, se les asocia con sectores políticamente conservadores, proclives a posiciones de extrema derecha y con influencia sobre empresarios y corporaciones. En ambos casos los estudios e investigaciones han sido abundantes y las pruebas saltan a la vista. Además se ha empezado a revelar la compleja trama de negocios que ambos grupos han construido, como el Grupo Integer, un holding que opera como caja fuerte y centro directivo de todas las obras de la Legión de Cristo en el mundo, cuyo patrimonio global está estimado en 25 mil millones de euros.

Otro sector que ha salido a debate en nuestro país es la Pía Unión Sacerdotal del Sagrado Corazón de Jesús, organización que construyó Fernando Karadima desde su parroquia y que estaría compuesta por una cincuentena de sacerdotes y cinco obispos. Junto a las denuncias de abusos sexuales contra Karadima han aparecido acusaciones de manipulación sicológica e información sobre los lazos entre este grupo y sectores de la ultraderecha chilena, entre otros con los conspiradores y asesinos del general René Schneider, como Juan Luis Bulnes Cerda, hermano del abogado del párroco, Juan Pablo Bulnes Cerda.

Sin embargo, el enjambre de entidades y camarillas que forman parte de la ultraderecha católica es mucho más amplio. Ciertamente el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y el grupo de Karadima son poderosos, sin embargo, es necesario elaborar una cartografía que permita visibilizar a un conjunto de otras asociaciones que han logrado instalarse al interior de la Iglesia Católica y que constituyen un peligro para la sociedad democrática debido a dos aspectos comunes a todas ellas: su carácter sectario, lo que implica la utilización de técnicas de manipulación y férreo control de sus adeptos; y en segundo lugar, su manifiesta oposición al principio de soberanía popular y sus vínculos con represores y violadores de los derechos humanos. En este mapa sería necesario señalar, al menos, a los siguientes grupos:

Sodalicio de la Vida Cristiana. De origen peruano, fue fundado en 1971 por el abogado Luis Fernando Figari, un antiguo adherente a la dictadura militar de Manuel Odría. El grupo original canalizó las inquietudes religiosas del grupo de derecha radical “Dios y Patria”. La facción política se denominó “Confederación de Juventudes”, que desapareció con el correr del tiempo. En cambio el Sodalicio prosperó y se diversificó en otras ramas, como la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, las Siervas del Plan de Dios, la Asociación de María Inmaculada y la Hermandad de Nuestra Señora de la Reconciliación. Todo esto acompañado de planes de negocios y vínculos políticos.

La gran oportunidad para Figari y sus Sodalicios se la abrió la dictadura de Alberto Fujimori, que les permitió copar estructuras del Estado y crear alianzas con los aparatos de inteligencia del régimen. En esos años, el Sodalicio comenzó a ordenar sacerdotes y en la actualidad ya cuenta con dos obispos en el sur peruano, que han destruido con especial virulencia la pastoral indígena y las organizaciones eclesiales de defensa de los derechos humanos. Además han organizado una serie de ataques al gobierno regional de Puno, encabezado por un líder de Izquierda, Hernán Fuentes, en un territorio colindante con Bolivia y con población mayoritariamente quechua y aymara.

En 2007 los Sodalicios se remecieron por la captura in fraganti de uno de sus más antiguos miembros, Daniel Beltrán Murguía Ward, como traficante de pornografía infantil. Aunque la organización oficialmente expulsó a Beltrán, le ha proporcionado constante apoyo judicial por medio del abogado José Luis Pflucker Villanueva, quien ha actuado reiteradamente en la defensa de ex integrantes del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), que manejaba Vladimiro Montesinos.

Heraldos del Evangelio. Se trata de la nueva identidad del movimiento Tradición, Familia y Propiedad, TFP, también conocido como Fiducia. Fue fundado por el ahora “Monseñor” Joao Clá, quién durante décadas fue asistente, secretario y confidente del fundador de TFP, Plinio Corrêa de Oliveira. A la muerte de Plinio, en 1995, Clá logró controlar a parte de sus seguidores bajo la forma de una congregación religiosa con reconocimiento de Roma. El mismo se ordenó sacerdote en 2005 junto a otros catorce seguidores. El proyecto, tal como lo ha declarado, es configurar la “nueva caballería de la Iglesia”.

Para muchos de los antiguos miembros de TFP este giro ha traicionado el carácter contrarrevolucionario y militante de la antigua organización. Pero evidentemente el nuevo estatus de los Heraldos le permite a Clá ampliar las redes y los espacios de poder que Fiducia no poseía. En 1985 la asamblea nacional de obispos del Brasil había declarado que por “(el) carácter esotérico, el fanatismo religioso, el culto prestado a su jefe y progenitor”, TFP no gozaba de comunión con la Iglesia Católica, y exhortó a la feligresía brasileña a no colaborar ni afiliarse a la organización. Bajo su nuevo estatus canónico, los Heraldos pueden aspirar ahora a tener obispos y cardenales, con el mismo propósito de Plinio Corrêa: devolver a la Iglesia al siglo XIX.

En Santiago es posible encontrar a los Heraldos dedicados a la venta de libros de devoción y estampas de la Virgen de Fátima a la salida de las estaciones del Metro. Otro sector chileno heredero de TFP, liderado por Juan Antonio Montes, se ha agrupado bajo el nombre Acción Familia y centra sus ataques en contra de los homosexuales y el feminismo.

Instituto del Verbo Encarnado. Con presencia en más de treinta países en los cinco continentes, es la congregación de mayor crecimiento en el mundo católico. Se inició en Argentina, en San Rafael, en mayo de 1984. Con base en Mendoza, ya tiene sedes en Estados Unidos, Medio Oriente, Chile, Perú, Asia central, Rusia, Italia, Brasil, Pakistán y Lituania. Ha hecho noticia durante este último mes debido a la renuncia de su superior y fundador, el sacerdote Carlos Buela, debido a una pronta intervención vaticana producto de una serie de denuncias de familiares de miembros del grupo que le acusan de conducir con mano de hierro la congregación, ejerciendo actitudes de coerción y sometimiento. Estas denuncias, ya realizadas con anterioridad, explican el exitoso proselitismo de esta asociación. La gravedad de la situación puede implicar la intervención y disolución de la orden.

Buela es seguidor de monseñor Adolfo Tortolo, un obispo vinculado al integrismo católico que defendió la tortura al ejercer como vicario castrense durante la sangrienta dictadura de Videla. Inició su grupo al instalarse en San Rafael, Mendoza, protegido por el obispo conservador León Kruk. Al principio se integraron a la diócesis, pero tenían claro que solamente creando su propio instituto podrían volver a dar misa en latín, usar sotanas negras y negar, en la intimidad del grupo, los preceptos del Concilio Vaticano II. Las técnicas de captación y manipulación que implementó en El Verbo Encarnado le permitieron incorporar rápidamente a muchos jóvenes de todo el país. Muchos rompían sus vínculos familiares y de amistad y se entregaban a las órdenes de Buela. En pocos años el grupo creció y se expandió por todas las diócesis, especialmente aquellas que tenían sacerdotes conservadores.

La jerarquía argentina se comenzó a preocupar porque el seminario del padre Buela era visitado continuamente por golpistas y carapintadas. Eran comunes las visitas de Mohamed Alí Seineldín, de Ricardo Curutchet, y de militares vinculados a la dictadura militar. La jerarquía eclesiástica argentina intentó cerrar sus casas en 2001, y Buela fué trasladado a Ecuador. Sin embargo Angelo Sodano, en aquel entonces secretario de Estado del Papa Juan Pablo II, gestionó que sus casas no se cerraran y que su sede principal de San Rafael se trasladara a Italia. Por este motivo, Buela siempre relata a sus seguidores: “Aprendamos del Opus Dei que se instaló en los años 50 en Roma, cerca del Vaticano y logró todo lo que quiso al vincularse a los que cortan el bacalao”.

Enfrentado a los obispos argentinos, decidió trasladar su noviciado a Chile, instalándolo en La Pintana, bajo el amparo del obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González.

Caballeros de Colón. Fundada en Estados Unidos en 1882, con influencia de la emigración irlandesa, la Orden de los Caballeros de Colón dice contar hoy con 1.7 millones de miembros en todo el mundo. Este elevado número se explica dado su carácter de “sociedad de beneficencia fraternal”, que opera a través de programas de seguros de vida, renta vitalicia y de cuidado de largo plazo, principalmente en Estados Unidos y México. En su origen fue un grupo de choque irlandés contra la discriminación de los protestantes. Sin embargo, hoy los Caballeros de Colón han derivado, sobre todo en México, en un grupo de choque al servicio de jerarcas católicos conservadores y del Partido Acción Nacional (PAN), en el poder. En Estados Unidos se han aliado permanentemente con los sectores más conservadores del Partido Republicano. En agosto de 2004, en plena competencia electoral, los Caballeros no invitaron a su convención, que se llevó a cabo en Dallas, al entonces candidato demócrata John Kerry, pero sí a George W. Bush, quien recibió los aplausos más copiosos al expresar su agradecimiento a los Caballeros por “su trabajo para proteger el Juramento de la Bandera, para que sigamos siendo una nación bajo Dios”.
        
La lista de organizaciones de la extrema derecha católica podría contener más nombres, como el Camino Neocatecumenal, de Kiko Argüello, los llamados Caballeros de Malta y la fraternidad sacerdotal San Pío X. En todos los casos, es posible identificar que ex miembros de estos grupos coinciden en la manipulación de las conciencias a la que se les habría sometido, lo que configura un cuadro en que la libertad de pensamiento y la autonomía interior pueden ser considerados como derechos conculcados o amenazados. Las acusaciones se refieren a métodos de lavado de cerebro, en los que la autoridad religiosa es sacralizada de tal modo que se impide a las personas el libre ejercicio del discernimiento y voluntad. El testimonio del médico James Hamilton es decidor, cuando declaró a TVN que Karadima “fue el representante de Dios sobre mí”. En su relato, a los 17 años fue escogido para ingresar al movimiento juvenil Acción Católica y desde ese momento, “idolatró” al padre Karadima, quien pasó a ser su confesor, guía espiritual y figura paternal. “Sentí que había sido elegido por Dios”, sostuvo Hamilton.

Si se aplicara el principio de precaución se debería investigar diligentemente e impedir que la responsabilidad de los abusos termine encontrando chivos expiatorios que blanqueen el entramado de fondo, que no se explica integralmente sin dar cuenta de la red de intereses políticos que lo ha sostenido

ALVARO RAMIS O.

(1) Para analizar las denuncias de ex miembros del Opus Dei ver: www.opuslibros.org

(Publicado en “Punto Final”, edición 713,  9 de julio, 2010)
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viernes, febrero 22, 2013

Volviendo a las raíces





En nuestra vida experimentamos una curiosa paradoja: cuanto más avanzamos en edad, más regresamos a los tiempos de la infancia. Parece que la vida nos invita a unir las dos puntas y comenzar a hacer una síntesis final. O quién sabe, el ocaso de la vida con la pérdida inevitable de la vitalidad, con los ritmos más tranquilos y los límites insoslayables de esta última fase, inconscientemente nos lleva a buscar fortalecimiento allí donde todo empezó. La existencia cansada viene a humedecer sus raíces en aquellos comienzos de antaño para intentar todavía rejuvenecer y llegar bien a la travesía final.


Eso fue lo que me ocurrió en esta primera semana de febrero cuando volví a mi tierra, a las viejas tierras (“terre vecchie” como decimos entre los parientes): Concórdia, en el interior de Santa Catarina. La ciudad, así como las ciudades vecinas, son conocidas en todo Brasil por sus productos: ¿quién no compró pollos Sadia de Concórdia, jamón Perdigão de Herval del Oeste, ahumados Aurora de Chapecó y salamis de Seara? Pues todas estas empresas están a pocos kilómetros unas de otras. Es una región rica, de colonos italianos, alemanes y polacos, lugares donde Brasil parece haber funcionado bien. Todo está prácticamente integrado, las casas son elegantes y de colores, el bienestar generalizado y no se conocen favelas como tantas que rodean la mayoría de las ciudades del país. Visitamos a los sobrevivientes de la familia, por parte de mi madre sólo una tía cargada de años y de dolores, por parte de mi padre ya no hay nadie. Sólo quedan primos y primas. La mayoría se fue para las ciudades, uno trabaja en Montreal como creador de juegos de Internet, otro es diplomático y los demás en profesiones liberales. Algunos quedaron en la tierra.

Después, los lugares queridos de la infancia. Ellos marcan nuestra psique porque los llevamos dentro: cada cerro, cada curva del camino, cada cuesta o pendiente y por todos lados amplios horizontes, vislumbrándose las montañas del Río Grande del Sur y las elevaciones de los Campos Gerais de Santa Catarina. La mente infantil exagera en las proporciones. Lo que considerábamos una subida penosa y difícil, no pasa de ser una sencilla cuesta o bajada. Los montes inmensos son sólo lomas. Pero siguen iguales las cañadas profundas, por todos los rincones las piedras que hacían penosa la labor de los colonos: el cultivo del trigo y del maíz. Los parrales tan abundantes, uno en cada casa, prácticamente han desaparecido, pues el vino de calidad se ha vuelto accesible.

Aquí nos sentimos parte del paisaje, aquí están nuestras raíces, el lugar donde empezamos a alimentar sueños, a contemplar las estrellas en las frías noches de invierno y a situarnos en el mundo. Es curioso, cuando tengo que hablar en lugares considerados importantes, como la Asamblea General de la ONU o en Harvard, me remito siempre a ese tiempo remoto de donde vengo, recuerdo al niño de pies descalzos y llenos de niguas que fui, alimentado con mucha polenta y lectura precoz de libros. Por más espléndidos paisajes que haya tenido la posibilidad de contemplar, ninguno es interiormente más bonito que el de mi infancia. Porque ella es única en el mundo. Todo lo que es único en el universo nunca más vuelve a suceder y por eso es intrínsecamente hermoso.

Pero lo que me marca cada vez que visito a mis parientes son las fiestas que improvisan: se come mucho, la comida regional, la polenta, los “radicci”, los distintos tipos de “biscotti” y “cucas alemanas”, la “fortaia”, las masas, los quesos y salamis caseros y naturalmente el churrasco. La mayoría de los que quedaron en la tierra tuvo poca escolarización: hablan una mezcla deliciosa de dialecto véneto y de portugués. La cantilena es la misma, con un fuerte acento italiano, del cual yo mismo nunca me liberé. Las manos duras de fuerte trabajo y los rostros marcados de la lucha por la vida causan fuerte impresión. Y hay entre todos un cariño y una cordialidad que conmueve. Los abrazos son de doblar las costillas y los besos de las primas de más edad, de nuestra edad, son largos y sonoros. De algunas siento el olor de mi propia madre, la misma mirada, la misma forma de poner la mano en la cintura. ¿Quién puede resistir la emoción? Y lloro lágrimas de esas que hacen bien.

Los tiempos vuelven al inicio misterioso de la caminada de la vida. Pero tenemos que seguir adelante. Ellos vienen con nosotros en nuestro corazón, ahora ligero y rejuvenecido porque empapó sus raíces en la esencia de la vida que es la sangre, los lazos, el afecto y el amor.

Leonardo Boff

martes, febrero 05, 2013

Cuatro economías


Frei Betto

La globo-colonización provoca tan enorme desigualdad socioeconómica entre la población mundial, que los datos son escandalosos: cuatro norteamericanos -Bill Gates, Paul Allen, Warren Buffet y Larry Ellisson- poseen juntos una fortuna superior a la del PIB de 42 naciones con 600 millones de habitantes. En el Real Madrid, equipo de fútbol de España, tres jugadores -un brasileño, un inglés y un francés- reciben, juntos, salarios anuales de 42 millones de dólares, equivalente al presupuesto anual de la capital de El Salvador, con cerca de 1.8 millones de habitantes.

No es verdad que todos nacemos iguales, como dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Somos desiguales antes incluso del parto. La gestación de una mujer pobre no se puede comparar con la de una rica. Basta comparar el peso de sus bebes y sus defensas orgánicas.

Desde el punto de vista del comportamiento, podemos hablar hoy de cuatro economías:

1) Economía de la necesidad,

2) Economía de la suficiencia,

3) Economia de lo superfluidad y

4) Economía de la opulencia.

Dos terceras partes de la población mundial -4 mil millones de personas- viven inmersas en la economía de la necesidad, pues ni siquiera disponen de alimentación en cantidad y calidad suficiente. En 1960 había en el mundo 1 rico por cada 30 pobres; hoy la proporción es de 1 a 80. Millones de personas sobreviven en función de sus necesidades básicas inmediatas: acceso a lo mínimo de alimentos, de agua, de salud, de vivienda. Tienen suerte cuando encuentran empleo y educación. Es un pueblo condenado al éxodo, a la diáspora, emigrando de una región a otra, llevando consigo todas sus pertenencias. De entre ellos mueren cada día por hambre 24 mil vidas, entre las cuales millares de niños.

La economía de la suficiencia habrá de predominar cuando se hayan reducido las desigualdades y la humanidad conquiste, como anunció el profeta Isaías hace 2,800 años, “la paz como fruto de la justicia” (32,17). Esa economía asegura a cada ciudadano los derechos básicos: alimentación, salud y educación; vivienda, trabajo y transporte; cultura, información y diversión. Es la economía que predomina en los monasterios y conventos, donde nadie es condenado a pasar necesidad y nadie tampoco posee cosas superfluas. Todos los bienes, excepto los de uso personal son socializados -lo que es de uno es de todos-, conforme a lo que dice la Biblia respecto de los primeros cristianos: “Nadie consideraba exclusivamente suyo lo que poseía, sino que todo entre ellos era común (…) Entre ellos nadie pasaba necesidad” (Hechos de los Apóstoles 4,32-34). La economía de suficiencia debería de servir de parámetro y norma para el desarrollo sustentable de las naciones.

La economía de la superfluidad es orquestada por el poderoso engranaje publicitario y favorecida por el acelerado avance tecnológico, que vuelve el producto de hoy obsoleto y descartable mañana. Cuando la tecnología no es capaz de dar un paso adelante en lo que ya está inventado -como se ve en los ejemplos del paraguas o del sacacorchos- recurre a las variantes de “diseño”, de modo que pueda conquistar al consumidor por el aspecto, ya que el mecanismo en sí es invariable. Eso sucede especialmente con el consumo de vehículos de paseo, cuya estética atrae más a los compradores que la potencia del motor, la economía de combustible, la estabilidad y otros aspectos, a los cuales la mayoría ni les presta atención.

El papel de la publicidad es hacer famosa una mercancía y a continuación convertir lo superfluo en necesario. De ese modo miles de consumidores ya no pueden prescindir de ese champú o de aquella marca de refrigerador, recargando sus presupuestos con el consumo innecesario y muchas veces hasta perjudicial para la salud. De esa manera la publicidad invade nuestro universo psíquico, que llega a invertir la relación persona-mercancía. Ésta, realzada por una marca, pasa a darle valor a su comprador. Es como un caballo apreciado por la belleza de sus arreos. El producto pasa a tener más valor que la persona, y ésta sólo es valorada socialmente, y así se siente subjetivamente, en la medida que muestra la marca del producto.

Quizás la más avasalladora economía de lo superfluo hoy día sea la industria de la estética corporal. El culto a la esbeltez del cuerpo, una anticultura deshumanizante, desencadena un enorme gasto de tiempo y de dinero, a causa de la preocupación de parecer hermoso a los ojos ajenos. En una sociedad en que belleza, fama y riqueza son consideradas valores fundamentales, sólo queda la belleza como posibilidad, ya que la riqueza y la fama están restringidas a un círculo hermético.

Son la riqueza y la fama, y también el poder, quienes posibilitan la economía de la opulencia, al alcance del pequeño grupo de privilegiados que hace de su consumo superfluo una forma de ostentación, gastando fortunas con productos y manteniendo un estilo de vida sofisticado. Esa hartura contrasta de tal modo con el nivel de vida medio, que obliga a aquellas personas a protegerse del asedio, del asalto y de la envidia, con un fuerte entorno de seguridad. La economía de la opulencia fetichiza la mercancía, idolatra el mercado, pone el dinero en el lugar de Dios. Y controla el juego de poder en este mundo en que la política es siempre dirigida por la economía. (Traducción de José Luis Burguet.)

viernes, enero 18, 2013

Mural de los Pueblos Latinoamericanos


Mural emplazado en la Catedral de Riobamba, Ecuador.


“Con Proaño compartíamos como hermanos las angustias, esperanzas y la fuerza de la oración y hacía tiempo que le había prometido hacer un mural para la Catedral de Riobamba que representa al Cristo de Poncho, a las comunidades indígenas, profetas y mártires de nuestro tiempo, como Monseñor Romero, el Cardenal Arns, Don Helder Cámara, Pedro Casaldáglia, entre otros y la casa de la Santa Cruz en Riobamba. El Cristo está en la Cruz, pero no está crucificado, es el Cristo de la Esperanza en los pueblos.”


Adolfo Pérez Esquivel
 
Llegar a ser la voz de los humildes, descubrir la injusticia y la maldad, denunciar al injusto y al malvado.
 
 
 
Compartir los peligros en la lucha por vivir en justicia y libertad, arriesgando en amor hasta la vida.
 
 
 
Cristo Indio, Cristo del Poncho. Entregar por amor hasta la vida es la prueba mayor de la amistad, es vivir y morir con Jesucristo.
 
 

viernes, julio 27, 2012

UNA CLASE INOLVIDABLE



Una  mañana cuando nuestro nuevo profesor de "Introducción al Derecho" entró en la clase lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:  

¿Cómo te llamas?
"Me llamo Juan, señor".
¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! - gritó el desagradable profesor.  

Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. 

Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.
Está bien. ¡Ahora sí! ¿Para qué sirven las leyes?...

Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta:

"Para que haya un orden en nuestra sociedad"   

"¡No!" contestaba el profesor  

"Para cumplirlas"

"¡No!"  

"Para que la gente mala pague por sus actos"

"¡¡No!! 

¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?!"... 

"Para que haya justicia", dijo tímidamente una chica.  

"¡Por fin! 

Eso es... para que haya justicia.  

Y ahora ¿para qué sirve la justicia?"

Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera.  Sin embargo, seguíamos respondiendo: 

"Para salvaguardar los derechos humanos"

"Bien, ¿qué más?", decía el profesor.

"Para discriminar lo que está bien de lo que está mal"...

"Para premiar a quien hace el bien."Ok, no está mal pero... respondan  a esta pregunta:   ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?....

Todos nos quedamos callados, nadie respondía.  

"Quiero una respuesta decidida y unánime"

¡¡No!! - dijimos todos a la vez.
¿Podría decirse que cometí una injusticia?
 ¡Sí!

¿Por qué nadie hizo nada al respecto? 

¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? 

Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. 

Todos.  ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!  

Vete a buscar a Juan- dijo mirándome fijamente.
Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de derecho.


Cabe agregar.....

"Todo lo necesario para que triunfe el mal, es que las personas de bien no hagan nada al respecto".