Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo
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lunes, junio 17, 2013

Nosotros hemos encontrado el amor que Dios nos tiene y hemos creído en su amor: Dios es amor


El Evangelio de Jesús con Magdalena indica el fundamento principal de nuestra conversión, de nuestra liberación y paz. El fundamento está en creer que la actitud principal y esencial está en creer en el amor de Dios por nosotros. Esa fue la fe de esta mujer pecadora. Y obtuvo una respuesta de Jesús: “Te quedan perdonados tus pecados… Tu fe te ha salvado; vete en paz”. La Magdalena tiene una profunda convicción: “Dios me ama.. Dios me amó primero”. Esta convicción, a pesar de sus pecados, a pesar de los prejuicios y discriminación del contorno social sobre su condición, la hace vencer, también con amor, todo obstáculo, y poder llegar y acercarse confiadamente, buscando, con un arrepentimiento, lleno de amor por Jesús, el perdón de sus pecados.

La actitud del fariseo Simón, contrasta con la actitud de Jesús. Tanto la actitud de Simón como la de Jesús, nos muestran dos tipos de relaciones muy distintas de espiritualidad con respecto a Dios.

Simón encarna la espiritualidad desde arriba, la del “cumplir” preceptos, la del acumular méritos personales; se trata de una espiritualidad “legalista y de perfeccionismo”, que confía más en su esfuerzo personal que en el amor gratuito de Dios. Esto todavía existe en ciertos movimientos de espiritualidad, centrados en sí mismos en el cumplimientos de sus prácticas, “cumpliendo y acumulando” con sus devociones y prácticas piadosas un “capital de gracia” que poco o nada “chorrea” de amor a sus hermanos externos a los grupos del movimiento; se vive una religión individualista y más bien privada para sus integrantes.

Por otro lado está la actitud espiritual de la Magdalena que Jesús favorece y hace suya. Para la Magdalena lo principal era el amor a Jesús, el Señor. Ese amor la lleva a la conversión. Ella está convencida que su amor a Jesús y el amor de Jesús a ella cubriría la multitud de sus pecados. Tenía un corazón y alma de pobre: era una necesitada de Jesús. Tenía hambre y sed del amor y del perdón salvador de Jesús. Ella a su vez amaba a Jesús. Ese amor de pobreza de espíritu la impulsa a vencer cualquier obstáculo y discriminación por su condición de pecadora. Esa fuerza la hace acercarse a Jesús, rompiendo cualquier barrera y confiando más en la fuerza de su amor que en la discriminación sufrida a causa de sus pecados que reconocía, y que tendían a alejarla. Es “la espiritualidad desde abajo”, desde el fondo de su pecado y miseria humana reconocida con humildad, ella que amaba a Jesús, confiaba que sus brazos, cual ascensor para ella, la subirían y la sacarían de su fango.

Jesús, el Maestro, enseña a través del episodio de la Magdalena, una espiritualidad cristiana. Lo principal es nuestro amor y nuestra entrega confiada a él. Este amor y entrega nuestra a él nos hace olvidarnos de nosotros mismos, aun de nuestros pecados. Lo que a Jesús le interesa es la entrega nuestra y nuestro abandono de nosotros mismos, poniendo toda nuestra vida en él y en los demás. No le interesa un recuerdo de nuestros pecados, defectos, debilidades y limitaciones: lo más importante es la entrega y el amor nuestro a él y a nuestros hermanos. Por eso, comparando el amor de Magdalena y el fariseo, le dice a éste: “Por esto te digo, que su mucho amor demuestra que sus muchos pecados son perdonados”. Lo que quiere Jesús es que el cristiano vaya desde abajo, ascendiendo, de su amor a la conversión y también al cumplimiento con una mística de amor entregado y comprometido. Y esto es más importante que cualquiera otra espiritualidad fría sin amor, cumplida por cumplir.

Ahora, “la espiritualidad desde abajo” de Magdalena es fruto de una convicción: “Dios me ama”. Su amor por mí es el que sube y mejora mi vida, postrada y tirada “a la vera del camino”. La espiritualidad cristiana no es tanto nuestro esfuerzo por buscar a Dios, como creer y aceptar que Dios nos busca y nos ama, a pesar de nuestros pecados. Él es el Dios de lo imposible. Su amor es la victoria que vence al pecado de la humanidad caída: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio por nuestros pecados… Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor… Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero” (1 Jn 4, 10. 16. 19.). No se trata tanto de esfuerzos y méritos personales. Dios se acercó, se abajó, “no consideró indigno hacerse uno de nosotros”. Nació pobre en una pesebrera, y desde allí, desde abajo, comenzó su trabajo lleno de amor por nosotros; se hizo pobre con los pobres, hasta abajarse tanto por amor, que lo llevó a ser “un varón de dolores, ante quien se vuelve el rostro”; se abajó a la manera de un condenado a muerte, cargando con la Cruz de nuestra miseria humana, y desde esa sufrida situación se despoja de todo hasta de su propia vida: “No hay amor más grande que dar la vida por los que se ama”. Y lo que para los criterios humanos es un fracaso, para los criterios de Dios es una victoria. Desde un Dios que se hizo un hombre, que se abajó por amor. Desde abajo, desde una condición de despojo, Jesús obtuvo la victoria que vence al mundo. Y desde un sepulcro en tierra surge la vida y la resurrección, que nos da, desde una vida nuestra débil, frágil y pecadora, una vida que sube hasta la vida eterna.

De este amor, de un Dios que nos ama, haciéndose un hombre, es que Magdalena estaba convencida. Esto la hizo acercarse a Jesús, la hizo ser fiel en su seguimiento del Señor dejando atrás sus faltas y temores, que se convierten en obstáculos que vencer. La raíz de su liberación está en la confianza en un Dios que la ama. Ese amor de Jesús, la llevó a un amor suyo, que la convirtió en la primera mujer apóstol, haciéndola salir desde abajo, desde su pecado, y desde el sepulcro abierto y vacío, desde la aparición del Resucitado a ella, repito, es la primera mujer apóstol: Jesús Resucitado “al amanecer del primer día de la semana, apareció primero a María Magdalena… Jesús le dijo… anda y diles a mis hermanos, que subo a donde está mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes. Entonces María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: ‘He visto al Señor y me ha dicho tales y tales cosas’” (Mc 16, 9; Jn 20, 17 – 18).

Así como la Magdalena, el pecado que hay en nosotros debe convertirse en un salto de fe en el amor de Jesús. Jesús nos dice: Ámame como tú eres. No esperes hacer méritos y esfuerzos meramente personales, porque así no me amarías nunca.

Ante Dios, hay que aceptarse y presentarse como uno es, con todas nuestras fallas, y esperarlo todo de Dios.

La santidad cristiana no consiste o no está en tal o cual práctica de piedad, ni tampoco en la falta de defectos y pecados. La santidad se fundamenta en una actitud del corazón que nos hace pobres de espíritu, humildes, desde abajo, mostrando a Dios nuestra pequeñez y confianza en su amor: “En lo pequeño Dios se manifiesta grande”. 

“El Señor hizo en mí maravillas porque se fijó en la pequeñez de su sierva”. Amén.

Eugenio Pizarro Poblete

jueves, febrero 28, 2013

Deja la Curia, Pedro

20.02.13 | 09:39. Archivado en Pedro Casaldáliga

Deja la curia, Pedro,
desmantela el sinedrio y la muralla,
ordena que se cambien todas las filacterias impecables
por palabras de vida, temblorosas.

Vamos al Huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sangre de los Pobres.

La túnica inconsútil es esta humilde carne destrozada,
el llanto de los niños sin respuesta,
la memoria bordada de los muertos anónimos.

Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina Pilatos se abluciona, legalista y cobarde.

El Pueblo es sólo un «resto»,
un resto de Esperanza.

No Lo dejemos sólo entre guardias y príncipes.

Es hora de sudar con Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres
y erguir la Cruz, desnuda de certezas,
y quebrantar la losa—ley y sello— del sepulcro romano,
y amanecer
de Pascua.
Diles, dinos a todos,
que siguen en vigencia indeclinable
la gruta de Belén,
las Bienaventuranzas
y el Juicio del amor dado en comida.
¡No nos conturbes más!
Como Lo amas,
ámanos,
simplemente,
de igual a igual, hermano.
Danos, con tus sonrisas, con tus lágrimas nuevas,
el pez de la Alegría,
el pan de la Palabra,
las rosas del rescoldo...
...la claridad del horizonte libre,
el Mar de Galilea ecuménicamente abierto al Mundo.

miércoles, diciembre 12, 2012

El arte de ser niño


En mi niñez, en el jardín de infantes, en Belo Horizonte, nuestras tareas consistían en soñar, imaginar, colorear, diseñar y modelar en barro figuras extrañas, apilar cubos de madera que, sobrepuestos, se transformaban en casas, puentes, edificios y castillos; en línea recta se convertían en carreteras, líneas férreas y carrozas; y, puestos en círculos, plazas circenses, represas o lagos.

Esa mezcla de tacto, visión e imaginación organizaba mi mundo interior. Bastaban unos pocos pertrechos para que mis sentimientos encontraran expresión en los objetos manipulados o en las líneas de mis diseños. Al hacerlo adquiría una cierta distancia relacional: los pájaros hablan idiomas que sólo ellos entienden; los dragones, brujas y duendes que llenaban mi imaginario no eran personas como mis padres, ni cosas como los bloques de las carreteras, sino entidades espirituales, como Dios y los ángeles, con los que mantenía relaciones de temor, reverencia y fascinación.

Lo mejor de la infancia es el misterio. Llena al niño de una fuerza imponderable, superior a todas las realidades sensibles. El misterio seduce y, tejido de encantos, asusta o atrae al no mostrar el rostro ni pronunciar su nombre propio. Habita aquella zona de la imaginación infantil tan inexpugnable cuanto impronunciable. En ella las conexiones rompen límites y barreras, lo inconsciente se sobrepone a lo consciente, lo sobrenatural se confunde con lo natural, lo divino permea lo humano, y lo insólito, como dragones y piratas, es de una concretez que sólo la ceguera de los adultos es incapaz de comprender.

Los adultos deben mantenerse a distancia cuando el niño se encuentra sumergido en su universo onírico.  Él sabe que carga consigo un tesoro de percepciones que los ojos extraños no pueden descubrir. Recogido en un rincón, tumbado en su cama o saltando en compañía de sus iguales, deja fluir los seres virtuales que habitan su espíritu y con quienes establece un diálogo íntimo, libre de las ataduras de tiempo y espacio. Todo fluye dentro de él gracias a la ausencia de gravedad que le caracteriza.

Si un adulto interfiere se rompe el encanto. Todo se vuelve pesadamente aritmético, como si el ave, aprisionada en el suelo, quedase impedida incluso de soñar con el vuelo, reducida a los limitados movimientos de sus pasos.

Por tanta familiaridad con el misterio los niños son naturalmente religiosos, como si la naturaleza supiera quien se encuentra biológicamente más próximo a la fuente de la vida de percepciones holísticas contenidas en la vitalidad de las células, en la mecánica de las moléculas, en la identidad cuántica de los átomos, donde la materia y la energía son solamente caras de una única realidad.

Privar a un niño de sumergirse en el misterio es amputarle la infancia. Es mutilar su ser, abortando al niño para apresar, de forma cruel, la irrupción irreversible del adulto.

A la sonrisa le sucede la experiencia amarga de quien ya no logra mirar la vida como maravilla, dentro y fuera de sí. Aflora la inseguridad, denunciando carencias y haciéndolas vulnerables a los sueños químicos de las drogas, ya que lo mejor de la infancia fue destruido: sentirse un ser amado.

Frei Betto

martes, diciembre 04, 2012

Haz de mi Señor un instrumento de tu paz

"¡Estoy hecho un lío, Señor! (¿Me oyes? ¿Estás ahí? ¿Existes?)... No me entiendo. No me sé.

¡Con lo fácil que sería ser como todo el mundo, seguir el camino normal, tener más de un par de zapatos y, de vez en cuando, celebrar un cumpleaños...!

Pero desde el día que tuve el coraje de decirme a mí mismo que no creía en lo que estaba haciendo, todo se me tambalea; mi fortaleza está casi derruída, como esta iglesia. Ya no sé en lo que creo ni lo que quiero hacer.

¿Por qué no dejar que todo siga adelante, decir las mismas mentiras que nos repetimos unos a otros, poner mis alegrías en conseguir de vez en cuando el último CD del artista de moda...?

Ahora ya es imposible. Aunque quisiera ya no podría engañarme otra vez. Y aquí estoy yo hoy, que quiero vivir a tope y no a sorbos... y ni siquiera sé por donde empezar...

Estoy hecho un lío, Dios. Y tú, ¿me oyes? ¿existes?

Tú eres el dios de mi niñez. El dios de las primeras mentiras; el "dios te ve" que justificaba tanta ley hipócrita de los mayores; el dios que estaba contento si yo me fastidiaba y que lloraba cuando me masturbaba... (bueno, cuando menos eso me dijeron).

El dios que justifica las guerras, que sanciona las injusticias
sociales, que enseña la sumisión, el acatamiento; que amenaza con la condenación eterna si te atreves a pensar por ti mismo... El dios de una Iglesia que emplea sus mejores energías en ver cómo seguir manteniéndose en el poder; el dios en quien no puede creer nadie medianamente inteligente al llegar a cierta edad... ¡Yo, como aquel señor, no soy ateo: solamente pido cosas dignas de creerse!

Pero tú eres también el Dios que salva el sentido de todo lo que existe: desde el humilde tronquito con una sola hoja hasta los trillones de estrellas regadas como un chorro de leche por los firmamentos perdidos.

Tú eres el Dios existente sin que nadie pruebe tu existencia. Tú no eres un político interesado en aumentar el número de votos, ni te aterroriza, como a las iglesias, que disminuya el número de creyentes, porque para ti lo de creyentes o ateos es algo secundario: todos somos hijos predilectos tuyos, carne de tu carne viva de Creador, hermosas criaturas pensadas una a una desde mucho antes de que el Universo estallase de alegría una mañana, borracho de vida.

En ti creemos los hombres cuando nos sentimos vivos y a ti te estamos viendo cuando vemos el latido de la vida todo alrededor.

Tú hiciste al perro que me mira con ojos candorosos preguntándome si lo voy a sacar a la calle; tú inventaste la lluvia que mansamente cae sobre los tejados de tejas rojas; tuya fue la idea de hacer crecer flores allí donde nadie llegará nunca a verlas, sólo por el gusto de que la belleza fuera gratuita.

De ti, Dios, tenemos semejanza cuando la madre sale corriendo para evitar que su hijito cruce solo la carretera; de ti cuando el hombre, después de un día agotador de trabajo, encuentra a los amigos en el
bar; de ti cuando en la calle la prostituta te agradece que le des fuego, sin repugnancia y sin lástima paternalista...

¿Qué importa que unos te llamen Dios y a otros simplemente se les llenen los ojos de lágrimas? Aunque para muchos tú no existas, todo lo bueno se parece a ti.

Estoy hecho un lío, Dios. ¿qué tengo qué hacer para no desperdiciarme? ¿Por dónde diablos se va a la gran alegría? No es el momento de seguir preguntándome si existes tú, sino de decidir cómo voy a existir yo.

"PADRE" te llamaba Jesús de Nazareth, que pasó por la vida haciendo el bien. Hasta que le exprimieron la vida cuando apenas empezaba a ser hombre. Todo por decirles a los poderosos, a los que deciden lo que
está bien y lo que está mal, que lo suyo estaba mal. Unos pescadores, un empleado de banca y unas cuantas mujeres menuditas le quisieron hasta el grito y la persecución. Porque se quitaba del sueño para andar curando gente, animando a los derrotados y llenando las tardes de paz y de esperanzas buenas.

EL era feliz así. ¿por qué? ¿qué tenía de grande su vida corta, rodeado de la escoria y la podredumbre de un rincón del mundo donde ni siquiera llegaban los periódicos? ¿Quién le pinchó en las venas esa locura de vivir abriendo nuevos mercados al amor? ¿Es que a la cumbre de la vida se llega yendo hacia abajo?

Jesús responde que aprovecha la vida quien pone manos a la obra para que haya vida en abundancia; quien no deja pobre con miseria ni enfermo con dolor ni doliente sin cariño. Que se vive en plenitud cuando se dedica la vida a producir vida (como el humilde asno que saca todo el día cubos de agua con la noria) y luego dejarlo todo más vivo cuando ya tú terminas....

Creer en ti no significa saberse el credo, sino pasar haciendo el bien. Ser cristiano significa hacerlo todo nuevo.

Que así sea en mí. Que esta sea mi locura. Yo engancharé mi vida a la tuya, como la manguera a la fuente y plantaré en mis entrañas la semilla de tu inmortalidad.



Haz de mí, Señor, un creador de cosas vivas;
haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga perdón;
donde haya discordia, ponga unión;
donde haya error, ponga verdad;
donde haya duda, ponga confianza;
donde haya desesperación, ponga esperanza;
donde haya tinieblas, ponga luz,
y donde haya tristeza, ponga yo alegría.



Haz, en fin, Señor, que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar.
Porque dando es como se recibe,
olvidando es como se encuentra,
perdonando se es perdonado

y muriendo se resucita a la vida que no conoce fin.


Así rezó Francisco, el buenagente. Y cuando ya era casi de noche, cuando el silencio reposaba ya sobre cada piedra de aquella iglesita casi destruida el crucifijo de San Damián habló a Francisco y le dijo:

Francisco, ve y repara mi Iglesia, que como ves, amenaza ruina."

de "Oracion en San Damiano", del libro Francisco el Buenagente, de Cortés.

jueves, octubre 18, 2012

TODO



Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y cuando os calumnien de mil modos por causa mía. Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa. (Mt 5,11- 12)

No penséis que he venido a poner paz en la tierra, no vine a traer paz sino  espada. (Mt 10,34)

Si el mundo os aborrece, sabed que antes me aborreció a Mí. Si fueseis del mundo, el mundo os amaría como cosa suya; pero porque no sois del mundo, sino que Yo os escogí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de mis palabras: «No es el siervo mayor que su señor. Si me persiguieron a Mí, también a vosotros os perseguirán». (Jn 15,18-20)

He oído predicar el Evangelio a un sacerdote que vivía el Evangelio. Los pequeños, los pobres, quedaron entusiasmados, los grandes, los ricos, salieron escandalizados, y yo pensé que bastaría predicar sólo un poco el Evangelio para que los que frecuentan las iglesias se alejaran de ellas y para que los que no las conocen las llenaran.

Yo pensé que era una mala señal para un cristiano el ser apreciado por la «gente bien».
Haría falta —creo yo— que nos señalaran con el dedo tratándonos de locos o revolucionarios.
Haría falta —creo yo— que nos armasen líos, que firmasen denuncias contra nosotros, que intentaran quitarnos de en medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo, tengo miedo porque sé que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar,
es todavía relativamente fácil no escandalizarse de él, pero vivirlo... vivirlo es bien difícil.
Tengo miedo de estarme equivocando, Señor. Tengo miedo de estar satisfecho con mi vidita decorosa,
tengo miedo de las buenas costumbres que yo tomo por virtudes,
tengo miedo de mis pequeños esfuerzos que me dan la impresión de avanzar,
tengo miedo de mis actividades que me hacen creer que me entrego,
tengo miedo de mis sabias organizaciones que yo tomo por éxitos,
tengo miedo de mi influencia: me imagino que transforma las vidas,
tengo miedo de lo que doy, pues me esconde lo que no doy,
tengo miedo porque hay gente que es más pobre que yo, los hay peor instruidos que yo peor desarrollados peor albergados peor abrigados peor pagados peor
alimentados menos acariciados menos amados. Yo tengo miedo, Señor, pues no hago bastante por ellos, no hago todo por ellos.
Sería necesario que yo lo diera todo
sería necesario que yo lo diese todo hasta que no quedara ni un solo sufrimiento,
ni una sola miseria, ni un solo pecado en el mundo. Haría falta, Señor, que yo lo diera todo, todo y siempre.
Haría falta que yo diera mi vida.
Pero no, esto no puede ser verdad del todo,
no puede ser verdad para todos. Estoy exagerando, hay que ser razonables.

Hijo mío, no hay más que un solo mandamiento para todos:
«.Amarás con todo el corazón
con toda el alma
con todas sus fuerzas.»

Miche Quoist

lunes, octubre 15, 2012

¿Por qué lo olvidamos?

Para Jesús, el primero no es el que ocupa un cargo de importancia, sino quien vive sirviendo y ayudando a los demás...
Camino de Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos sobre el final que le espera. Insiste una vez más en que será entregado a los hombres y estos lo matarán, pero Dios lo resucitará. Marcos dice que "no le entendieron y les daba miedo preguntarle". En estas palabras se adivina la pobreza de los cristianos de todos los tiempos. No entendemos a Jesús y nos da miedo ahondar en su mensaje.

Al llegar a Cafarnaún, Jesús les pregunta: "¿De qué discutíais por el camino?". Los discípulos se callan. Están avergonzados. Marcos nos dice que, por el camino, habían discutido quién era el más importante. Ciertamente, es vergonzoso ver al Crucificado acompañado de cerca por un grupo de discípulos llenos de estúpidas ambiciones. ¿De qué discutimos hoy en la 

Iglesia mientras decimos seguir a Jesús?
Una vez en casa, Jesús se dispone a darles una enseñanza. La necesitan. Estas son sus primeras palabras: "Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos". En el grupo que sigue a Jesús, el que quiera sobresalir y ser más que los demás, se ha de poner el último, detrás de todos; así podrá ver qué es lo que necesitan y podrá ser servidor de todos.

La verdadera grandeza consiste en servir. Para Jesús, el primero no es el que ocupa un cargo de importancia, sino quien vive sirviendo y ayudando a los demás. Los primeros en la Iglesia no son los jerarcas sino esas personas sencillas que viven ayudando a quienes encuentran en su camino. No lo hemos de olvidar.

Para Jesús, su Iglesia debería ser un espacio donde todos piensan en los demás. Una comunidad donde estamos atentos a quien nos puede necesitar. No es sueño de Jesús. Para él es tan importante que les va a poner un ejemplo gráfico.

Antes que nada, acerca un niño y lo pone en medio de todos para que fijen su atención en él. En el centro de la Iglesia apostólica ha de estar siempre ese niño, símbolo de las personas débiles y desvalidas, los necesitados de apoyo, defensa y acogida. No han de estar fuera, junto a la puerta. Han de ocupar el centro de nuestra atención.

Luego, Jesús abraza al niño. Quiere que los discípulos lo recuerden siempre así. Identificado con los débiles. Mientras tanto les dice: "El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí...acoge al que me ha enviado".

La enseñanza de Jesús es clara: el camino para acoger a Dios es acoger a su Hijo Jesús presente en los pequeños, los indefensos, los pobres y desvalidos. ¿Por qué lo olvidamos tanto?

José Antonio Pagola

martes, junio 26, 2012

Palabras de Aliento: La Prueba de Nuestra Fe II


"La fe no probada puede ser una fe genuina, pero es, sin duda, una fe débil, y probablemente mientras esté sin pruebas ha de permanecer enana. 

La fe nunca prospera más que cuando todas las cosas le son contrarias: las tormentas son sus entrenadores y los relámpagos son sus iluminadores. 

Cuando en el mar reina calma, extiende como quieras las velas, la nave no marchará hacia su puerto, pues en un mar dormido la quilla duerme también. Deja que los vientos soplen furiosamente y que las aguas se agiten, pues es así como el barco podrá llegar al puerto deseado, aunque se balancee de un lado al otro, y aunque su cubierta se lave con las olas, y el mástil cruja bajo la presión de las infladas velas.

Ninguna flor tiene un azul tan hermoso como las que crecen al pie de los helados ventisqueros. Ninguna estrella brilla más que las que fulguran en el cielo polar; ninguna agua tiene un gusto más agradable que la que corre por el desierto de arena, y ninguna fe es tan preciosa como la que vive y triunfa en la adversidad. 

La fe probada trae experiencia. Si no hubieses estado obligado a pasar por los ríos, no habrías creído en tu debilidad; si no hubieses sido sostenido en medio de las aguas, nunca habrías conocido la potencia de Dios. La fe cuanto más se ejercita en la tribulación, más crece en firmeza, en seguridad y en intensidad. La fe es preciosa, y su prueba es preciosa también".

C. H. Spurgeon. Lecturas Matutinas. La prueba de vuestra fe

lunes, junio 25, 2012

Palabras de Aliento: La Prueba de Nuestra Fe


"En los caminos de la fe no existen líneas rectas porque la gracia, por principio, es oscilante y la voluntad de Dios, por ser gratuidad, es desconcertante.

No hay solución cierta o automática para afrontar los altibajos imprevisibles de la enfermedad. Sólo hay una respuesta: aceptar con amor lo que venga, sea lo que fuere. Este es el secreto de la paz.

No sabemos qué hay detrás de la pared (y la pared se llama tiempo), pero sí conocemos a Aquel 'en cuyas manos está nuestro destino' (Sal. 30), y eso basta. Vivir en la fe significa aceptar con amor lo que cada momento nos depara imprevisiblemente. 

En resumen, el secreto de la paz está en aceptar con fe y amor las eventualidades oscilantes que la enfermedad puede traerme a cada momento como expresión de la voluntad permisiva del Padre". 

Ignacio Larrañaga. Las Fuerzas de la Decadencia

lunes, octubre 24, 2011

EL TESTIGO MAYOR DEL SOÑADOR, SE FUE, PERO SUS SUEÑOS QUEDAN

Nidia Arrobo Rodas[1][1]

“Soy una flor que no solo está pendiente del futuro sino que tiene sus raíces en el futuro.  El Resucitado-Resucitador es mi futuro Absoluto.”
Padre Agustín Bravo Muñoz

En el lecho del Hospital Andino de Riobamba hace ocho días visité al Padre Agustín Bravo Muñoz y con dolor hasta las lágrimas constaté como inexorablemente se apagaba la fecunda vida de quien fuera fiel amigo, servidor y  Vicario de Mons. Leonidas Proaño, el obispo de los indios y profeta de los pobres.

Su cuerpo envejecido por los años, acabado por esa entrega total, radical a la causa del Reino, a la causa evangélica de la opción preferencial por los pobres, a la causa de la liberación de los pueblos indios se extinguía, como se extingue el sol crepuscular para dar paso al reposo, al descanso. Y me estremecí al ver como su palabra viva, su gesto de acogida, su sonrisa amplia y sincera, su humor fino… se habían apagado.  Al escuchar mi nombre abrió sus ojos -antes vivaces e inquietos- y me miró… Se había sumergido ya en el SILENCIO total y escaseaban las horas en las que su respiración prosiguiera, único signo de sobrevivencia. Sin embargo una profunda serenidad lo acompañaba, quizás meditaba en esas frases que escribiera años ha en el margen de la página 24 del Tomo VII de la Teología Dogmática de Michael Shmaus “Más allá de la muerte y de la hora de mi muerte me espera la plenitud de la vida: Jesús - la Resurrección y la Vida” y, “El más allá no es un lugar. De entrega en entrega el hombre va viviendo la peregrinación de la fe, hacia la consumación de la entrega total en Dios”

Y, el jueves 13 de octubre a las 8h30 de la noche partió raudo a la Casa del Padre, partió al re-encuentro con los suyos, al re-encuentro con Mons. Proaño a quien defendió con todas sus fuerzas y a quien acompañó incondicionalmente en su largo peregrinaje de liberación durante toda su vida y aún más, después de su muerte. Partió al re-encuentro con sus compañeros de cárcel y de luchas; al re-encuentro en fin con los otros grandes padres de la Iglesia Latinoamericana con quienes soñó en dar vida al Vaticano II, Medellín y Puebla; en la urgencia de la construcción de los cielos nuevos y las tierras nuevas; en el cambio de la Iglesia piramidal en la iglesia viva, pueblo de Dios en marcha, y en la construcción de la sociedad nueva.

Desde el sábado 15 nos sigue evangelizando –como un pobre más- desde su morada en tierra, en el Cementerio general de Riobamba.

Lector voraz, dotado de una preclara inteligencia, gozó siempre de una clarividencia evangélica, de una profunda serenidad, de un humor fino, de una tenacidad y de una coherencia de vida puestas a prueba. Él, el teólogo de la liberación nos mantuvo siempre al día de las grandes corrientes teológicas y humanistas; él, atento al devenir de la Iglesia ecuatoriana, proféticamente nos anticipaba su accionar y nos acompañaba en nuestros compromisos; él profundamente lleno del Espíritu, nos animaba a proseguir por los caminos ciertos de la liberación, tras las huellas de Mons. Proaño.

El Padre Agustín constituyó para nuestra entidad la Fundación Pueblo Indio del Ecuador y para el Centro de Formación de Pucahuaico creados por Mons. Proaño, escudo, soporte y cobijo en esta era de invierno eclesial; fue para la Iglesia de los Pobres y las Comunidades Eclesiales de Base puntal firme y palabra sabia; y para todos, referente vivo de fidelidad a la causa del Evangelio liberador, a la causa de los empobrecidos, de los pueblos indios y a la herencia profética del Obispo de los Indios.

Sus agudos y clarividentes escritos nos acompañan, sus poemas y teologías nos son imprescindibles para continuar en este “carnaval de la vida” que, como buen guarandeño de vez en cuando nos recordaba

“El carnaval de la vida
es vida del carnaval
disfraz de Pascua Florida
sin cura ni sacristán.”

Quito, 19 de octubre de 2011

viernes, agosto 19, 2011

El alpinista


Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua
inicio su travesía después de años de preparación, pero quería la
gloria para el solo, por lo tanto subió sin compañeros.

Empezó a subir y se le fue haciendo tarde... y más tarde, y no se
preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a
llegar a la cima. Pronto obscureció... la noche cayó con gran
pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente
nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las
estrellas eran cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló
y se desplomó por los aires... caía auna velocidad vertiginosa, solo
podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma
oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.
Seguía cayendo y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su
mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida, él
pensaba que iba a morir, pero... de repente sintió un tirón muy
fuerte que casi lo parte en dos... ¡SÍ!... Como todo alpinista
experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una
larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedo
más que gritar:
- "AYUDAME, DIOS MIO"... "AYUDAME DIOS MIO"...!!
De repente una voz grave y profunda de los cielos le contesto:
- "¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?"
- "Sálvame, Dios mío"
- "¿REALMENTE CREES QUE YO TE PUEDA SALVAR?
- "Por supuesto, Dios mío"
- "ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE".

Hubo un momento de gran silencio y quietud. El hombre se aferró aun
más a la cuerda y se quedó totalmente quieto. Cuenta el equipo de
rescate que al otro día encontró colgado a un montañista que había
muerto congelado, agarrado con mucha fuerza a una cuerda... A SÓLO
DOS METROS DEL SUELO!!!.

El alpinista clamó a Dios por ayuda en ese momento de necesidad, y
el Señor le contestó!!!, pero él no tuvo una fe lo suficientemente
grande y fuerte como para confiar ciegamente en el Señor y Sus
palabras. ¿Qué tan grande y fuerte es tu fe en el Señor?

viernes, agosto 05, 2011

¿Cuáles son los factores que destruyen al ser humano?


Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano. Él respondió así:
 
La Política sin principios,
el Placer sin compromiso,
la Riqueza sin trabajo,
la Sabiduría sin carácter,
los Negocios sin moral,
la Ciencia sin humanidad y
la Oración sin caridad.

La vida me ha enseñado
que la gente es amable, si yo soy amable;
que las personas están tristes, si estoy triste;
que todos me quieren, si yo los quiero;
que todos son malos, si yo los odio;
que hay caras sonrientes, si les sonrío;
que hay caras amargas, si estoy amargado;
que el mundo está feliz, si yo soy feliz;
que la gente es enojona, si yo soy enojón;
que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo:
Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa.
La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí.

  "El que quiera ser amado, que ame".

Gandhi