Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo
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miércoles, diciembre 19, 2012

¿Qué podemos hacer?


La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados (Lc 3, 10-18).

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo”. Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de “empobrecernos” poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno… Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis… Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

José Antonio Pagola

miércoles, octubre 17, 2012

«Llegué a entender que la muerte no es la última palabra, que no estamos aquí por casualidad»


Blanca López-Ibor
 “No te impliques tanto que vas a sufrir mucho”, le dijeron al comienzo de su carrera a la doctora López-Ibor cuando trataba a una niña con leucemia. Ella respondió: “No me gustaría ser esa niña, ni sus padres, y tener un médico como tú”. Así empezó su vocación por la oncología pediátrica. Ella no trata el cáncer, sino a niños con cáncer. Por eso, toda su energía se desgasta no solo en curar a sus pacientes, sino en conseguir que integren la enfermedad en su vida normal.

Los miedos del niño
Quince mudanzas y distintos hospitales públicos y privados le ha costado a Blanca López-Ibor formar una unidad de oncología pediátrica [en el Hospital Montepríncipe de Madrid] hecha a la medida de las necesidades de los niños con cáncer y sus familias. Ante la enfermedad, un niño tiene dos miedos: al dolor y a estar solo. Por eso, en esta unidad todos los procedimientos dolorosos se realizan bajo anestesia y los niños están siempre acompañados por sus padres.

Incluso en la antesala del quirófano, y siempre que es posible, los niños se duermen en los brazos de sus padres y se despiertan junto a ellos. Por eso la consiga de “el niño en el centro” aquí no es solo una teoría. “No hacemos lo que el médico o el hospital necesitan, sino lo que el niño necesita, como lo necesite y cuando lo necesite, tanto desde un punto de vista técnico como intelectual, social, psicológico y espiritual”, explica la doctora.

En este rincón del hospital no hay una sala de quimio como tal, sino un salón de juegos, un aula de música, un bosque donde celebrar cumpleaños -y en el que los adolescentes hacen fiestas con sus amigos-, un sacerdote de forma permanente y un colegio con un horario de clases en el que ni la propia doctora López-Ibor interrumpe a los alumnos... Este lugar no da miedo, y no porque las paredes estén decoradas con motivos infantiles, sino porque es un sitio donde se respira mucha vida.

Mudanza del alma
Blanca López-Ibor nos recibe en su despacho, otrora repleto de fotos de sus niños, y que ahora viste desnudo. “Hace poco tuve que hacer mudanza del alma”, se excusa. No es de piedra. Llora, abraza, ríe y calla con estos pequeños que le han robado el corazón. Hoy, abre su consulta a Misión para ayudarnos a atisbar un poco mejor este gran misterio que es la enfermedad de un niño. Pero empecemos por el principio.

¿Cómo se supera el miedo inicial ante el diagnóstico de cáncer de un hijo?
Al principio los padres están aterrorizados, ¿cómo no vas a tener miedo a la enfermedad de un hijo? Pero parte del miedo se cura con información, por eso les hacemos expertos en la enfermedad. Aquí todos los niños conocen su diagnóstico, su tratamiento y los efectos secundarios más importantes. Conocí a un niño en un hospital en el que trabajé que se llamaba Gorka. Le pregunté: “¿Tú qué tienes?” Y me dijo: “Una diabetis”. Tenía un linfoma. Así que me dirigí a sus médicos y les pregunté: “¿Por qué le habéis dicho que tiene una diabetes, que es una enfermedad que no se cura, en vez de un linfoma, que sí se cura?” Por eso aquí todos saben el nombre exacto de su enfermedad. Informamos a la vez a padres e hijos. Esa escena de habitación de hospital en la que sale la madre para hablar con el médico es aterradora para el niño. Así que jamás hablamos con unos padres en un pasillo, hablamos con el niño y, a través de él, con los padres. Cuando es necesaria una conversación a puerta cerrada la tenemos siempre en el despacho. Esto es especialmente importante en el adolescente, puesto que necesita confiar en su médico y no saber que están hablando de él “por detrás”. Otra parte del miedo se cura caminando por dos carriles: el de la confianza y el de la esperanza. Cuando digo esto, los padres interpretan que significa que confíen en mí, y no es en mí en quien tienen que confiar; la confianza y la esperanza están mucho más arriba.

¿Se puede llegar a entender la enfermedad de un niño?
La primera pregunta que se hacen las familias cuando vienen es por qué, ¿por qué está mi hijo enfermo?... y esa no es la pregunta. Esa pregunta te tira al pozo, porque no podemos saber por qué este niño sí y este otro no. La pregunta correcta es para qué. Yo les digo: “Cuando te levantes, pregúntate qué estás haciendo en este mundo. No se me ocurre mejor respuesta que acompañar a un hijo en una enfermedad grave. Y ahora mismo lo que necesita el niño eres tú”. Los niños buscan la seguridad en la mirada de sus padres y lo que más les asusta es verles inseguros. Dicen que los niños, a diferencia de los adultos, no sufren de más compadeciéndose de sí mismos.

¿Ha notado usted un modo peculiar en los niños de vivir la enfermedad?
Yo coloco a los padres desde el primer día en la situación. “El que está enfermo es tu hijo, tú no tienes leucemia, estás en este mundo para acompañarlo y eres un privilegiado porque lo vas a poder hacer. Así que, cuando te levantes, coge la pasta de dientes, pinta un ombligo en el espejo y cuando te canses de mirarlo sal a la calle. No mires tu propio dolor porque estarás perdiendo un tiempo que puedes ocupar en ver y oír cosas que nunca imaginaste que ibas a ver u oír”. Así salen de ese bucle en el que entran. Y eso se aplica al adulto enfermo. Es verdad que, cuando te duele algo, ese dolor ocupa todo en ese momento, pero los médicos tenemos formas de quitar el componente físico del dolor; el componente psicológico y espiritual es otro tema, que trabajamos en este camino. Yo creo que los adultos podemos comportarnos como los niños. Seguro que conocemos a enfermos adultos que, aun estando gravemente enfermos, están sacando a la vida todo lo que la vida tiene. Si no tienes dolor y te encuentras bien, ¿por qué no vas a ir a trabajar?, ¿por qué vas a renunciar a la vida, si hay tanta vida dentro de una enfermedad? Por eso los niños que no pueden no van al colegio, pero si pueden, van, porque eso les hace sentirse bien, seguros y tranquilos. La enfermedad no es un paréntesis en la vida; forma parte de ella. Hay mucha más vida dentro de la enfermedad que fuera de ella, es mucho más real lo que vives cuando estás enfermo. Una de las grandes lecciones de mi vida me la dio Dani, que en medio de su enfermedad hizo todos los viajes y planes que quiso, y no faltó al instituto ni un solo día. Él me marcó el camino que pienso vivir.

¿Qué cambios percibe en padres e hijos desde que llegan aquí hasta que se marchan con el sello de "curados"?
Ese es el gran milagro. Cambian como personas, cambian su escala de valores, descubren lo que es importante, utilizan otro lenguaje, incluso un lenguaje médico… Antes, si el niño se hacía un esguince, era un trauma, ahora no. La vida cambia, pero integramos la enfermedad en la vida normal de la familia. Cuando comencé en esto, solo el 40% de los niños se curaba; hoy en día, se cura más del 80%. Así que el objetivo de mi trabajo no es solo curar al niño, sino lograr que llegue a ser un adulto sano desde el punto de vista físico, psíquico, social y espiritual. Y por eso esta unidad funciona así.

Y cuando no se puede curar a un niño, ¿en qué consiste su labor?
Tratamos de curar a la familia. Cada quince días me reúno con dos grupos de padres de niños que murieron. Nos acompaña un sacerdote y ellos me han enseñado que esto vale la pena, incluso cuando entra un niño por la puerta con un tumor que sé que no se puede curar. Si se cura o no también he aprendido que no está en mis manos. El día que entendí el concepto de ser instrumento la cosa cambió. Y tengo que ser un instrumento muy afinado y aportar todo lo que puedo como médico y persona que soy.

¿Qué consuelo puede haber para un padre al que se le muere un hijo?
Cuando estás roto de dolor porque se te ha muerto un hijo, el pensar que tienes que estar en esta vida porque tienes que cuidar de otros hijos, no basta. Te ayuda saber que hay cosas que no acaban con la muerte, y que no vas a dejar de querer a tu hijo. Yo buscaba el alma en las autopsias, es decir, pensaba que todo se acaba aquí, que somos células y punto. Pero descubrí que hay algo más que no se pesa, que no se mide, pero que está, y que además es mucho más real que las propias células. Yo creo que el sentido de la vida es aprender a vivir con otro tipo de presencia. Aquí los niños se mueren con mucha Vida, y los padres se agarran a esa Vida. Esto es un camino que tienen que recorrer y en el que hay unas caídas tremendas, pero las caídas acaban siendo cada vez más blandas en la medida que van mirando más “hacia arriba”. Ellos me han enseñado que se puede ser feliz en medio del dolor. Les ayudamos a entender que el sentido está dentro de ellos. Si hubo alguien que murió y resucitó y dijo “yo me voy a quedar con vosotros hasta el fin de los tiempos”, y nosotros seguimos ese camino, pues si mueres, estás; de otra forma, pero estás.

¿Cómo ha pasado de "buscar el alma en las autopsias" a sentir con claridad que la vida continúa tras la muerte?
El punto de inflexión fue ver morir a mi hermano Javier. Murió en seis meses y verle evolucionar durante su enfermedad me cambió. Murió en mis brazos con cara de niño y me dije: “Me estoy perdiendo algo”. Hubo una caída del caballo, y llegué a entender que la muerte no es la última palabra, que no estamos aquí por casualidad, que estamos hechos para ser felices, que somos muy queridos y que tenemos mucha capacidad de querer.

¿Hasta qué punto le ha afectado el trato diario con niños enfermos en la relación con sus propios hijos?

Yo soy médico incombustible, nací para esto y soy médico las 24 horas del día, no desconecto. Igual que mis hijos están en mi cabeza por la mañana cuando estoy en el hospital, los niños del hospital están conmigo cuando estoy en casa, forman parte de mí. Eso no quiere decir que no sufra; me cuesta venir al hospital todas las mañanas y enfrentarme a lo que me tengo que enfrentar, y el día que me deje de costar dejaré de ser médico.

¿Podría trabajar en esto sin fe?
Yo no tenía fe y era un médico relativamente bueno. Pero ahora sé perfectamente qué hago en este mundo. Además, sé que los niños que murieron están con Jesús y Jesús está vivo, sé que están bien y que me siguen queriendo un montón. Tener esa experiencia todos los días me ha hecho inmensamente feliz.

¿Se puede ser un buen médico sin fe?
Probablemente sí, pero se es mucho más feliz con fe.

* * *
Gracias a la unidad de oncología pediátrica que dirige Blanca López-Ibor y al empeño de la presidenta de la Fundación Mujer, Familia y Trabajo, Gloria Juste, se consiguió hace un año que el Ministerio de Trabajo aprobara la prestación por cuidado de menores afectados por cáncer u otra enfermedad grave, con el fin de que uno de los padres tenga un permiso laboral para acompañar a su hijo. “No es un derecho de los padres, es un derecho del niño a estar con sus padres cuando está enfermo en el hospital o en casa y no puede ir al colegio”.

Ahora, la doctora se ha marcado un nuevo objetivo: convencer a los colegios de que los niños con cáncer son como los demás y deben ser tratados como tal. “Hay algunos centros donde les regalan las notas, y eso ofende a un niño profundamente”, explica. “Los niños no quieren ser héroes ni quieren dar pena, no desean ser especiales; por eso, debemos crear una cultura de verdad, no una cultura desde la pena ni desde el morbo. La enfermedad forma parte de la vida, le da sentido, la enriquece, te hace descubrir lo importante y te hace feliz, porque descubres a la gente que te quiere y lo que tú eres capaz de querer”.

miércoles, julio 11, 2012

Un hombre viejo y un perro

Cuidado! ¡Casi tocaste ese auto de costado! Me gritó mi padre. "¿Es que no puedes hacer nada bien?"

Esas palabras me dolieron más que un golpe. Volví mi cabeza hacia el anciano sentado en el asiento junto a mí, desafiándome a contestarle. Se me hizo un nudo en la garganta, y aparté los ojos. No estaba preparada por otra pelea.

"Yo vi el auto, papá. Por favor, no me grites cuando manejo."

Mi voz fue medida y firme,  que sonaba mucho más calmada de lo que realmente me sentía.

Mi padre me miró furioso, después volvió su cabeza y se mantuvo callado. En casa lo dejé enfrente del televisor y fui afuera para componer mis pensamientos. Había oscuras y pesadas nubes en el cielo, prometiendo una lluvia. Un trueno distante retumbó como si fuera el eco de mi agitación interna. ¿Qué puedo hacer con él?

Mi padre había sido leñador en el estado de Washington y en Oregon. Había disfrutado de vivir al aire libre y le gustaba medir su fuerza contra el poder de la naturaleza. Había entrado en agotadoras competiciones de leñadores, y a menudo ganaba. Los estantes de su casa estaban llenos de trofeos que probaban su habilidad.

Pero los años pasaron implacables. La primera vez que no pudo levantar un pesado tronco, hizo una broma sobre eso; pero luego el mismo día lo vi afuera solo, tratando de levantarlo. Se volvió irritable cada vez que alguien le hacía bromas sobre estar envejeciendo, o cuando no podía hacer algo que hacía cuando era joven.

Cuatro días antes de cumplir sesenta y siete años, tuvo un ataque al corazón. Una ambulancia lo llevó al hospital mientras el paramédico le hacía resucitación para mantener la sangre y el oxígeno circulando.

En el hospital, lo llevaron corriendo al cuarto de operaciones. Tuvo suerte, sobrevivió. Pero algo en el interior de papá, murió. El gusto por la vida desapareció. Obstinadamente se negaba a seguir las órdenes del doctor. Las sugerencias y los ofrecimientos de ayuda eran rechazados con sarcasmo e insultos. El número de visitantes disminuyó, y finalmente cesaron. Papá quedó solo.

Mi esposo Dick y yo le pedimos que venga a vivir con nosotros a nuestra pequeña granja. Esperábamos que el aire libre y la atmósfera de granja le ayudaran a ajustar su vida.

Una semana después de venir, ya me arrepentí de la invitación. Nada le parecía satisfactorio. Criticaba todo lo que yo hacía. Me sentí frustrada y deprimida. Pronto me di cuenta que estaba desahogando mi rabia con Dick. Empezamos a discutir y pelear.

Alarmado, Dick buscó al pastor y le explicó la situación. El pastor nos dió citas de consejería para nosotros. Al final de cada sesión, él oraba, pidiendo a Dios que calmara la turbada mente de papá.

Pero los meses pasaban y Dios guardaba silencio. Había que hacer algo y era yo la que lo tenía que hacer.

Al día siguiente me senté con la guía telefónica y llamé a cada una de las clínicas mentales que había en el libro. Expliqué mi problema a cada una de las voces llenas de simpatía que me contestaron.  Justo cuando estaba perdiendo la esperanza, una de esas amables voces de repente exclamó, "¡Recién leí algo que podría ayudarla! Déjeme ir a buscar el artículo..."

Escuché mientras ella leía. El artículo describía el sorprendente estudio hecho en una clínica geriátrica. Todos los ancianos pacientes estaban con tratamiento por depresión crónica. En todos ellos sus actitudes mejoraron en forma excepcional cuando se les dio la responsabilidad de cuidar un perro.

Fui a la municipalidad a ver los perros ofrecidos en adopción.  Después que llené un formulario, un oficial uniformado me llevó a los corrales de los perros. El olor a los desinfectantes inundó mi nariz cuando entré a las filas de jaulas. Cada una contenía de cinco a siete perros. Los había de pelo largo, enrulado, unos negros y otros con manchas que saltaban, tratando de alcanzarme. Los fui estudiando uno por uno pero los rechacé a todos por distintas razones, demasiado grande, o demasiado chico, o demasiado pelo, etc. Cuando llegué al  último corral, un perro desde la esquina más alejada se paró con dificultad, caminó hacia el frente de la jaula y se sentó. Era un pointer, una de las razas aristócratas del mundo de los perros. Pero éste era una caricatura de la raza.

Los años habían puesto en su cara y hocico un poco de gris. Los huesos de sus caderas sobresalían en triángulos desiguales. Pero fueron sus ojos que atraparon mi atención. Calmados y límpidos, me observaban fijamente.

Apuntando al perro, pregunté, ¿Qué me dice de éste? El oficial miró, y sacudió su cabeza, intrigado. "El es un poco raro. Apareció no se sabe de dónde, y se sentó en el portón del frente. Lo entramos,  pensando que quizá alguien viniera a reclamarlo. Eso fue hace dos semanas y nadie ha venido. Su tiempo termina mañana". Hizo un gesto, como que no se puede hacer nada.

Mientras las palabras entraban a mi mente, me volví al hombre con horror... "¿Quiere decir que lo van a matar?"

 "Señora", dijo dulcemente, "Es el reglamento. No hay lugar para todos los perros que nadie reclama."

Miré al pointer otra vez. Sus calmados ojos marrones esperaban mi decisión. "Lo tomaré", dije. Y manejé hasta casa con el perro sentado en el asiento delantero a mi lado. Cuando llegué a casa, toqué la bocina dos veces. Lo estaba ayudando a bajar del auto cuando papá apareció en el porche del frente... “¡Mira lo que te traje, papá!”  dije entusiasmada.

Papá miró, y puso una cara de disgusto. “Si yo quisiera un perro lo hubiera buscado. Y hubiera elegido uno mejor que esta bolsa de huesos. Quédate con él, yo no lo quiero.” Agitó su brazo despectivamente y empezó a caminar hacia la casa.

El enojo creció dentro de mí. Me apretaba los músculos de la garganta  y sentía latidos en las sienes. “¡Es mejor que te acostumbres a él, papá, porque se queda con nosotros!”
Papá me ignoró... “¿Me escuchaste, papá?” Grité. A estas palabras papá se volvió enojado, con sus manos apretadas a sus costados, con sus ojos entornados con odio.

Estábamos parados mirándonos fijamente como duelistas, cuando de repente, el pointer se soltó de mi mano. Fue cojeando despacio hasta mi padre y se sentó frente a él. Entonces muy despacio, cuidadosamente, levantó la pata delantera.

La quijada de mi padre tembló mientras se quedó mirando la pata levantada. La confusión reemplazó la ira de sus ojos. El pointer esperaba pacientemente. De pronto, papá estaba arrodillado, abrazando el animal.

Fue el principio de una cálida e íntima amistad. Papá lo llamó Cheyenne. Juntos, él y Cheyenne exploraron el vecindario. Pasaron largas horas caminando por polvorientos caminos. Iban a las orillas de los rápidos ríos, a pescar sabrosas truchas, pasando largos momentos de reflexión. Incluso comenzaron a ir juntos a la iglesia los domingos, mi padre sentado en un banco y Cheyenne echado silencioso a sus pies.

Papá y Cheyenne fueron inseparables a través de los tres años siguientes. La amargura de mi padre se desvaneció, y él y Cheyenne hicieron muchos amigos.

Entonces, una noche, muy tarde, me extrañó sentir la fría nariz de Cheyenne revolviendo nuestras frazadas. Nunca antes había entrado a nuestro dormitorio en la noche. Desperté a Dick, me puse el salto de cama y corrí al cuarto de mi padre. Papá estaba en su cama, con una faz serena. Pero su espíritu se había ido silenciosamente  en algún momento durante la noche.

Dos días más tarde, mi dolor se hizo todavía más profundo cuando descubrí a Cheyenne tendido muerto junto a la cama de papá. Envolví su cuerpo en la alfombra sobre la cual siempre había dormido. Mientras Dick y yo lo enterrábamos cerca de su lugar favorito de pesca, le agradecí silenciosamente por la ayuda que me había dado para devolver a mi padre la paz y tranquilidad.

La mañana de funeral de papá amaneció nublada y sombría. Este día se ve de la misma manera que yo me siento, pensé, mientras caminaba hacia la línea de bancos de la iglesia reservados por familia. Estaba sorprendida de ver la cantidad de amigos que papá y Cheyenne habían hecho, que llenaban la iglesia. El pastor comenzó su elogio del difunto. Fue un tributo para papá y para el perro que había cambiado su vida.

Entonces el pastor citó Hebreos 13:2. “No dejes de dar hospitalidad a forasteros, porque haciéndolo, algunos han recibido ángeles sin saberlo.” “Muchas veces he agradecido a Dios por haberme enviado un ángel,” dijo.

Entonces me di cuenta, y el pasado cayó todo en su lugar, completando un rompecabezas que no había visto antes: aquella amable y simpática voz que me leyó aquel artículo sobre el estudio en la clínica geriátrica.   La inesperada aparición de Cheyenne en el lugar de los perros para adopción. Su calmada aceptación y completa devoción a mi padre y la proximidad de sus muertes.

Y de repente, comprendí. Me di cuenta que, ciertamente, Dios había contestado mis plegarias en busca de su ayuda.


La vida es muy corta para hacerse dramas por cosas sin importancia, así que:

RIE CON FUERZA, AMA CON SINCERIDAD Y PERDONA RAPIDAMENTE.
VIVE MIENTRAS ESTES VIVO.
PERDONA AHORA A AQUELLOS QUE TE HACEN LLORAR.
QUIEN SABE SI TENDRAS UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD.

viernes, junio 29, 2012

POR UN AMIGO QUE SE VA




Hemos estado siguiendo día a día las noticias referentes al estado de salud de nuestro querido Padre Jesús. Es muy grande la pena, el dolor y la impotencia que tenemos al saber que no podemos hacer nada por la condición de nuestro queridísimo amigo a quien llegamos a tener tanto afecto, con quien compartimos momentos de tanta felicidad, alegría y paz espiritual. Se nos hace tan difícil entender que una persona tan buena y de excepcionales cualidades personales y sacerdotales pueda ser llevada de este mundo.
Él no se va a ir porque siempre permanecerá en nuestras mentes, en nuestros recuerdos de esos días que pasamos en Sucumbíos. Nos consideramos muy afortunados de haberle conocido, de haberle tenido en nuestro hogar metido en nuestra cocina y preparando su famosa tortilla española, de haber tratado de moderar mis ímpetus de "tigre" que se volvía tierno al hablar en público. Imposible olvidar nuestro viaje a La Bonita para verlo compartir con la gente del pueblo que tanto le amaba, e imposible olvidar esas homilías pensadas de una manera tan sistemática y pronunciadas con tanta dulzura y concreción, ajustando las enseñanzas del evangelio a la realidad que debemos vivir los cristianos en este mundo de hoy, en el que hay tantos que le queríamos de verdad y le admirábamos, aunque también hay los sepulcros blaqueados y fariseos, gente mezquina que no supo reconocer en él las virtudes que le sobraban para ser la cabeza de la Iglesia en Sucumbíos.
No lo vamos a olvidar nunca, porque es el hermano que se nos adelanta, el misionero que se entregó y dio todo por los pobres, el verdadero sacerdote seguidor de Cristo y su palabra. Si vamos a llorar por su ausencia aunque nos imaginemos que nos reprocharia con esa sonrisa tan franca y abierta y diría que los tigres no lloran. Fuerte abrazo.

miércoles, junio 27, 2012

El Dar y Recibir Consuelo I

 "La palabra consuelo es hermosa. Significa 'ser con el que está solo'(solus). Brindar consuelo es una de las maneras más importantes de cuidar del otro. La vida está tan llena de dolor, tristeza y soledad que con frecuencia nos preguntamos qué podríamos hacer para aliviar los inmensos sufrimientos que vemos.

Podemos y debemos ofrecer consolar a la madre que perdió a su hijo, al joven que contrajo sida, a la familia que se le incendió la casa, al soldado que fue herido, al adolescente que está pensando en suicidarse, al anciano que se pregunta por qué tiene que seguir viviendo.

Consolar no significa quitar el dolor, sino estar junto al que lo sufre y decirle: 'No estás solo. Yo estoy contigo. Juntos podemos llevar nuestra carga. No tengas miedo. Yo estoy aquí'. Eso es consuelo.
Todos necesitamos tanto darlo como recibirlo".

Henri Nouwen. Pan Para El Viaje.

martes, junio 26, 2012

Palabras de Aliento: La Prueba de Nuestra Fe II


"La fe no probada puede ser una fe genuina, pero es, sin duda, una fe débil, y probablemente mientras esté sin pruebas ha de permanecer enana. 

La fe nunca prospera más que cuando todas las cosas le son contrarias: las tormentas son sus entrenadores y los relámpagos son sus iluminadores. 

Cuando en el mar reina calma, extiende como quieras las velas, la nave no marchará hacia su puerto, pues en un mar dormido la quilla duerme también. Deja que los vientos soplen furiosamente y que las aguas se agiten, pues es así como el barco podrá llegar al puerto deseado, aunque se balancee de un lado al otro, y aunque su cubierta se lave con las olas, y el mástil cruja bajo la presión de las infladas velas.

Ninguna flor tiene un azul tan hermoso como las que crecen al pie de los helados ventisqueros. Ninguna estrella brilla más que las que fulguran en el cielo polar; ninguna agua tiene un gusto más agradable que la que corre por el desierto de arena, y ninguna fe es tan preciosa como la que vive y triunfa en la adversidad. 

La fe probada trae experiencia. Si no hubieses estado obligado a pasar por los ríos, no habrías creído en tu debilidad; si no hubieses sido sostenido en medio de las aguas, nunca habrías conocido la potencia de Dios. La fe cuanto más se ejercita en la tribulación, más crece en firmeza, en seguridad y en intensidad. La fe es preciosa, y su prueba es preciosa también".

C. H. Spurgeon. Lecturas Matutinas. La prueba de vuestra fe

martes, junio 19, 2012

Vigilia por nuestro amigo P. Jesús Arroyo OCD


"No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
 
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que,
pese a todo, acepta los designios de su providencia.
 
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado, a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios que quiere para sí
y que llegará hasta tí aunque jamás lo veas.
 
Piensa que estás en sus manos, tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
 
Vive feliz, te lo suplico, vive en Paz.
 
Que nada te altere.
 
Que nada sea capaz de quitarte tu paz,
ni la fatiga psíquica, ni tus fallos morales.
 
Haz que brote y conserva siempre sobre tu rostro, una dulce sonrísa,
reflejo de la que el Señor continuamente te dirige.
 
Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la PAZ de Dios.
 
Recuerda:  cuanto te reprima e inquiete es falso.
 
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida 
y de las promesas de Dios.
 
Por eso cuando te sientas apesadumbrado, triste,
 ADORA y CONFIA! 
 
  (Theilard de Chardin)
 

lunes, septiembre 12, 2011

UN PASTOR CON MUCHO AMOR




"No temeré mal alguno porque Tú estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado
me infundirán aliento"
Salmo 23:4


El escritor H. W. Mclaughlin cuenta que visitó Israel y conversó con
un viejo pastor. Pensando en el Salmo 23, McLaughlin le preguntó al
pastor cómo usaba él su cayado para consolar y guiar a las ovejas.
El anciano dijo que durante el día, siempre llevaba el cayado
atravesado sobre los hombros de manera que las ovejas puedan verlo.
De alguna manera eso las tranquiliza y les asegura la presencia y
protección del pastor.

Luego explicó que si les sorprende la oscuridad antes de que haya
podido llevar al rebaño a un lugar de descanso seguro para pasar la
noche, o si quedasen atrapados en medio de la niebla y las ovejas no
pudiesen ver el cayado, camina despacio al tiempo que golpea el
suelo con el cayado. Aunque las ovejas no pueden ver el cayado, sí
pueden oír los golpes, y por lo tanto siguen la dirección del
sonido, conscientes de que su pastor va delante de ellas.

La palabra inspirada de Dios es para nosotros lo que el cayado es
para las ovejas; es decir, nos asegura la presencia, protección y
provisión de Dios de día y de noche. A veces vemos su guía muy
claramente en las Escrituras. Sin embargo, otras veces hemos de
escuchar con especial atención al Espíritu de Dios cuando nos habla
a través de las Escrituras.

El Espíritu de Dios nos dará la seguridad de que nuestro Pastor,
aunque no podamos verlo, siempre está con nosotros.

martes, junio 21, 2011

CUANDO LA CONOCÍ...

Cuando la conocí tenía 16 años. Fuimos presentados en una fiesta,
por alguien que decía ser mi amigo. Fue amor a primera vista.
Ella me enloquecía. Nuestro amor llegó a un punto, que ya no
conseguía vivir sin ella. Pero era un amor prohibido. Mis padres
no la aceptaron. Fui expulsado del colegio y empezamos a
encontrarnos a escondidas. Pero no aguanté mas, me volví loco.

Yo la quería, pero no la tenía. Yo no podía permitir que me

apartaran de ella. Yo la amaba: destrocé el coche, rompí todo dentro
de casa y casi maté a mi hermana. Estaba loco, la necesitaba.

Hoy tengo 39 años; estoy internado en un hospital, soy inútil y voy

a morir abandonado por mis padres, mis hermanos, mis amigos y por
ella.

¿Su nombre? Cocaína. A ella le debo mi amor, mi vida, mi

destrucción y mi muerte.

Freddie Mercury

Lo escribió antes de morir de sida.

martes, mayo 24, 2011

“Para curar heridas y reconciliar Sucumbíos”

Quito, 24 de mayo de 2011– Monseñor Gonzalo López Marañón, ex obispo de la provincia ecuatoriana de Sucumbíos, inicia hoy martes a las 17:00 hora local un ayuno y oración permanentes por la reconciliación y la paz en Sucumbíos.

Con el lema “Para curar heridas y reconciliar Sucumbíos”, Monseñor López Marañón, de 77 años de edad, retirado del Obispado de la provincia amazónica desde el pasado mes de octubre, se instalará en el patio de la Capilla del Belén, en la ciudad de Quito, de forma indefinida hasta que haya señales claras de reconciliación entre la población.

La decisión de Monseñor llega tras la agudización del conflicto social y religioso que vive Sucumbíos desde hace meses con la llegada al Vicariato Apostólico de la Congregación de los Heraldos del Evangelio.

Últimos hechos

Monseñor Ángel Polibio Sánchez, está en Sucumbíos para iniciar conversaciones y reuniones con los actores afectados. Ni la Congregación Heraldos del Evangelio, ni la Orden Carmelitas Descalzos están autorizados a regresar a la provincia de Sucumbíos.

La vigilia que mantiene la población, los feligreses de la iglesia San Miguel de Sucumbíos y las organizaciones sociales en el patio de la Catedral desde el 7 de enero pasado continúa. La vigilia está custodiada desde el domingo por la policía para evitar que nuevos grupos de la Renovación Carismática, afín a los Heraldos del Evangelio, provoque tumultos y tensión entre la población, tal y como ocurrió el pasado domingo día 22 por la noche.

Más información y Contactos.

Coordinación de entrevistas y prensa:
Blanca Diego 087314235. Lourdes Vallejo, 098986210. Vinicio Pastor 084057079
Correo: casosucumbios@gmail.com
Más información en www.isamis2010.blogspot.com
Para seguir el ayuno por radio: www.corape.org, www.radiosucumbios.org.ec

Antecedentes del conflicto: 2
El pasado jueves 19 de mayo, la Conferencia Episcopal decidió la salida de los Heraldos del Evangelio de la provincia; salida que se produjo bajo escolta policial. Ahora la jerarquía máxima de la iglesia católica debe resolver la situación que ha puesto en peligro la paz social de la provincia.

La situación solamente podrá resolverse con el reconocimiento de la Asamblea Diocesana como órgano máximo de representación de la iglesia católica de la provincia, según sus miembros.

Otra demanda de la población local es la restitución de derechos, como los derechos del personal de Radio Sucumbíos, despedido de forma verbal e intempestiva por la Administración del P. heraldo Rafel Ibarguren. Así como garantías para el Hogar Infantil.

La tensión en Sucumbíos se elevó en las últimas cuatro semanas con los despidos improcedentes e impago de trabajadores durante al mensos cuatro meses del Hogar Infantil, y el allanamiento violento e ilegal así como el despido verbal intempestivo del personal de Radio Sucumbíos, que se produjo el pasado lunes 16 de mayo.

Antes de la llegada de los Heraldos del Evangelio, la emisora y el Hogar Infantil eran proyectos sociales bajo la coordinación y supervisión del Vicariato de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos y de la Asamblea Diocesana.

Los Heraldos del Evangelio, son una asociación religiosa de corte jerárquica, reconocida en los círculos más conservadores de la iglesia Católica de Roma. Sus orígenes se sitúan en Brasil de la mano del movimiento Tradición, Familia y Propiedad. Esta línea de actuación y pensamiento entra en contradicción con el modelo social y comunitario que lleva Sucumbíos por más de cuatro décadas.

Para Monseñor Gonzalo López Marañón, constructor y motor por 40 años del modelo horizontal y participativo de Iglesia-comunidad, su ayuno puede contribuir a curar heridas y reconstruir el tejido humano social y eclesiástico.

El ayuno de Monseñor será vigilado de cerca por la Cruz Roja y algunos médicos, así como un dispositivo de seguridad. Todo ello para garantizar la salud y la tranquilidad del Obispo que reza por la paz en Ecuador

lunes, mayo 23, 2011

Paz en Sucumbíos



Esta confrontación no es entre comunidades religiosas.

Pedimos que la cúpula de la Iglesia Católica, tome decisiones acordes a la realidad, al bienestar, a los derechos de las personas, a la fraternidad de las comunidades, conociendo las realidades para la pronta reconciliación; todo dentro de lo que manda el evangelio de Jesús, apelamos a toda la sabiduría y generosidad de nuestros pastores.

jueves, abril 28, 2011

Cuando se acaban tus sueños

 

A veces pienso lo difícil que parece la vida cuando la miramos con
el prisma de la humanidad que nos acompaña y no nos deja verla con
los ojos de Dios. Allí, a muchas personas se les acaban los sueños,
porque ven cómo se les escapan los años como el agua entre los
dedos, y cuando quieren alcanzarlos es como querer alcanzar el
viento; y sin darse uno cuenta, pasa un año más, y otro se va detrás
de este, y todo parece igual y nada cambia.

Al principio, sostenemos la bandera esperando que el viento sople y
la haga ondear, pero cuando pasa el tiempo y nada sucede, se nos
arruga la tela y con ella se nos desmoronan los sueños y la
esperanza se hace cada vez más pequeña hasta que al final da paso a
la decepción y por fin a la desilusión de lo que hubiéramos querido
ser o lograr y no llegamos.

Yo soy un soñador y a veces, a mí también me parece que se me acaban
los sueños, porque me veo y siento que muchas cosas se pasaron de
tiempo y que tal vez no las alcancé y cometo el error de la
comparación, es decir me comparo con otros y digo: "no llego, no
alcanzo o no voy a poder porque se me pasó el tiempo del vigor".

No cometas ese error, nunca mires la obra que Dios está haciendo en
otros, "Él es el alfarero" de tu vida y la obra que tiene pensada
formar en ti la va a formar, no importa cuánto le lleve. Cuando no
tengas sueños; detente y duerme, tómate un tiempo para la ilusión,
acuérdate que "Él es el que llama a las cosas que no son como si ya
fuesen y a las que son como si no fuesen." Algunas cosas se
tardan; tal vez Él necesita prepararnos y fortalecernos, o
capacitarnos para lograr los sueños. Pero "Aunque la visión se
tarde, no te desalientes porque llegará"

Algunas personas dicen que soñar no cuesta nada, pero yo no lo
creo. Yo creo que soñar te cuesta todo, porque soñar te impulsa, te
exige, te obliga y muchas veces te alienta o te desalienta. Porque
vivir es soñar; porque una vida sin sueños no existe, es sólo un
recuerdo, una sombra; creo que por eso hay muchas personas que
caminan por las calles con rostros de sombras... porque se les
escaparon los sueños y creen que ya no tienen tiempo de volver a
empezar.

No te preocupes, que el día que no tengas sueños es que ya estás
viviendo en el mayor de los sueños que es el descanso de sus brazos
y en el comienzo de otro sueño que todavía no conocemos pero que
vendrá sin ninguna duda; porque al fin el primero que soñó fue Él.
Soñó con un hombre que fuera su hijo, soñó con un hombre que fuera
su amigo y siguió soñando con hombres que fueran su familia. Soñó
con hombres que le adoraran por lo que Él había hecho por ellos,
soñó con hombres que de su propia decisión lo buscaran y también se
le acabaron los sueños y cuando esto pasó, Él vino en el hombre y se
hizo sueño para seguir soñando y vernos, a ti y a mí dentro de ese
sueño. No te detengas, todavía hay tiempo para seguir soñando...

"Nosotros, en cambio, siempre debemos dar gracias a Dios por
ustedes, hermanos amados por el Señor, porque desde el principio
Dios los escogió para ser salvos, mediante la obra santificadora del
Espíritu y la fe que tienen en la verdad. Para esto Dios los llamó
por nuestro evangelio, a fin de que tengan parte en la gloria de
nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, sigan firmes y
manténganse fieles a las enseñanzas que, oralmente o por carta, les
hemos transmitido. Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios
nuestro Padre, que nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y
una buena esperanza, los anime y les fortalezca el corazón, para que
tanto en palabra como en obra hagan todo lo que sea bueno" 2
Tesalonicenses 2:13-17.

martes, abril 19, 2011

Ánimo Isamis!!!


Al visitar un convento de clausura de las Madres Carmelitas lo primero que respiras es paz y alegría, pareciera que ellas no hacen nada, sin embargo, el día a día es un corre, corre preparando los oficios del coro, de cocina, de sacristía, huerta, lavandería y más… sólo bajan el ritmo cada cierto tiempo en que van a la capilla a colocarse de rodillas ante el Señor, el Dios de Amores, esto lo pueden hacer gracias a dos virtudes apreciadas por Teresa de Jesús: Mortificación y Humildad.

En ISAMIS pasó otro tanto gracias a la vocación misionera carmelitana, en una tierra de misión que exigía mortificación y humildad se fue fraguando en paz una Iglesia viva, alegre, fuerte en su vocación orante y dinámica en sus oficios: Unidades de Pastoral, Comunidades de Base, Organizaciones Populares, Servicios Pastorales: Infancia Misionera, jóvenes, Familia, Refugiados, Mujeres; radio, dispensarios, orfanatos, colegios, internados, centros culturales, capillas, centros de espiritualidad…; fueron acogidos carismas laicales: Renovación, Juan XXIII, Providencia y más… florecieron carismas locales: COIM y sacerdotes diocesanos.

Se estructuró una Iglesia en Comunión y Participación, al puro estilo Evangélico, tal cual pide el Magisterio Católico en cualquiera de sus escritos, por ejemplo, en todo el Capítulo Quinto de APARECIDA. Sin embargo, como buenos Carmelitas lo hicieron en silencio, sin hacer mucho ruido, viviendo en el día a día el amor a la Iglesia.  

Quien se acercaba a ISAMIS reconocía la presencia viva del Evangelio, era verdad lo de Hechos de los Apóstoles:todos tenían un mismo sentir y no había entre ellos diferencias porque lo ponían en común Cf. (Hechos 4, 32-37), esto no era patrimonio de una congregación religiosa o de un grupo de idealistas cristianos, NO, en esa línea vivía toda la Iglesia desde el Obispo hasta el recién bautizado en la comunidad cristiana.

El corazón ardía cuando se explicaban las Escrituras y lo reconocían al partir el pan Cf. (Lc. 24, 13.), esto también es Verdad, no son simples palabras de Lucas, Jesús está vivo y en cada Eucaristía se lo sentía presente, ya sea en una simple casa comunal de un barrio de Lago, o un recinto en tercera línea, o en la Catedral donde nos congregábamos todos los bautizados junto a nuestros ministros laicos o consagrados a Partir el Pan y escuchar la Palabra. Es verdad lo vi: Jesús está vivo y resucitado.

Por eso hermanos de Sucumbíos, no tengan miedo, ustedes son los herederos legítimos de esta Iglesia Carmelitana, no olviden a nuestra Madre Teresa de Jesús: “¿Pensáis, hermanas, que es poco bien procurar este bien de darnos todas al Todo sin hacernos partes?” (Camino de Perfección 4,1). Es el momento de mantenernos unidos al Todo que es el Señor, sin hacernos partes, sin divisiones, no están solos. A los indecisos de la Renovación confíen en lo que hemos compartido. Recuerden la Mortificación y Humildad van de la mano dice Teresa: “Son dos hermanas que no hay para qué las apartar. No son éstos los deudos de que yo aviso se aparten, sino que los abracen, y las amen y nunca se vean sin ellas. ¡Oh soberanas virtudes, señoras de todo lo criado, emperadoras del mundo, libradoras de todos los lazos y enredos que pone el demonio, tan amadas de nuestro enseñador Cristo, que nunca un punto se vio sin ellas! Quien las tuviere, bien puede salir y pelear con todo el infierno junto y contra todo el mundo y sus ocasiones”. (Camino 10, 3).

Hay que mantenerse firmes y los enredos del demonio, que ha venido a dividir, no podrán vencernos. No caigan en las provocaciones, mantengan la mortificación y la humildad y ganaremos a este infierno en el que la soberbia ignorancia del nuncio Ottonello, sumada a la vengativa envidia de Arregui y Vela y el deseo de protagonismo de los Heraldos nos han metido. Sigamos firmes porque si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8, 31). 

Vinicio Pástor Andrade.

lunes, abril 18, 2011

Después de la misa

Diariamente Monseñor Gonzalo López Marañon celebra la Eucaristía a las 17:00 en El Carmelo del Inca, a la cual todo el que quiera puede unirse, a esta celebración llega gente de Isamis buscando guía y apoyo; hay otras personas que llegan a acompañarlo y a brindarle su apoyo; y otros que solo quieren conocerlo.

Fruto de una de estas celebraciones nos comparten la siguiente carta:


Amigos y amigas: 

Acabo de regresar de la misa que he compartido con Monseñor Gonzalo, en la parroquia del Carmelo y es una experiencia tan profunda que creo que es necesario difundir el regalo tan grande que Dios me ha dado de conocer a este hombre de Dios y a muchos y muchas otras que, desde Sucumbíos, se convierten en regalos de lucha, perseverancia, fe y amor grande a su tierra, a su gente y a este Dios que se manifiesta desde los sencillos.
 
Hoy he conocido a Santos, un hombre y sacerdote, que desde el primer instante que lo vi supe que hace honor a su nombre.  Había escuchado mucho sobre las Comunidades para la Iglesia y para el mundo y solo hasta ahora pude entender la profundidad de esta experiencia de vida.  Pensar que en un lugar tan cercano a donde vivo puedan existir sacerdotes, religiosos/as, laicos/as que caminen  por la selva o en el mejor de los casos encuentren un vehículo que les lleve a comunidades a donde nadie con "sentido común" iría por la lejanía, me parece una locura.  Y mi sorpresa fue mayor cuando, por petición de Monseñor, Santos me contaba que a su cargo tenía 29 comunidades para acompañar...  me quedé sin palabras.
 
Me pregunto: qué motiva a estos hombres y mujeres a hacer esto por casi 30 años (o más) y al mismo tiempo hacerlo no como una gran labor, sino como algo normal en la vida?  Bueno, la respuesta vino de estos dos hombres que tenía al frente... "Dios un día me hizo entender que esto es lo que tenía que hacer"...
 
Se enteraron que hoy día murió Samuel Ruiz o como le llamaban en Chiapas "Don Samuel" (el obispo que mediaba entre el Comandante Marcos y el Gobierno)?    Hoy la misa celebrada fue por él...  recordando no la muerte, sino celebrando la luz de este hombre, que en palabras de Monseñor Gonzalo cada vez que le querían quitar del obispado, sus sucesores (también muy bien escogidos por la Jerarquía de la Iglesia) terminaban convirtiéndose y continuaban la labor empezada.  
 
Me dio tanta ternura cuando Monseñor Gonzalo terminó esta historia con la frase " ...solo que a él no le mandaron una carta en la que le decían que se fuera en 4 días y es más que se fuera del país, como a mí"  y me dio ternura, en lugar de indignación, porque en el rostro de Monseñor había una sonrisa...  
 
Me acordé de la frase del evangelio "Felices los perseguidos por causa mía..... " y me dio alegría y orgullo estar frente a este hombre, que como preparación para la eucaristía pone una silla por cada grupo de ISAMIS y nos dice:  "esta es por los sacerdotes diocesanos, esta por las comunidades, esta por los religiosos y religiosas, estas por....",  y termina con la silla que está junto a él diciendo:  "y esta es la silla en la que se encuentran presentes también los Heraldos y los señores obispos"... si esto no es la presencia de Dios vivo en la Iglesia, entonces no sé lo que es....
 
Hoy pedimos y agradecimos por las personas de Sucumbios y también por las de todos los lugares del Ecuador y del mundo, que hoy nos unimos para fortalecer la solidaridad con los que hoy están sufriendo y sobretodo para agradecer la presencia de estos hombres y de estas mujeres que sobresalen por su valentía, decisión y entrega....  gracias por Monseñor Gonzalo y por Santos....
 
Contestando a mi pregunta inicial:  creo que lo que motiva a estos hombres y a estas mujeres  es solamente el amor... un amor profundo y desinteresado, un amor que nace en la cotidianidad y que se fortalece en el encuentro con aquellos a los que nadie ve....
 
Como diría Moseñor Gonzalo: "el mundo necesita de corazones valientes" y hoy, y dentro de mi propia reflexión, pienso que el tener un corazón valiente requiere no solo de una solidaridad con aquellos que son víctimas de la injusticia, sino también tener amor por aquellos que las propician y pedir que sea Dios quien actúe en ellos.
 
María de los Angeles Vaca

viernes, abril 08, 2011

Carta abierta al Nuncio y Arregui (¿Qué pasa en Sucumbíos?)


CARTA ABIERTA A MONS. ARREGUI Y AL SR. NUNCIO


Llevamos ya cinco meses desde la llegada de los Heraldos del Evangelio, o Caballeros de la Virgen, a Sucumbíos. Desde que la Congregación de la Evangelización de los Pueblos decidió quitar a los Carmelitas el “IUS COMISSIONIS”, sobre el Vicariato de San Miguel de Sucumbíos, encomienda que la misma Congregación les había confiado en el año 1937 y ahora se la entregaba a la Sociedad Clerical Virgo Flos Carmeli, que integra la Congregación de los Heraldos del Evangelio.
Creo que ha sido ya suficiente tiempo como para constatar las consecuencias de dicho acontecimiento. Y nos seguimos preguntado: ¿Qué es lo que pretendían conseguir con dicho cambio?
En diciembre del 2009 la susodicha Congregación de la Evangelización de los Pueblos envió un Visitador Apostólica a la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, cuyos informes han servido para tomar las decisiones que hacemos referencia. Sin embargo dichos informes nunca llegaron ni a Monseñor Gonzalo López, Obispo de Sucumbíos hasta la fecha de la toma de posesión por parte de los Heraldos, ni a los agentes de pastoral y ministerios de dicha Iglesia. Y a los que por fin hemos podido tener acceso luego de casi un año y medio. ¿Por qué no se nos entregaron dichos informes? ¿No hubiera sido más fácil, más cristiano, menos doloroso, más en consonancia con el Evangelio, más respetuoso para con la Iglesia de ISAMIS, sus agentes de pastoral, sus ministerios y sus comunidades; haber revisado dicho informe, haber tomado conciencia de los fallos y errores cometidos y juntos haber tomado las medidas oportunas para corregirlos?

Y nos enviaron a la Congregación de los Heraldos del Evangelio.
  • Ya los orígenes y antecedentes de la Congregación, su relación con el movimiento Tradición Familia y Propiedad, del cual formaron parte algunos de los sacerdotes de la Sociedad Clerical Virgo Flos Carmeli y el mismo Administrador propuesto, el P. Rafael Ibarguren; su carácter sectario, su fanatismo, sus prácticas de reclutamiento y otros factores que hicieron que la Iglesia no los reconociera como parte integrante de sí misma;
  • Su práctica en Sucumbíos desde su llegada: Se toman la Casa Diocesana que deja ser Casa Diocesana para convertirse en residencia de Heraldos, ya no llegan a ella los campesinos y campesina que venían a visitar a su Obispo, ni tampoco tienen acceso a ella las mujeres que antes vivían ahí;
  • Su desconocimiento (como si no existieran) y su negación a participar de los espacios de participación y de vivencia de la comunión de Isamis: Asambleas Diocesanas de Pastoral, Consejo Diocesano de Pastoral, Consejos de las Unidades Pastorales, Consejos de Pastoral Zonal, Encuentros de los Primeros Viernes;
  • Su intento por acaparar todos los espacios de decisión, sin tener en cuenta para nada al Clero Local, a los Equipos Misioneros, a los Ministerios Instituidos, ni a la práctica pastoral anterior de la Iglesia; intento por conformar un Consejo Jurídico exclusivamente Heraldo sin ninguna comunicación a las instancias de participación de Isamis; nombramiento de párrocos en la Catedral, en el Norte
  • No tener en cuenta las planificaciones que habían preparado las Comunidades y ministerios de las Zonas y Unidades Pastorales. Mantener un lenguaje equívoco: “Todo va a seguir igual, no venimos a destruir sino a continuar …”, pero no teniendo en cuenta nada de lo hecho anteriormente;
  • La agresividad manifiesta por algunos Hermanos de la Congregación en su confrontación con los Ministerios y miembros de las Comunidades y Organizaciones que se oponían a la presencia de los Heraldos en sus Iglesias; desprecio a los ministerios y a las mujeres;
  • Represalias contra algunas personas como retaliación por haber firmado una comunicación de la Asamblea Diocesana de Pastoral solicitando al Registro de la Propiedad la no inscripción del Procurador P. Marlon Jiménez;

Su práctica pastoral centrada en la celebración de misas, sacramentos, visitas a las familias… pero sin ningún tipo de referencia a la Comunidad, sino como algo meramente individualista y sin ningún tipo de compromiso eclesial, menos social; sus visitas a algunas comunidades para celebrar eucaristías o visitas a zonas pastorales sin coordinar con los Equipos Misioneros responsables de dichas zonas;
Su negativa a participar en las Asambleas Diocesanas – solamente participaron en la primera-, convocadas expresamente para dar a conocer lo que es Iglesia de San Miguel de Sucumbíos al P. Administrador y al equipo de los Heraldos;
La situación económica a que se ha llegado, cortar toda ayuda económica a los misioneros y misioneras que no están de acuerdo con su administración; manejar los proyectos de desarrollo con sentido clientelista y proselitista
No estar debidamente registrados como organización religiosa ante el Ministerio de Justicia y Cultos.
Con esta práctica se puede constatar que la frase “no venimos a destruir lo hecho, venimos a continuar la obra de la Iglesia anterior” no es otra cosa que palabras, pero en la práctica van rompiendo todo lo que representaba la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos – ISAMIS. Y también que no hay ningún interés por conocer lo que es la Iglesia de Isamis e insertarse en la vida de las comunidades para lograr la inculturación del Evangelio en la Sociedad tal como nos invita la Iglesia Latinoamericana en sus Asambleas de Pastoral, especialmente las últimas Asambleas de Santo Domingo y de Aparecida.
Constatamos además la incapacidad de los Heraldos del Evangelio para dirigir y administrar la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos. Su falta de experiencia pastoral, su modelo de Iglesia, sus idearios ultraconservadores han provocado una gran división dentro de la Iglesia, llegando incluso a la violencia física como en el último caso de la Comunidad de San Pedro en la vía Colombia, al menosprecio a los ministerios y especialmente a las mujeres.
¿Era necesario provocar este sufrimiento a la Iglesia, a sus comunidades, a sus agentes de pastoral y a sus ministerios? ¿Es este el nuevo modelo de pastoral que se pretendía implantar? No se trata meramente de “once resentidos”, o de “un grupito de personas que se resisten a aceptar el trabajo que realizan los Heraldos”… Es el clamor de toda una Iglesia que se siente herida, dolida, por la violencia de la misma Iglesia. Una Iglesia en que las Comunidades y sus Ministerios han tomado conciencia de ser seguidores y seguidoras de Jesús, de formar parte de esa Iglesia y su compromiso por cambiar esta sociedad para instaurar el Reino de Dios. Una Iglesia que ha ido progresivamente tomando conciencia de su rol en la sociedad y que ahora de golpe se siente maltratada, no respetada ni valorada por sus Pastores.
Es evangélica esa forma de actuar: imponer violentamente una Congregación como Administradora de la Iglesia? Obligar a todos los fieles, comunidades y equipos misioneros a entrar por el modelo de Iglesia, la concepción ideológica y las prácticas de los Heraldos? Será eso lo que quiere Jesús? Será eso lo que quiere la Iglesia cuando nos invita desde Aparecida a “vivir la alegría de ser discípulos misioneros para anunciar el evangelio de Jesucristo?” Será desobediencia al Papa, como nos quieren hacer creer, el defender un modelo de Iglesia que pretende partir de Jesús como modelo, teniendo a Jesús como centro y dinamizador, y trabajar por la transformación del mundo para instaurar aquí el Reino de Dios que Jesús predicó?
Como Iglesia habíamos logrado un ambiente de paz, de fraternidad y de alegría, incluso con hermanos y hermanas que ahora reniegan de esa Iglesia. Aspecto este que nos parece fundamental en una zona donde la violencia, y la inseguridad está a la vuelta de la esquina. Se había logrado una convivencia pacífica y fraterna con los movimientos y carismas, sin embargo ahora se advierte un sentimiento de agresividad y de fanatismo, que ya no es racional, en muchos hermanos y hermanas; se ha dividido la Iglesia, se han dividido las comunidades, se han dividido las familias… este es el resultado de la práctica pastoral de los Heraldos.
No tenemos acceso a los grandes medios de comunicación. Vemos con indignación cómo manejan la información, cómo manipulan los datos, cómo tergiversan la realidad. El Comercio, Teleamazonas… quieren presentar la situación como una pugna entre Heraldos y Carmelitas, sin embargo eso no es cierto. No es una pugna entre congregaciones, es la defensa de un modelo de Iglesia participativo, comunitario, inculturado en la realidad y en la vida del pueblo como nos pide Aparecida. Como le dijo un obispo a Mons. Gonzalo: “Tu pecado ha sido ser fiel al Evangelio y a los Documentos de la Iglesia”. Efectivamente ese es nuestro gran pecado. A Jesús lo condenaron porque fue obediente al Padre, a nosotros nos condenan porque somos obedientes a Jesús. Y enfrente tenemos un modelo de Iglesia autoritario, excluyente, aliado con los poderes de este mundo. Pero nosotros ponemos nuestra confianza en el Señor.
No nos queda sino lo que dijo Jesús: “Esta clase de demonios sólo se puede expulsar con la oración y el ayuno”. Por eso a las Vigilias permanentes que estábamos haciendo en Isamis, añadimos ahora también jornadas de ayuno voluntario, para pedir al Señor de la Vida que nos ayude a mantener y mejorar el Proyecto de Iglesia que hemos trabajado durante estos años.
A pesar de todo seguimos queriendo a nuestra Iglesia, y queremos seguir empeñados con el Proyecto de Jesús.

Atentamente,

Juan Berdonces.
 
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