Jovenes por siempre, Carmelitas de Corazón, Creciendo juntos. Ecuador en la Mitad del Mundo

lunes, enero 24, 2011

Para ti, hijo

Una vez conversando con mi pequeño hijo de 10 años, recordé las
palabras sabias de mi madre que decía: "Mi amor por ti es tan
grande, que quiero que mires tu vida de la siguiente manera: ¿Ves
este libro con sus hojas en blanco?, esa es tu vida, la cual
escribirás día a día."

Hijo mío, depende de ti que en esas páginas sean escritas las
historias más grandes, profundas, y sinceras, y que hablen de la
grandeza de tu corazón y espíritu. Tú serás el autor de ese libro
porque llevará tu firma y sello. Debes intentar que allí sólo
queden plasmadas, las proezas de grandes héroes que lucharon y
batallaron por convertirse en hombres de bien, que ayudan a todo
aquel que necesita de una mano amiga de manera desinteresada, sin
esperar ninguna recompensa a cambio. Ese es el héroe, el gran
hombre, del que te estoy hablando. Por eso amado hijo, elige
siempre el camino del bien, aunque sea más escabroso y difícil.
Para que esas páginas llenen de orgullo a los que vienen detrás de
ti.

Quizás no seas tú quien reciba, halagos, ni agradecimientos, pero
ciertamente te diré que se hablará mucho de ti y quizás sean los
hijos de tus hijos quienes sigan escuchando lo maravilloso de tu
corazón. Esas huellas que dejarás, serán la guía que llevarán a tus
hijos por el mismo camino. Nunca olvides que cada día, cada hora,
cada minuto y segundo que respiras, se lo debes al ser supremo más
grande del universo llamado Dios.

Agradece diariamente por todas las bendiciones recibidas, por todos
los triunfos obtenidos, y también por los fracasos, ya que ellos te
servirán para moldear tu carácter y corregir tus errores. Por eso
cada mañana le pido a Dios que me ayude a ser bueno y cada día
mejor, porque mi pequeño hijo quiere parecerse a mí.

"Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor, ni te ofendas por
sus reprensiones. Porque el Señor disciplina a los que ama, como
corrige un padre a su hijo querido" Proverbios 3:11-12
"El hijo sabio alegra a su padre; el hijo necio menosprecia a su
madre" Proverbios 15:20
"La corona del anciano son sus nietos; el orgullo de los hijos son
sus padres"Proverbios 17:6

viernes, enero 21, 2011

Gotitas de amor


Había un incendio en un gran bosque de bambú; el incendio formaba
llamaradas impresionantes, de una altura extraordinaria. Una
pequeña ave, muy pequeñita, fue al río, mojó sus alas y regresó
sobre el gran incendio, y las empezó a agitar para apagarlo; y
volvía a regresar y volvía a ir una y otra vez; y los sabios que la
observaban, sorprendidos la mandaron a llamar y le dijeron:
- Oye, ¿por qué estás haciendo eso? Cómo es posible? Cómo crees
que con esas gotitas de agua puedas tú apagar un incendio de tales
dimensiones? Date cuenta: No lo vas a lograr.

El ave humildemente contestó:
- ¡El bosque me ha dado tanto, le amo tanto, yo nací en él! Este
bosque me ha enseñado lo importante que es la naturaleza, este
bosque me ha dado todo, este bosque es mi origen... ¡es mi hogar! y
voy a morir lanzando gotitas de agua, aunque no lo pueda apagar.

Los sabios entendieron lo que hacía la pequeña ave y le ayudaron a
apagar el incendio; ella no estaba derramando solamente gotas de
agua... ella estaba derramando ¡gotas de amor!

"No subestimes una gota: millones de ellas forman un océano".
Cada gotita de agua apacigua un incendio.
Cada acción que con amor y entusiasmo emprendamos, se verá reflejado
en un mejor mañana.
Todo acto que con amor realizamos, regresa a nosotros multiplicado.

"Porque tanto amó Dios al mundo, que dia a su Hijo unigénito, para
que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida
eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo,
sino para salvarlo por medio de Él. El que cree en Él no es
condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído
en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Ésta es la causa de la
condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió
las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos" Juan 3:16-
19.

jueves, enero 20, 2011

Reglas de oro


Nunca estén los dos enojados al mismo tiempo.
Nunca se griten el uno al otro, a menos que la casa esté en llamas.
Si uno de los dos tiene que ganar una discusión, deja que sea tu pareja.
Si tienes que criticar, hazlo con amor.
Nunca recuerdes errores del pasado.
Sé negligente con todo el mundo, antes que con tu pareja.
Nunca te retires a dormir con un desacuerdo sin resolver.
Por lo menos una vez cada día trata de decirle algo agradable a tu
pareja.
Cuando te equivoques, admítelo y pide perdón. Se necesitan dos para
formar una disputa, y el que está equivocado es el que más habla.

"Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Esposas,
sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es
cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la
iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a
Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.
Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se
entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con
agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una
iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección,
sino santa e intachable. Así mismo el esposo debe amar a su esposa
como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo,
pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo
alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, porque
somos miembros de su cuerpo. En todo caso, cada uno de ustedes ame
también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su
esposo" Efesios 5:21-33.

martes, enero 18, 2011

Dejar la puerta abierta


Cuando uno de los miembros de la pareja deja de amar y decide
alejarse, hay una persona que siente un gran dolor, y que siente el
peso de la pérdida de una manera diferente. Esta persona es la que
sigue amando, la que no puede comprender o, que si bien comprende lo
que sucede, no lo entiende o se niega a entenderlo. De pronto debe
asumir su vida, su pena, y elaborar el duelo. Es ahí cuando
empezamos a comprender que a veces no podemos tener todo lo que
queremos, y que la vida, o el mundo no era como lo imaginamos.

Soñamos con una vida en pareja, siempre sintiéndonos amados y
amando, en terminar nuestra vida al lado de la persona amada, y así
de sueño en sueño, un día nos despertamos ante esa realidad: Ya no
nos aman, y nos llenamos de preguntas sin respuestas: ¿por qué?
¿cuándo?

Amar implica correr ese riesgo, y cuando se ama de verdad se sufre.
Ante la pérdida debemos tratar de elaborar el duelo, y poco a poco
lograr separarnos de lo que ya no está. Si no aprendemos a soltar,
si no dejamos ir, si el apego puede más que nosotros y nos quedamos
ahí atados, pegados a esos sueños, a esas fantasías, a esas
ilusiones; el dolor crecerá sin parar y día a día nuestra tristeza,
y nuestro sufrimiento serán los compañeros de ruta, de una ruta
hacia la depresión, la falta de incentivo, y la falta de vida.

Cuesta soltar aquello que amamos, duele sentir que ya no somos
amados, pero en ese dolor estamos creciendo y madurando y si
aprendemos a soltar estamos dejando atrás una parte de nuestra
historia y empezamos a abrirnos a lo diferente, a lo desconocido.
Dejar ir es la clave, no es fácil, no es simple, y duele. Pero la
vivencia normal de una pérdida tiene que ver justamente con animarse
a vivir los duelos, con permitirse padecer el dolor como parte del
camino. Y digo dolor y no el sufrimiento, porque sufrir es
resignarse a quedarse amorosamente apegado a la pena.

"Quiero poder abrir la mano y soltar lo que hoy ya no está, lo que
hoy ya no sirve, lo que hoy no es para mí, lo que hoy no me
pertenece. No quiero retenerte, no quiero que te quedes conmigo
porque yo no te dejo ir. No quiero que hagas nada para quedarte más
allá de lo que quieras. Mientras yo deje la puerta abierta voy a
saber que estás acá porque te quieres quedar, porque si te quisieras
ir, ya te habrías ido..."


"Por tanto hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor.
Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto
y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia. Así también
ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del
Señor, que ya se acerca. No se quejen unos de otros, hermanos, para
que no sean juzgados. ¡El juez ya está a la puerta!" Santiago 5:7-
9.

lunes, enero 17, 2011

Compartir las semillas


Un hombre tenía un sembrado de flores bellísimas. Cada día, de su
cultivo salían centenares de paquetes para vender a la ciudad con
las flores más bellas y fragantes que nadie pudiera conocer. Este
hombre, cada año ganaba el premio a las flores más grandes y de
mejor calidad y como era de esperarse, era la admiración de todos en
la región.

Un día, se acercó a él un periodista de un importante medio de
comunicación para preguntarle el secreto de su éxito, y el hombre
contestó:
- Mi éxito se lo debo a que de cada cultivo saco las mejores
semillas y las comparto con mis vecinos, para que ellos también las
siembren.
- ¿Cómo? -dijo el periodista- pero eso es una locura-. ¿Por qué
comparte su mejor semilla con sus vecinos, si usted también entra al
mismo concurso año tras año? ¿Acaso no teme que sus vecinos se
hagan famosos como usted y le quiten su importancia?
Verá usted señor, dijo el floricultor:
- El viento lleva el polen de las flores de un sembrado a otro.
Si mis vecinos cultivaran un semilla de calidad inferior, la
polinización cruzada degradaría constantemente la calidad de mis
flores. Si deseo cultivar las mejores y más bellas flores, debo
ayudar a que mi vecino también lo haga.

Lo mismo ocurre con otras situaciones de nuestra vida. Quienes
quieren lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también
tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los
demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas
que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros
encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla
unido al bienestar de todos los demás.

Es necesario compartir nuestras mejores semillas de cualidades y
virtudes para obtener una excelente cosecha que se verá reflejada en
una mejor sociedad.

"Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que
vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre
humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.
Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo
de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también
fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un
solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y
por medio de todos y en todos" Efesios 4:1-6.

jueves, enero 13, 2011

Nunca digas


Nunca digas todo lo que sabes,
nunca hagas todo lo que puedes,
nunca creas todo lo que oyes,
nunca gastes todo lo que tienes,
nunca juzgues todo lo que ves...

Porque quien dice todo lo que sabe,
hace todo lo que puede,
cree todo lo que oye,
gasta todo lo que tiene,
y juzga todo lo que ve...

Un día dirá lo que no conviene,
hará lo que no debe,
creerá lo que no es,
gastará lo que no puede,
y juzgará lo que no es...

"Hijo mío, si tu corazón es sabio, también mi corazón se regocijará;
en lo íntimo de mi ser me alegraré cuando tus labios hablen con
rectitud. No envidies en tu corazón a los pecadores; más bien,
muéstrate siempre celoso en el temor del Señor. Cuentas con una
esperanza futura, la cual no será destruida. Hijo mío, presta
atención y sé sabio; mantén tu corazón en el camino recto. No te
juntes con los que beben mucho vino, ni con los que se hartan de
carne, pues borrachos y glotones, por su indolencia, acaban
harapientos y en la pobreza. Escucha a tu padre que te engendró y
no desprecies a tu madre cuando sea anciana. Adquiere la verdad y
la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!"
Proverbios 23:15-23

martes, enero 11, 2011

Las 2 piedrecitas


Había dos piedrecitas que vivían en medio de otras, en el lecho de
un torrente. Se distinguían entre todas porque eran de un intenso
color azul. Cuando les llegaba el sol, brillaban como dos pedacitos
de cielo caídos al agua. Ellas conversaban en lo que serían cuando
alguien las descubriera: "Acabaremos en la corona de una reina" se
decían.

Un día por fin, fueron recogidas por una mano humana. Varios días
estuvieron sofocándose en diversas cajas, hasta que alguien las tomó
y oprimió contra una pared, igual que a otras, introduciéndolas en
un lecho de cemento pegajoso. Lloraron, suplicaron, insultaron,
amenazaron, pero dos golpes de martillo las hundieron todavía más en
aquel cemento. A partir de entonces, sólo pensaban en huir.

Hicieron amistad con un hilo de agua que de vez en cuando corría por
encima de ellas y le decían:
- Fíltrate por debajo de nosotras y arráncanos de esta maldita
pared.

Así lo hizo el hilo de agua, y al cabo de unos meses las piedrecitas
ya bailaban un poco en su lecho. Finalmente en una noche húmeda,
las dos piedrecitas cayeron al suelo y yaciendo en la tierra echaron
una mirada a lo que había sido su prisión. La luz de la luna
iluminaba un espléndido mosaico. Miles de piedrecitas de oro y de
colores formaban una figura Divina. Pero en el rostro de aquel
Señor había algo raro, estaba ciego; sus ojos carecían de pupilas.
Las dos piedrecitas comprendieron. Ellas eran las pupilas de Dios.

Al amanecer, el guardián distraído tropezó con algo extraño en el
suelo; en la penumbra, pasó la escoba y las echó al cubo de basura.

Dios tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros, y a veces
no lo entendemos. Y por hacer nuestra propia obra, malogramos lo
que Él había trazado para nosotros. Nosotros somos "las niñas de
los ojos" de Dios. Él nos necesita para que, a nombre suyo,
nosotros podamos llevar el amor al mundo.

"Cristo es la piedra viva, rechazada por los seres humanos pero
escogida y preciosa ante Dios. Al acercarse a Él, también ustedes
son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa
espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para
ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de
Jesucristo. Así dice la Escritura:
-Miren que pongo en Sión una piedra principal escogida y preciosa, y
el que confíe en ella no será jamás defraudado.-

Para ustedes los creyentes, esta piedra es preciosa; pero para los

incrédulos,
-la piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la
piedra angular-.

Y también:

-una piedra de tropiezo y una roca que hace caer.-

Tropiezan al desobedecer la palabra, para lo cual estaban

destinados. Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio,
nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las
obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz
admirable" 1 Pedro 2:4-9.

lunes, enero 10, 2011

Cómo sobrevivir a la pérdida de un amor ?


Cuesta toda una vida decirle adiós a muchas cosas. A medida que
vayamos viviendo, le diremos adiós a los seres, cosas e ideas
queridos. Y al final, le decimos adiós a la vida misma con nuestra
muerte. Aprende a decir adiós. Permítete llorar cada pérdida. Lo
mismo que con una herida física, el cuerpo tiene su propio ritmo
para curarse. El cuerpo te dirá cuándo está curado.

Comprender el proceso de recuperación de una herida emocional es
algo valioso (aunque no necesariamente una técnica para acelerar el
proceso de recuperación), pero sobre todo es como una garantía para
que sepas que, cualquiera que sea la fase en que te encuentres del
proceso, todo se desarrolla con normalidad.

Hay tres fases distintas en el proceso de recuperación. Nosotros
experimentamos cada una de estas fases independientemente de la
pérdida que hayamos sufrido. La única diferencia es la intensidad
del sentimiento y la duración. Cuando se trata de una pérdida de
poca importancia pasamos por las tres etapas, en cuestión de unos
pocos minutos. Pero si se trata de una pérdida muy grande, el
proceso de recuperación puede durar años.

La primera fase es la de shock/negación. Nuestro cuerpo y nuestras
emociones se vuelven insensibles al dolor. La mente se niega a
aceptar la realidad. A menudo, las primeras palabras que proferimos
al enterarnos de la pérdida son: "No, no es verdad" o "No, no puede
ser".

La segunda fase es la rabia/depresión. La persona o cosa causante
de la pérdida nos hace sentir enojados (incluida la persona
perdida). A menudo volvemos la rabia en contra nuestra y nos
sentimos culpables por lo que hicimos o no (el hecho de querer darle
la culpa a los demás o a nosotros mismos no siempre es racional).
La fase depresiva de la pérdida es la tristeza que la acompaña a
menudo: las lágrimas, el dolor, la desolación. Tenemos miedo de
que nunca más volveremos a querer o a ser queridos.

La tercera fase es la comprensión/aceptación. Nos damos cuenta de
que la vida sigue, que la pérdida es algo consubstancial a la vida y
que nuestra vida puede y será completa sin la presencia de aquello
que se perdió. También nos damos cuenta de que, al vivir las dos
primeras etapas de la recuperación, hemos aprendido muchísimo acerca
de nosotros mismos, que nos hemos hecho mejores personas por la
experiencia que hemos adquirido.

Si no nos damos el tiempo y la libertad necesarios para curarnos,
una parte de nuestra capacidad para vivir la vida se congela, se
vuelve inservible para los grandes sentimientos que parecen
gustarnos tanto: felicidad, alegría, contento, amor, paz. El
mecanismo que nos hace sentir la rabia y la depresión es el mismo
que nos hace sentir la paz y el amor. Si tú rechazas sentir la
rabia y el dolor de una pérdida, no estarás en condiciones de sentir
cualquier otra cosa hasta que esa parte que hay en ti que los
rechaza se restablezca.

En el pasado, quizá negábamos el dolor que nos producía una pérdida
(trabajando horas extra, tomando drogas -entre ellas el tabaco y el
alcohol-, realizando otras actividades que crearan adicción, o
mediante la fuerza de voluntad pura y simple -"¡No pienso volver a
sentirme triste por esto nunca más!"-). Si todo eso es cierto, lo
más probable es que las zonas que antaño sufrieron alguna pérdida
todavía no se hayan recobrado.

Cuando te abres a un mayor aprendizaje acerca de ti mismo, en todas
esas zonas se produce un "deshielo", y todos los sentimientos de
tristeza, miedo y rabia afloran a la superficie. Si eso pasa,
quiérete lo suficiente como para vivir el proceso de curación que en
el pasado no te permitiste tener.

No hace falta que sepas en qué consistió la pérdida (lo más probable
es que sea una combinación de varias pérdidas a lo largo de muchos
años), basta con que en esta ocasión te dejes curarte a ti mismo.
En otras palabras, no te interpongas en tu propio camino. Siéntete
mal si quieres sentirte mal. Siente el regocijo también. La
curación se está produciendo. Una parte de ti que hasta ahora era
inservible está siendo reclamada para que en el futuro pueda vivir
la alegría.

A veces una pérdida sin importancia puede desencadenar el dolor de
una pérdida anterior que todavía no se ha sanado. Te puedes
preguntar, por ejemplo, "¿por qué me ha trastornado tanto el rechazo
de esa persona? Pero si acababa de conocerla". A lo mejor todo
consiste en que la curación de una vieja amistad que perdiste
(alguna que significó mucho para ti) está teniendo lugar.




Melva Colgrove, Harold Bloomfield y P. McWilliams

"Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse
de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia,
de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene
queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también
ustedes. Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo
perfecto. Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual
fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos. Que habite
en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y
aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y
canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón. Y todo lo
que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor
Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de Él" Colosenses
3:12-17.

jueves, enero 06, 2011

Tuve un sueño anoche


Un pequeño gusano caminaba un día en dirección al
sol. Muy cerca del camino se encontraba un
saltamontes. "¿Hacia dónde te diriges?", le
preguntó. Sin dejar de caminar, la oruga
contestó: "Tuve un sueño anoche: soñé que desde
la punta de la gran montaña yo miraba todo el
valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he
decidido realizarlo".

Sorprendido, el saltamontes dijo mientras su
amigo se alejaba: "¡Debes estar loco! ¿Cómo
podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple
oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño
charco un mar y cualquier tronco una barrera
infranqueable". Pero el gusanito ya estaba lejos
y no lo escuchó, y su diminuto cuerpo no dejó de
moverse.

De pronto se oyó la voz de un escarabajo: "¿Hacia
dónde te diriges con tanto empeño?". Sudando ya
el gusanito, le dijo jadeante: "Tuve un sueño y
deseo realizarlo; subir a esa montaña y desde ahí
contemplar todo nuestro mundo".

El escarabajo soltó una carcajada y dijo: "Ni yo,
con patas tan grandes, intentaría realizar algo
tan ambicioso".  Y se quedó en el suelo tumbado
mientras la oruga continuó su camino, habiendo
avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo
modo, la araña, el topo, la rana y la flor le
aconsejaron desistir: "¡No lo lograrás jamás!".

Pero en el interior del gusanito había un impulso
que le obligaba a seguir. Ya agotado, sin fuerzas
y a punto de morir, decidió parar a descansar y
construir con su último esfuerzo un lugar donde
pernoctar. "Estaré mejor", fue lo último que
dijo, y murió.

Todos los animales del valle fueron a mirar sus
restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo,
que había construido como su tumba un monumento a
la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno
de uno que murió por querer realizar un sueño
irrealizable.

Una mañana en la que el sol brillaba de una
manera especial, todos los animales se
congregaron en torno a aquello que se había
convertido en una advertencia para los atrevidos.

De pronto quedaron atónitos, aquella concha dura
comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos
ojos y una antena que no podía ser la de la oruga
que creían muerta, poco a poco, como para darles
tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo
las hermosas alas arco iris de aquel
impresionante ser que tenían frente a ellos: Una
mariposa.

No hubo nada que decir, todos sabían lo que
pasaría, se iría volando hasta la gran montaña y
realizaría su sueño, el sueño por el que había
vivido, por el que había muerto y por el que
había vuelto a vivir. Todos se había equivocado.

miércoles, enero 05, 2011

Lo que las mujeres no entienden de los hombres


Puede ser que las mujeres no entiendan algunas de las diferencias
propias del género masculino establecidas por el Creador. Las
mujeres han escrito numerosos libros y artículos explicando su
confusión y falta de comprensión respecto a los hombres. Sin embargo
los hombres raramente hablan claro en respuesta a lo que las mujeres
no entienden de ellos. Por ello hemos preguntado a los hombres:
¿Qué creen ustedes que las mujeres verdaderamente no entienden
respecto a los hombres? Veamos un resumen de las respuestas
recibidas:

"Nosotros creemos que las mujeres no entienden por completo que los
hombres son diferentes a ellas. Ellas aparentan darse cuenta que son
diferentes a nosotros, pero no entienden cuán diferente somos a
ellas y que es bueno que seamos diferentes. La diferencia no es algo
negativo. No nos olvidemos de que Dios nos creó diferentes para un
propósito. Y es bueno. No queremos ser como las mujeres."
"Nosotros somos competidores. Nuestras luchas son causadas por
nuestra búsqueda conjunta de un equilibrio. Nos esforzamos en
encontrar un equilibrio entre combatir enemigos, proveer, cazar,
triunfar, etc. Y ser sensibles, atentos, accesibles, cariñosos, etc.
Estos dos conceptos parecen ser opuestos. El mundo nos pide ser
duros, fuertes, y tenerlo todo bajo control. Sin embargo, nosotros
queremos ser sensibles, disponibles y dispuestos a dar".

"También luchamos para tener un equilibrio entre el trabajo y la
familia. La vida familiar toma su tiempo. El trabajo toma su tiempo.
Ambos exigen mucha energía, sacrificio y empeño. Ambos requieren
asuntos personales. Nosotros los hombres estamos sometidos a
exigencias máximas. Necesitamos reponer nuestras energías -nuestras
energías físicas, mentales y espirituales. Sin embargo, seguimos
luchando porque queremos dar el 110% en cada área de nuestras
vidas."

"Las mujeres generalmente no disfrutan de los mismos pasatiempos e
intereses que nosotros, pero queremos que sepan que necesitamos
estos desahogos. Nos ayudan a olvidarnos del trabajo. Necesitamos
olvidarnos de él de vez en cuando. Cuando jugamos con las mujeres de
nuestras vidas, con frecuencia sólo queremos jugar, no hablar".

"Anhelamos ser apreciados por lo que somos especialmente en nuestro
hogar. Queremos sentir en nuestro hogar un amor incondicional, no
solamente amor por lo que hacemos. Nosotros luchamos con esto todo
el día en nuestro trabajo. Cuando regresamos a casa no siempre
queremos escuchar cuán duro trabajaron nuestras esposas. Necesitamos
escuchar algunos tiernos cumplidos, ¡no sólo quejas!"

"¿Entienden las mujeres realmente cómo nos sentimos respecto a la
responsabilidad de hacer que las cuentas cierren? Su forma de
proceder indica que no. Nos sentimos encargados de proveer para la
familia, ya sea que nuestras esposas trabajen o no. Muchos de
nosotros tememos disgustar a la familia y fracasar en nuestros roles
de protector, proveedor, padre, guía de la familia y cabeza
espiritual."

"Es realmente duro ser un hombre, especialmente el hombre que Dios
espera que yo sea. Existe para mí una gran cantidad de presión
interna si verdaderamente quiero ser un hombre de Dios, un guía para
mi familia, un esposo bueno, tierno, amante y comprensivo. Un padre
dulce, sabio, accesible y compasivo; un trabajador diligente y
modelo; un amigo confiable, atento y responsable.

Siguen muchas respuestas e inquietudes generadas en la consulta,
pero, llegamos ahora al tema del cual siempre estamos hablando: de
emociones, sentimientos, o como ustedes lo quieran llamar. Aquí
existe una confusión, tanto para los hombres como para las mujeres.
Somos seres emotivos. No somos tan insensibles como tradicionalmente
nos han catalogado, pero tenemos dificultad en movernos de la parte
lógica o lineal de la mente emocional –esto es si somos hombres con
conformación cerebral izquierda- Tampoco somos todos de conformación
cerebral izquierda.

En nuestras vidas necesitamos relacionarnos emocionalmente con las
mujeres. Ellas tienden a catalogarnos como solitarios. Esto no es
verdad, a veces estamos solos, pero no somos solitarios. Hay dos
razones del porqué los hombres guardan sus profundas emociones
dentro de sí mismos: una es que quieren evitarles pena y
resguardarlas del dolor; la otra es que tememos que se nos diga qué
debemos hacer o ser interrogados respecto a lo que hemos compartido.

Igual que las mujeres necesitamos abundancia de aliento emocional,
caricias y elogios. Algunos de nosotros nos sentimos lisiados.
Muchos de nosotros no llenaremos jamás las expectativas de nuestras
esposas. ¿Podremos resolver este tipo de compromiso? Muchos de
nosotros quisiéramos poder comunicarnos tan íntimamente con nuestras
esposas como ellas lo hacen con sus amigas. Pero se nos hace
difícil. ¿Quién nos ayudará a aprender? Recibimos pocas sugerencias,
solamente quejas.

Las mujeres dicen que somos decididos. Lo somos. El ir con firmeza
en una sola dirección nos ayuda a lograr nuestras metas. Nos resulta
difícil escuchar cuando estamos concentrados en otra cosa. Nos
acusan de no prestar atención deliberadamente y hacerlas sentirse
culpables y hasta atacadas por esto. ¿Por qué? Queremos que las
mujeres entiendan que necesitamos más tiempo que ellas para asimilar
lo que se ha dicho. Cuando nos sentimos presionados a ser
diferentes, podemos usar el enojo como nuestra protección, para
hacer retroceder a los otros.

Los estereotipos nos limitan. ¡Las mujeres están convencidas de que
todos los hombres piensan en el poder y en las relaciones sexuales,
o en las relaciones sexuales y el poder! Por ello cuando nos
sinceramos emocionalmente nuestra respuesta es clasificada
automáticamente en una de estas áreas.

Tomado de: Lo que las mujeres no entienden de los hombres
Por H. Norman Wright

"Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos
de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el
comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su
conducta íntegra y respetuosa. Que la belleza de ustedes no sea la
externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos,
joyas de oro y vetidos lujosos. Que su belleza sea más bien la
incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en
un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante
de Dios. Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres
que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo. Tal es el caso
de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son
hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor. De igual
manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal,
tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más
delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada
estorbará las oraciones de ustedes" 1 Pedro 3:1-7

martes, enero 04, 2011

No llores por mi si me amas


Si conocieras el Don de Dios y lo que es el Cielo, y si pudieras oír
el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos, no llorarías
más por mí.

Si pudieras ver descollarse ante tus ojos los horizontes, los campos
y los nuevos senderos que yo atravieso, no llorarías por mí.

Si por un instante pudieras contemplar como yo, la belleza ante la
cual todas las bellezas palidecen, no llorarías por mí.

¿Cómo? Tú me has visto y me has amado en el país de las sombras, ¿no
te resignas a verme y a amarme en el país de las inmutables
realidades? Si me amas, no llores por mí.

Créeme que cuando la muerte venga a romper tus ligaduras como ha
roto las que a mí me encadenaban, cuando llegue el día que Dios ha
fijado y conoce, y tu alma venga a este Cielo en el cual te he
precedido, ese día volverás a verme y sentirás que te sigo amando,
que te amé y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras
purificadas, volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz,
ya no esperando la muerte, sino que, avanzando contigo de la mano
por los nuevos senderos de luz y vida, enjugarás tu llanto y no
llorarás más por mí, si me amas.

"Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me
envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la
muerte a al vida. Ciertamente les aseguro que ya viene la hora, y
ha llegado ya, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y
los que la oigan vivirán. Porque así como el Padre tiene vida en sí
mismo, así también ha concedido al Hijo el tener vida en sí mismo, y
le ha dado autoridad para juzgar, puesto que es el Hijo del hombre.
No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que
están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán de allí. Los que
han hecho el bien resucitarán para tener vida, pero los que han
practicado el mal resucitarán para ser juzgados. Yo no puedo hacer
nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo, y mi juicio
es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la
voluntad del que me envió" Juan 5:24-30.

lunes, enero 03, 2011

Hoy es el gran dia


No existe un día más hermoso que el día de hoy.
La suma de muchísimos ayeres, forma mi pasado.
Mi pasado se compone de recuerdos alegres... tristes...
Algunos están fotografiados y ahora son cartulinas donde me veo
pequeño(a), donde mis padres siguen siendo recién casados, donde mi
ciudad parece otra.

El día de ayer pudo haber sido un hermoso día, pero.... no puedo
avanzar mirando constantemente hacia atrás, corro el riesgo de no
ver los rostros de los que marchan a mi lado.

Puede ser que el día de mañana amanezca aun más hermoso, pero... no
puedo avanzar mirando solo el horizonte, corro el riesgo de no ver
el paisaje que se abre a mi alrededor.

Por eso, yo prefiero el día de hoy.
Me gusta pisarlo con fuerza, gozar su sol o estremecerme con su
frío, sentir como cada instante dice: ¡presente!.

Sé que es muy breve, que pronto pasará, que no voy a poder
modificarlo luego, ni pasarlo en limpio.
Como tampoco puedo planificar demasiado el día de mañana: es un
lugar que todavía no existe.

Ayer fui.
Mañana, seré.
Hoy, ¡soy!.

Por eso:
Hoy, te digo que te quiero.
Hoy, te escucho.
Hoy, te pido disculpas por mis errores.
Hoy, te ayudo.

Hoy, comparto lo que tengo contigo.
Hoy, me separo de ti sin guardarme ninguna palabra para mañana.
Porque hoy respiro, veo, pienso, oigo, sufro, huelo, lloro, trabajo,
toco, río, amo...

Hoy estoy vivo.
Como tú.
Hoy puedo decir... que tengo más fuerzas para seguir.

Hoy es el GRAN DÍA...
¡Un día como no lo hubo y como no lo habrá!.